Me has herido a traición. En emboscada
miserable y ruín me has acechado,
y en pleno corazón me has asestado
sin compasión, amor, tu puñalada.
No te guardo rencor. Mi amor sincero
es tan intenso que me llena el pecho.
Me ha herido tu traición, como un acero...
Yo te perdono el daño que me has hecho.
¡A qué, guardar rencor, si todo ha sido
tan sólo un sueño que alegró mi vida...
un bálsamo fugaz sobre una herida...!
¡A qué, llorar una esperanza muerta,
si todo ha de caer en el olvido,
aunque la herida permanezca abierta!
1920.