El uso o el empleo de la fuerza de trabajo es el trabajo. El comprador
de la fuerza de trabajo la consume haciendo trabajar al que la vende.
Para que el trabajador produzca mercancías, su trabajo debe ser útil,
esto es, realizarse en valores de uso. Luego el capitalista hace
producir a su obrero un valor de uso particular, un artículo útil
determinado. La intervención del capitalista no puede modificar en lo
más mínimo la naturaleza misma del trabajo, por cuya razón vamos a
examinar ante todo el movimiento del trabajo útil en general.
Los elementos simples de todo trabajo son: 1.º, la actividad personal
del hombre o trabajo propiamente dicho; 2.º, el objeto en que se ejerce
el trabajo; 3.º, el medio por el cual se ejerce.
1.º La actividad personal del hombre es un gasto de las fuerzas de que
está dotado su cuerpo. El resultado de esta actividad existe, antes del
gasto de fuerza, en el cerebro del hombre, no siendo otra cosa que el
propósito a cuya realización el hombre aplica a sabiendas su voluntad.
La obra exige, mientras dura, además del esfuerzo de los órganos en
acción, una atención sostenida que solo puede resultar de un esfuerzo
constante de la voluntad, y lo exige tanto más cuanto menor atractivo
ofrece el trabajo, por su objeto y su modo de ejecución.
2.º La tierra es el objeto universal de trabajo que existe
independientemente del hombre. Todas las cosas cuyo trabajo se limita a
romper la unión inmediata con la tierra, por ejemplo, la madera cortada
en la selva virgen, el mineral extraído de su vena, son objeto de
trabajo por la gracia de la Naturaleza. El objeto en que se ha ejercido
ya un trabajo, como el mineral lavado, se llama primera materia. Toda
primera materia es objeto de trabajo; pero todo objeto de trabajo no
es primera materia: solo llega a serlo después de haber sufrido una
modificación cualquiera efectuada por el trabajo.
3.º El medio de trabajo es una cosa o un conjunto de cosas que el
hombre pone entre sí y el objeto de su trabajo para ayudar a su
acción. El hombre convierte cosas exteriores en órganos de su propia
actividad, órganos que añade a los suyos. La tierra es el almacén
primitivo de sus medios de trabajo. Ella le suministra, por ejemplo,
la piedra de que se vale para frotar, cortar, lanzar, comprimir, etc.
Tan luego como el trabajo alcanza algún desarrollo, por pequeño que
sea, no puede prescindir de medios ya trabajados. Lo que distingue
una época económica de otra, lo que muestra el desenvolvimiento del
trabajador, no es tanto lo que se fabrica como la manera de fabricar,
como los medios de trabajo con cuyo auxilio se fabrica. Además de
las cosas que sirven de instrumentos, de auxiliares de la acción del
hombre, los medios de trabajo comprenden, en una acepción más lata,
todas las condiciones materiales que, sin entrar directamente en las
operaciones ejecutadas, son sin embargo indispensables o cuya falta
haría defectuoso el trabajo, como son los obradores, talleres, canales,
caminos, etc.
De consiguiente, en la acción de trabajo, la actividad del hombre
efectúa, con ayuda de los medios de trabajo, una modificación
voluntaria de su objeto. Esta acción tiene su fin en el producto
terminado, es decir, en un valor de uso, en una materia que ha
experimentado un cambio de forma que la ha adaptado a las necesidades
humanas. El trabajo se ha materializado al combinarse con el objeto
de trabajo. Lo que era movimiento en el trabajador aparece ahora en
el producto como una propiedad en reposo. El obrero ha tejido y el
producto es una tela. Si se considera el conjunto de este movimiento
con relación a su resultado, al producto, que es entonces medio y
objeto de trabajo, se presentan ambos como medios de producción, y el
trabajo mismo como trabajo productivo.
Fuera de la industria extractiva, explotación de minas, caza, pesca,
etc., en que la Naturaleza sola suministra el objeto de trabajo, en los
demás ramos de la industria entran primeras materias, es decir, objetos
en que se ha efectuado ya un trabajo. El producto de un trabajo llega a
ser así el medio de producción de otro.
