De la representación de los diversos elementos del valor del producto
en partes proporcionales de la jornada de trabajo, y de que la
supervalía esté representada por el valor del producto de los setenta
y dos últimos minutos, no hay que deducir, como algunos economistas
que en nombre de la ciencia intentan oponerse a toda reducción de la
jornada de trabajo, que el obrero en su jornada de doce horas consagra
al fabricante para la producción de la supervalía tan solo los últimos
setenta y dos minutos, la «última hora», como ellos dicen.
La supervalía es igual, en efecto, no al valor de la fuerza de trabajo
gastado durante los últimos setenta y dos minutos, sino al valor del
producto para el cual se ha realizado el gasto de la fuerza de trabajo
en ese tiempo, es decir, que es igual al valor de los medios de
producción (algodón y brocas) consumidos en setenta y dos minutos, más
el nuevo valor que a ellos añade, durante el mismo tiempo, el trabajo
del hilandero al consumirlos.
Y, de creer a estos economistas, si se disminuyese en setenta y dos
minutos el tiempo de trabajo, siendo igual el salario, no habría
supervalía, y la ganancia del infeliz capitalista sería nula. Su
razonamiento es, en suma, el siguiente: siendo un kilogramo de hilados
el producto de setenta y dos minutos de hilanza, si se reduce la
jornada del hilandero setenta y dos minutos, el capitalista tendrá un
kilogramo de hilados menos, y valiendo 4 pesetas el kilogramo, tendrá
4 pesetas menos; y como su supervalía, es decir, su ganancia, era de 4
pesetas, desde el momento en que gana 4 pesetas menos, no gana nada.
Examinemos el asunto más detenidamente.
Para un kilogramo de hilados hace falta un kilogramo de algodón, más
las brocas que se desgastan funcionando. Costando los 10 kilogramos
de algodón 26 pesetas, un kilogramo cuesta 2 pesetas y 60 céntimos;
ascendiendo a 6 pesetas el desperfecto de las brocas para la hilanza de
10 kilogramos, representa 60 céntimos por kilogramo. Un kilogramo menos
que se produzca equivale a un gasto menos de 2 pesetas 60 céntimos, más
60 céntimos; total, 3 pesetas 20 céntimos. Si bien es cierto que el
capitalista gana 4 pesetas menos, gasta también 3 pesetas 20 céntimos
menos; por una disminución de setenta y dos minutos en doce horas de
trabajo solo pierde, pues, 80 céntimos. Si solo pierde 80 céntimos de
lo que antes ganaba, su supervalía o beneficio líquido, que era de 4
pesetas, es ahora de 4 pesetas menos 80 céntimos, o sean 3 pesetas 20
céntimos, y el sobretrabajo dura cuatro horas cuarenta y ocho minutos
en lugar de seis horas, es decir, que el tipo de la supervalía es de 80
por 100, lo cual es aún muy agradable.
Decir, en nuestro ejemplo, que el hilandero, cuya jornada es de doce
horas, produce en los últimos setenta y dos minutos el beneficio
líquido del capitalista, quiere decir, en puridad, que su producto de
setenta y dos minutos, un kilogramo de hilados, representa, tomado
en conjunto, tanto tiempo de trabajo como la parte de la jornada
consagrada a la fabricación de la supervalía. En efecto, acabamos
de ver que los medios de producción consumidos para producir 10
kilogramos de hilados contenían antes de la hilanza cuarenta y ocho
horas de trabajo; los medios de producción consumidos para un kilogramo
contienen, pues, el décimo de este tiempo, es decir, cuatro horas
y cuarenta y ocho minutos de trabajo anterior, que, añadidas a los
setenta y dos minutos de hilanza, dan, para un kilogramo de hilados,
un total de seis horas, igual al tiempo de sobretrabajo diario del
hilandero.