AUTOCONSOLACION

I

Sonríe, poeta del dolor, sonríe;

ya tu ensueño de amores ha triunfado

en una luminosa apoteosis

al pié del tabernáculo.

Por los mismos dolores que sufríste,

por lo que has de sufrir seca tu llanto,

y a la pálida novia que a tí viene,

sedienta de tu amor, abre los brazos.

A tu puerta ha llegado sonriente,

como una virgen rústica, temblando,

a ahuyentar tus tristezas dolorosas

con la caricia de sus dedos blancos.

Cierra al dolor tu corazón, poeta;

para las dichas guárdalo;

ahuyenta los fantasmas de las penas

que hoy sólo la alegría ha de ocuparlo.

Deja la puerta de tu estancia abierta

al paso del amor y obra el milagro

de tu resurrección inesperada

con la consolación de lo esperado.

Ya la pálida novia que esperabas

en busca de tus brazos ha llegado

a enfriar los ardores de tu carne

y a calentar las nieves de tu tálamo.

El juego de sus dedos ha deshecho

el trenzado de sedas del peinado

y la luz moribunda de tu lámpara

al soplo de su aliento se ha apagado.

Sonríe, poeta del dolor, sonríe;

la hora de los besos ha sonado...

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 291 / 368 题