¡Héroe preclaro de la patria mía...
resurge del abismo del olvido...!
Ya te llama el clarín del nuevo día,
pregonando tu nombre esclarecido...
En la epopeya de la patria esclava,
fuíste fuerza motriz, luz refulgente,
formidable turbión, tempestad brava,
que hízonos respirar el libre ambiente.
Cuando pedía sangre nuestra aurora,
y ayes de muerte hendían el espacio,
armaste con tu idea salvadora
el brazo vengador de Bonifacio...
Cayó lluvia de sangre en nuestra tierra,
flameó la _sandata_[41] en el boscaje,
y arrojaste a la hoguera de la guerra
el inicuo pendón del coloniaje...
[Nota 41: Especie de _Kries_, o machete de hoja ondulada.]
Tú enseñaste a jurar al insurgente,
las banderas del bien y del decoro,
y a odiar con el encono más ardiente
la cadena del siervo, aunque de oro.
Nos enseñabas a atajar las balas,
y a conseguir el triunfo en las derrotas,
al corazón cobarde diste alas,
llenando las trincheras de patriotas.
Luchando te mató bala asesina,
y, al caer, no lograron los tiranos,
arrancarte la enseña filipina
de las sangrientas y crispadas manos.
Bajo tu dirección, la masa estoica
se redimió con el esfuerzo suyo;
si Bonifacio y su legión heroica
triunfo obtuvieron, ¡fué ese triunfo tuyo!
La grana de tu sangre redentora,
en que la fuerza y el valor se adunan,
cual rubí del volcán, tiñó la aurora
del gran Pentecostés del _Katipunan_.
Si te hirió un proyectil, a tu caída,
rayó el alba entre negras tempestades;
¡cada gota de sangre de tu herida
fué semilla de nuestras libertades!
Con tus lanzas tomaste nuestras villas,
venciste al César con su plan de engaños;
hizo tu _talibóng_[42] su trono, astillas,
¡Rompió su cetro de trescientos años!
[Nota 42: Arma blanca, parecida al machete cubano.]
Nos salvó tu estrategia. ¡Cuántas muertes
evitaron por tí nuestras legiones!
Débiles fuímos, nos hiciste fuertes,
y combatimos como bravos leones...
¿Como olvidarte en el camino incierto
si tu ejemplo fulgura en la conciencia?
¿Si en batalla campal caíste muerto
por conquistar la patria independencia?
¡Surge triunfal! No son tus glorias pocas:
que el pueblo audaz que estranguló tiranos,
¡te ensalzará con su millón de bocas!
¡te aplaudirá con su millón de manos!
Para alcanzar el pueblo el triunfo suyo,
le hace falta un espíritu indomable,
¡un corazón entero como el tuyo,
y una fé, cual la tuya, inquebrantable!
En el libro del mérito no has muerto.
Tu timbre ostenta victoriosa palma.
¡Quién muere por la patria en campo abierto
tiene un altar de gloria en nuestra alma!