Con ella cada paso es un prodigio;
tras cada lucha un triunfo; a cada hora
cede el de Tracia al celestial prestigio,
y el de Etiopía con pasión la adora,
y el ateniense sabio, el muelle frigio,
el que de Libia en los desiertos mora,
el que se apoya en pérsicos divanes,
y el que enfrena soberbios alazanes.