No lamentes, España, tu caída,
si te hirió con su hachazo el elemento;
también lograste que impregnase el viento
la rica esencia que exhaló tu herida.
Y del árbol herido de tu vida
un ramo en flor se desgajó violento;
que fué rodando a la merced del viento
hasta hundirse en la mar embravecida.
Pero, al cogerlo Dewey de la playa,
vio que era un gajo de la mar malaya
florecido de perlas peregrinas.
El que se desgajó de tu existencia,
llevándose tu amor, tu fé, tu esencia,
¡el ramo en flor: mi patria, Filipinas!
Julio, 1922.