La primera materia puede constituir la sustancia principal de un
producto o solo entrar en él bajo la forma de materia auxiliar. En tal
caso esta queda consumida por el medio de trabajo, como la hulla por
la máquina de vapor o el heno por el caballo de tiro, o bien se une a
la primera materia para modificarla en algún concepto, como el color a
la lana, o, finalmente, favorece la realización del trabajo, como las
materias usadas en el alumbrado y calefacción del taller.
Poseyendo todo objeto propiedades diversas y prestándose por ellas a
más de una aplicación, el mismo producto es apto para formar la primera
materia de diferentes operaciones. Así, los granos sirven de primera
materia al molinero, al destilador, al ganadero, etc., y como semilla
sirven de primera materia en su propia producción.
En la misma producción el mismo producto puede servir de medio de
trabajo y de materia primera; en la cría de ganado, por ejemplo, el
animal, materia trabajada, funciona también como medio de trabajo para
la preparación del estiércol.
Existiendo ya un producto bajo forma que le hace adecuado para el
consumo, puede llegar a ser a su vez primera materia de otro producto.
La uva es la primera materia del vino. Hay también productos que solo
sirven para primeras materias, en cuyo caso se dice que el producto no
ha recibido más que una semielaboración: el algodón, entre otros.
Se ve que el carácter de producto, de materia primera o de medio de
trabajo, depende, cuando se trata de un valor de uso u objeto útil, del
lugar que ocupa en el acto del trabajo, y al cambiar de lugar cambia de
carácter.
Entrando todo valor de uso en operaciones nuevas como medio de
producción, pierde, pues, su carácter de producto y únicamente funciona
en calidad de colaborador del trabajo en actividad, para la producción
de nuevos productos.
El trabajo gasta sus elementos materiales, objeto de trabajo y medio
de trabajo, siendo, por consecuencia, un acto de consumo. Este consumo
productivo se distingue del consumo individual en que el último consume
los productos como medios de satisfacción del individuo, mientras
que el primero los consume como medios de ejercicio del trabajo. El
producto del consumo individual es el consumidor mismo; el resultado
del consumo productivo es un producto distinto del consumidor.
El movimiento del trabajo útil, tal como acabamos de analizarlo desde
el punto de vista general, es decir, la actividad que tiene por objeto
la producción de valores de uso, la adaptación de los medios exteriores
a nuestras necesidades, es una exigencia física de la vida humana,
común a todas las formas sociales; su estudio en general no puede, por
lo tanto, indicarnos con arreglo a qué condiciones sociales especiales
se realiza en un caso dado.
_El trabajo ejecutado por cuenta del capitalista._
El capitalista en agraz compra en el mercado, escogiéndolo de buena
calidad y pagándolo en su justo precio, todo lo necesario para la
realización del trabajo, medios de producción y fuerza de trabajo.
La naturaleza general del trabajo, que acabamos de exponer, no se
modifica evidentemente por la intervención del capitalista. Como
consumo de fuerza de trabajo para el capitalista, el movimiento del
trabajo presenta dos particularidades.
En primer lugar, el obrero trabaja bajo la inspección del capitalista a
quien pertenece su trabajo. El capitalista vigila cuidadosamente para
que los medios de producción se empleen con arreglo al fin que desea,
para que la tarea se haga concienzudamente y para que el instrumento
de trabajo solo sufra el daño inseparable de su empleo.
En segundo lugar, el producto es propiedad, no del productor inmediato,
que es el trabajador, sino del capitalista. Este paga el valor
cotidiano, por ejemplo, de la fuerza de trabajo; el uso de esta fuerza
de trabajo le pertenece, por lo tanto, durante un día, como el de un
caballo que se alquila diariamente. En efecto, el uso de la mercancía
pertenece al comprador, y al dar su trabajo el poseedor de la fuerza
de trabajo, el obrero, solo da en realidad el valor de uso que ha
vendido; desde su entrada en el taller, la utilidad de su fuerza
de trabajo pertenece al capitalista. Al comprar este la fuerza de
trabajo ha añadido el trabajo, como elemento activo del producto, a
los elementos pasivos, a los medios de producción que poseía. Es una
operación de cosas que ha comprado, que le pertenecen. Por lo tanto, el
producto resultante le pertenece con igual título que el producto de la
fermentación en su bodega.