Aunque siembren de espinas su camino
y a palmos se disputen el terreno,
cumplirán como bravos su destino,
predicando la ley del Nazareno.
¿Quién se opondrá al espíritu divino
de que su corazón se siente lleno?
Y a la Cruz santa que en sus diestras brilla
¿quién habrá que no doble la rodilla?
X
¡La Cruz! Esa es la luz que los encanta
por los tristes desiertos de la tierra.
¡La Cruz! Esa es el alma sacrosanta;
que les hace invencibles en la guerra.
Cuando, erguida en sus manos, se levanta,
los más alzados ídolos aterra.
Idolos fuertes que a los ciegos doman
tiemblan ante la cruz y se desploman.