Cruzaron el espacio en raudo vuelo
las águilas que Roma ostentó un día;
cuanto cobija el anchuroso cielo
sintió de su poder la tiranía.
Hundióse Roma; retembló su suelo;
se escuchó el estertor de su agonía,
y esparcieron sus restos funerales
del Septentrión los recios vendavales.