I
Paseaba su gracia de sultana
al múrice reflejo del Poniente,
cuando en la luz de su mirada ardiente
vi el paraiso de la vida humana.
En pos de sí marchó la caravana
--cual una estela inmensa y esplendente--
de todos los ensueños de mi frente
y todos mis anhelos del mañana.
Y fué la estrella que fulgió en mis cimas,
la lírica cadencia de mis rimas,
el encanto perenne de mis horas.
Mi astro altivo tejióla una guirnalda,
la hizo un trono y pidió para su espalda
el bermellón de todas las auroras.