III

Cuando estoy solo, sueño en la blancura

de tu piel y en el negro de tu pelo,

y enardecido de pasión, me encelo

por la sensualidad de tu cintura.

Entre las sombras del pesar me pierdo.

Mi deseo recuerda tu hermosura,

y aumento intensamente mi amargura

con el opio sutil de su recuerdo.

Porque finges un férvido entusiasmo

durante la epilepsia de tu espasmo;

porque al hacerte desear, deseas;

porque vibran caricias redentoras

en tus humildes manos pecadoras,

¡bendita seas, mujer! ¡Bendita seas!

1919.

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 295 / 368 题