Y tú, hijo y sucesor de Benavides,
llegado en pleno siglo iconoclasta,
que participas como el viejo Alcides
de la verdad de tu divina casta:
Sigue esparciendo con la ungida diestra
las luminosas gracias de tus cruces,
y en el único ideal que el pueblo abraza
por obra y gracia de la ciencia vuestra,
se hará, al amor de redentoras luces,
la transfiguración de nuestra raza.
Entonces, de la cúspide mas alta
de los grandes ensueños que acaricia
la juventud, que tu labor exalta,
habrá de bendecirte... Y si hace falta
la misma humanidad te hará justicia.
Diciembre, 1911.