Como va al sol la inquieta mariposa
para besarle en su febril intento,
constante iba mi inquieto pensamiento
tras la esquiva figura de mi hermosa.
El tierno hechizo de su faz radiosa
me sonreía en mi amargo aislamiento,
añoranza celeste que al momento
remozaba mi vida tumultuosa.
¡Callar más tiempo me oprimía el pecho!
y dejando el amor su encierro estrecho,
entró en el alma de la amada mía.
¡Mas vió en el templo su candor inerte
y en su ara triste, al soplo de la muerte,
un resplandor que en sombras se extinguía!
Enero, 1920.