II. _Análisis del valor del producto._

El producto, propiedad del capitalista, es un valor de uso, como tela,

botas, etc. Pero, de ordinario, el capitalista no fabrica por amor a la

tela. En la producción mercantil el valor de uso, el objeto útil, solo

sirve de porta-valor; para el capitalista, lo principal es producir un

objeto útil que tenga un valor cambiable, un artículo destinado a la

venta, una mercancía. Quiere además el capitalista que el valor de esta

mercancía supere al valor de las mercancías empleadas en producirla,

es decir, al valor de los medios de producción y de la fuerza de

trabajo en cuya compra invirtió su dinero. Quiere producir, no solo

una cosa útil, sino un valor, y no solamente un valor, sino también una

supervalía.

Así como la mercancía es a la vez valor de uso y valor de cambio, del

mismo modo su producción debe ser a la vez formación de valor de uso y

de valor. Examinemos ahora la producción desde el punto de vista del

valor.

Sabemos que el valor de una mercancía está determinado por la cantidad

de trabajo que contiene, por el tiempo socialmente necesario para su

producción. Necesitamos, pues, calcular el trabajo contenido en el

producto que nuestro capitalista ha hecho fabricar, 5 kilogramos de

hilados, por ejemplo.

Para producir esta cantidad de hilados se necesita una primera materia;

pongamos 5 kilogramos de algodón, comprados en el mercado en su valor,

que es, por ejemplo, 13 pesetas; admitamos que el desgaste de los

instrumentos empleados, brocas, etc., asciende a 3 pesetas. Si una masa

de oro de 16 pesetas, que es el total de los guarismos anteriores, es

el producto de 24 horas de trabajo, se deduce que, siendo la jornada de

trabajo de 12 horas, hay ya dos jornadas contenidas en los hilados.

Sabemos ya cuál es el valor que el algodón y el desgaste de las brocas

dan a los hilados: es igual a 16 pesetas. Falta averiguar el valor que

el trabajo del hilandero añade al producto.

En esto es indiferente el género especial de trabajo o su cualidad;

lo que importa es su cantidad: no se trata, como cuando se considera

el valor de uso, de las necesidades particulares que la actividad del

trabajador tiene por objeto satisfacer, sino únicamente del tiempo

durante el cual ha gastado su fuerza en esfuerzos útiles. No hay que

olvidar, por otra parte, que el tiempo necesario en las condiciones

ordinarias de la producción es el único que se cuenta para la formación

del valor.

Desde este último punto de vista, la primera materia se impregna de

cierta cantidad de trabajo, considerado únicamente como gasto de fuerza

humana en general. Verdad es que esta absorción de trabajo convierte la

primera materia en hilados, gastándose la fuerza del obrero en la forma

particular de trabajo que se llama hilar; pero el producto en hilados

solo sirve por el momento para indicar la cantidad de trabajo absorbido

por el algodón. Por ejemplo, 5 kilogramos de hilados indicarán seis

horas de trabajo, si para hilar 833 gramos se necesita una hora.

Ciertas cantidades de productos, determinadas por la experiencia,

representan el gasto de la fuerza de trabajo durante una hora, dos, un

día.

Al realizarse la venta de la fuerza de trabajo, supongamos que se ha

sobreentendido que su valor diario era de 4 pesetas, suma equivalente

a seis horas de trabajo, y, por consiguiente, que era preciso trabajar

seis horas para producir lo necesario al sustento cotidiano del obrero.

Pero nuestro hilandero ha transformado en seis horas, en media jornada

de trabajo, los 5 kilogramos de algodón en 5 kilogramos de hilados.

Habiéndose fijado este mismo tiempo de trabajo en una cantidad de oro

de 4 pesetas, ha añadido al algodón un valor de 4 pesetas.

Hagamos ahora la cuenta del valor total del producto. Los 5 kilogramos

de hilados contienen dos jornadas y media de trabajo; algodón y brocas

representan dos jornadas y la operación de hilar media jornada. La

misma cantidad de trabajo existe en una masa de oro de 20 pesetas. El

precio de 20 pesetas expresa, pues, el valor exacto de 5 kilogramos de

hilados; el precio 4 pesetas el de un kilogramo.

En toda demostración los guarismos son arbitrarios, pero la

demostración es la misma, cualesquiera que sean los guarismos y el

género de producto que se ha tenido en cuenta.

El valor del producto es igual al valor del capital adelantado. Este

capital no ha procreado, no ha engendrado supervalía, y el dinero no se

ha convertido, por consecuencia, en capital. El precio de 5 kilogramos

de hilados es de 20 pesetas, y 20 pesetas se han gastado en el mercado

en la compra de los elementos constitutivos del producto: 13 pesetas

para 5 kilogramos de algodón, 3 pesetas por desgaste de las brocas

durante seis horas, y 4 pesetas por la fuerza de trabajo.

_Diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor que puede

crear._

Examinemos esta cuestión más de cerca. La fuerza de trabajo importa 4

pesetas, porque esto es lo que cuestan las subsistencias necesarias

para el sustento diario de esta fuerza. El dueño de ella, el obrero,

produce un valor equivalente en media jornada de trabajo, lo cual

no significa que no pueda trabajar una jornada entera ni producir

más. El valor que la fuerza de trabajo posee y el que puede crear

difieren, pues, en magnitud. En su venta, la fuerza de trabajo realiza

su valor determinado por sus gastos de sostén cotidiano; en su uso

puede producir en un día más valor del que ha costado. Al comprar la

fuerza de trabajo, el capitalista ha tenido precisamente en cuenta esa

diferencia de valor.

Por lo demás, nada hay en todo esto que no se acomode a las leyes

del cambio de las mercancías. En efecto, el obrero, vendedor de la

fuerza de trabajo, como el vendedor de toda mercancía, obtiene el

valor cambiable y cede el valor de uso: no puede obtener el primero

sin entregar el segundo. El valor de uso de la fuerza de trabajo, es

decir, el trabajo, no pertenece al que lo vende, así como no pertenece

al tendero el empleo del aceite que ha vendido. El dueño del dinero ha

pagado el valor diario de la fuerza de trabajo, cuyo uso le pertenece

por todo un día, durante una jornada entera. El hecho de que el

sustento diario de esta fuerza solo cuesta media jornada de trabajo,

pudiendo, sin embargo, trabajar la jornada entera, esto es, que el

valor creado por su uso en el espacio de un día es mayor que su propio

valor diario, constituye una buena suerte para el comprador, pero que

no lesiona en nada el derecho del vendedor.

Desde este momento, el obrero encuentra en el taller los medios de

producción necesarios, no para medio día, sino para un día de trabajo,

para doce horas. Puesto que 5 kilogramos de algodón, al absorber

seis horas de trabajo, se convertían en 5 kilogramos de hilados, 10

kilogramos de algodón, absorbiendo 12 horas de trabajo, se convertirán

en 10 kilogramos de hilados. Estos diez kilogramos contienen entonces

cinco jornadas o días de trabajo; cuatro estaban contenidos en el

algodón y las brocas consumidas y uno ha sido absorbido por el algodón

durante la hilanza. Pero si una masa de oro de 16 pesetas es el

producto de 24 horas de trabajo, la expresión monetaria de cinco días

de trabajo de 12 horas, será 40 pesetas.

Este es, pues, el precio de los 10 kilogramos de hilados. El kilogramo

cuesta lo mismo que antes, 4 pesetas, pero el valor total de las

mercancías empleadas en la operación es de 36 pesetas: 26 pesetas por

10 kilogramos de algodón, 6 pesetas por el desperfecto de las brocas

durante 12 horas, y 4 pesetas por la jornada de trabajo.

Las 36 pesetas anticipadas se han convertido en 40 pesetas, habiendo

engendrado una supervalía de 4 pesetas. La jugada está hecha, el dinero

se ha transformado en capital.

_El problema de la transformación del dinero en capital está resuelto._

El problema, tal como lo habíamos planteado al final del capítulo

quinto, está resuelto en todos sus términos.

El capitalista compra en el mercado cada mercancía en su justo valor

(algodón, brocas, fuerza de trabajo), y luego hace lo que todo

comprador: consume su valor de uso. Siendo el consumo de la fuerza

de trabajo al mismo tiempo producción de mercancías, suministra

un producto de 10 kilogramos de hilados, que valen 40 pesetas. El

capitalista que había salido del mercado después de hacer sus compras,

vuelve entonces a él como vendedor. Vende los hilados a 4 pesetas el

kilogramo, ni un céntimo más de su valor, y, sin embargo, retira de la

circulación 4 pesetas más de lo que había puesto. Esta transformación

de su dinero en capital se efectúa y no se efectúa en el dominio de la

circulación, la cual sirve de intermediaria. La fuerza de trabajo se

vende en el mercado para ser explotada fuera del mercado, en el dominio

de la producción, donde es origen de supervalía.

La producción de supervalía no es, pues, otra cosa que la producción de

valor prolongada más allá de cierto límite. Si la acción del trabajo

dura solo hasta el momento en que el valor de la fuerza de trabajo

pagada por el capital es reemplazada por un valor equivalente, hay

simple producción de valor. Cuando pasa de este límite, hay producción

de supervalía.

El capital: Resumido y acompañado de un estudio sobre el Socialismo científico · 第 47 / 134 题