Junto al negro ataud de tus despojos
¡oh prócer de linaje apolonida!
mi frente inclino, humilde y abatida,
y un responso de amor rezo de hinojos,
al pensar en tus épicos arrojos,
en los laureles de tu edad florida,
siento la honda amargura de la vida
y se llenan de lágrimas mis ojos...
No te alzas ya para domar la rabia,
de la impiedad y el credo disoluto...
ya no escuchamos tu ingeniosa labia.
Has caído, llenándonos de luto,
¡como un árbol pletórico de savia
al grave peso de su mismo fruto!
Octubre, 1918.