Natural de la isla de Luzón, tal vez manileño. Cursó la segunda
enseñanza en el Ateneo de los jesuitas. Dirigió "La Vanguardia". Luego
fué redactor del diario nacionalista "El Ideal", que ya no se publica.
LA DALAGA DE MI TIERRA
(FRAGMENTO)
Es dulce como el arpegio de una cítara pagana;
es suave como el aroma de un jardín cuando florece,
ténue y leve cual la brisa que murmura en la mañana
y diciendo sus murmurios nos seduce y enloquece.
Con sus mimos y caricias los pesares adormece
cual la música hechizante de una flauta virgiliana,
y en sus mágicos encantos de beldad ultramundana,
el consuelo apetecido halla el alma que padece.
En la esencia de su todo--que es esencia de lirismo--
que convergen hacia un foco por la acción de los espejos
envolviendo pudorosa sus encantos tropicales,
cual si fueran de una flama los lumínicos reflejos,
que convergen hacia un foco por la acción de los espejos
convergen los más hermosos, los más santos ideales.
Es tímida y es ingénua, sincera en sus sentimientos
y sabe cubrir de rosas celestes nuestros caminos
cuando se apaga, entre el lloro de los ojos macilentos
y gritos de horror, la estrella de nuestros pobres destinos.
Es sencilla, cual la flora de los bosques filipinos
donde aletea el suspiro perfumado de los vientos:
tiene un alma grande y noble y en sus labios purpurinos
van a morir dulcemente nuestros hondos sufrimientos.
Tiene el eco sollozante de las notas del _kundiman_,
tiene el ritmo alado y suave de los vates cuando riman
las estrofas de un poema con palabras de ilusión;
Y sus ojos, que parecen dos sagitarios brillantes,
nos arrojan por el arco de sus párpados soñantes
flechas de amor que se clavan, temblando, en el corazón...
Figulina delicada, no es frívola ni es coqueta,
sino hermana cariñosa de su ardiente fantasía;
es mística, cual lo son los ensueños de un poeta
que se agrandan como el vuelo de melódica armonía.
Es un ángel del hogar, que sabiamente interpreta
en su modo de pensar la vital filosofía,
y en su modo de sentir el suspiro de Julieta,
el gemido de Desdémona y el delirio de Lucía.
Ama su honra más que el brillo del oro resplandeciente,
porque su honra constituye el tesoro solamente
de su vida tan serena cual la hora matutina;
y si el amor que fué suyo asesina su esperanza,
se revuelve brava y fuerte como en busca de venganza
y sabe morir y muere por la quimera divina...
¿Es hermosa? Sí; es hermosa. Al mirar su tez morena,
siento la embriaguez sagrada que produce la ternura,
y en mi deliquio la veo como lánguida sirena
cuando en la paz de los mares tristes canciones murmura.
En ella vive la raza, y su lírica figura
a las hadas rememora, cuando en la noche serena
aparecen con sus clámides rutilantes de hermosura
bajo los besos de amor y paz de la luna llena.
En la magia de su rostro--que es poético y sencillo--
se conserva la dulzura de la Virgen de Murillo,
una bruma de delirio y una sensación de seda.
Y en su alma suprasensible, de romántica señora,
como en un cofre de encanto ella guarda y atesora,
la pasión de aquella "Elvira", de los versos de Espronceda...