Con la manufactura y la división del trabajo, el número mínimo de
obreros que un capitalista debe emplear le es impuesto por la división
del trabajo establecido; para obtener las ventajas de una división
mayor necesita aumentar su personal, y hemos visto que el aumento debe
recaer al mismo tiempo, según proporciones determinadas, sobre todos
los grupos del taller. Este acrecentamiento de la parte del capital
consagrada a la compra de fuerzas de trabajo, de la parte variable,
necesita naturalmente el de la parte constante, anticipos en medios de
producción y, sobre todo, en primeras materias. La manufactura aumenta,
por lo tanto, el mínimum de dinero indispensable al capitalista.
La manufactura revoluciona totalmente el sistema de trabajo individual
y ataca en su raíz a la fuerza de trabajo. Estropea al trabajador, hace
de él algo monstruoso activando el desarrollo artificial de su destreza
de detalle, en perjuicio de su desarrollo general. El individuo queda
convertido en resorte automático de una operación exclusiva. Si
adquiere destreza en detrimento de su inteligencia, los conocimientos,
el desarrollo intelectual, que desaparecen en él, se concentran en
otros como un poder que le domina, poder alistado al servicio del
capital.
En el principio, el obrero vende al capital su fuerza de trabajo solo
porque le faltan los medios materiales de producción. Desde el momento
que en lugar de poseer todo un oficio, de saber ejecutar las diversas
operaciones que concurren a la producción de una obra, tiene el obrero
necesidad de la cooperación de mayor o menor número de compañeros para
que la única función de detalle que es capaz de realizar sea eficaz;
cuando, en una palabra, es solo un accesorio que aislado no tiene
utilidad, no puede obtener servicio formal de su fuerza de trabajo si
no la vende. Para poder funcionar necesita un medio social que solo
existe en el taller del capitalista.
La cooperación fundada en la división del trabajo, es decir, en
la manufactura, es en sus principios una operación espontánea
o inconsciente. En cuanto adquiere alguna consistencia y base
suficientemente amplia, llega a ser la forma reconocida y metódica de
la producción capitalista.
La división del trabajo, que se desenvuelve experimentalmente, es tan
solo un método particular de aumentar el rendimiento del capital a
expensas del trabajador. Aumentando las fuerzas productivas del trabajo
crea circunstancias nuevas que aseguran la dominación del capital
sobre el trabajo. Se presenta, pues, como un progreso histórico,
periodo necesario en la formación económica de la sociedad y como medio
civilizado y refinado de explotar.
En tanto que la manufactura es la forma dominante del sistema de
producción capitalista, la realización de las tendencias dominadoras
del capital encuentra, sin embargo, obstáculos. La habilidad en el
oficio queda siendo, a pesar de todo, la base de la manufactura; los
obreros hábiles son los más numerosos y no se puede prescindir de
ellos; tienen, por consiguiente, cierta fuerza de resistencia; el
capital tiene que luchar constantemente contra su insubordinación.