A los mortales ofrece
el sacrosanto madero
nueva escala de Jacob
para remontarse al cielo:
"con su frente abre la gloria
con su pie cierra el infierno,
y sus brazos amorosos
abrazan al mundo entero".
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Al rebramar la tormenta,
por la playa me paseo,
y en ver las agitaciones
del vasto mar, me embeleso.
En su inmensidad descubro,
de mi amor el viejo espejo.
¡Cuántas olas luchan fuera!
¡Cuántas perlas duermen dentro!
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Subiendo una alta montaña
vi a la Fama encantadora.
--Para ser grande--le dije--
¿qué debo hacer, bella diosa?
--No sigas ningún ejemplo,
si quieres hallar la gloria:
sé Platón o sé Alejandro,
que hallaron sendas ignotas.
No en copia servil te arrojes
por la senda que otro explora:
con la pluma de tus hechos
escribe una nueva historia.
Madrid, 1880.