Ya agotaron sus flechas nuestras viejas aljabas
con el león hispano en rudo batallar,
y con aquellas águilas que viéndonos inermes,
cruzaron el Pacífico en un vuelo triunfal.
Por eso te pedimos que prestes el acento
de tu lira a estos hijos de indómitos rajáhs,
para que, ahogando el grito de nuestras penas íntimas,
ambulemos cantando por no querer matar.
V
Excelso padre Apolo: por las musas gloriosas,
por los sátiros viejos del bosque secular,
por las suaves ondinas que duermen en los lagos,
por la luna, tu hermana, de soñolienta faz;
suelta las rojas bridas de los salvajes potros
que, en furioso galope, sus crines tenderán,
y que enciendan sus cascos, al chocar con los soles,
reverberantes rayos de paz y libertad.