Quiero los cantares que miman al alma,
las tiernas endechas que saben a miel,
los trinos del ave de la noche en calma
y el aroma suave que esparce el vergel.
Quiero las caricias de la fresca aurora
sentir en la frente al amanecer,
y en los labios rojos de la diosa Flora
libar tiernos besos que embriaguen mi ser.
Quiero de la brisa el blando murmurio
en campos y valles plácido escuchar,
y de la sibila el feliz augurio
de glorias y triunfos de mi patrio lar.
Quiero luz, colores, vida, miel, aroma,
pues tengo en mi pecho una eterna sed
que mi alma atormenta cual una carcoma
y de las tristezas me pone a merced.
Y quiero en mi rostro sentir de los vientos
ósculos ardientes que sepan de amor,
y en mi mente loca tejer pensamientos
tan bellos que halaguen mi alma, mi alma en flor.
Porque necesito decirme a mí mismo
que el dolor no existe, que es pura ilusión,
que sólo germina el laudable altruísmo
de todos los hombres en el corazón.
Que todo es ameno, que todo es de rosa,
que es palabra vana la fatalidad,
que ninguna pena mi pecho destroza
y que no es amarga la realidad.
Porque hay que engañarse si el alma queremos
que no se deshaga en girones mil,
y siempre pensemos y siempre forjemos
que nunca se mueren las rosas de Abril.
Ya que nuestro mundo lleno está de abrojos,
vilezas y engaños que causan horror,
un cristal de rosa pondré ante mis ojos
porque todo sea de hermoso color.
Por eso yo adoro del sol los fulgores,
y busco en los ritmos el grato solaz,
y alfombro mi senda con versos y flores
para hacer más dulce la vida fugaz.