Sobre la cresta del altivo monte,
águila herida por audaz, detengo
mi vuelo para ver el horizonte
ensangrentado y triste de que vengo.
Abajo yacen muertos pavorosos;
los cuervos que han posado a mi partida,
llenarán sus estómagos ansiosos
bebiendo sangre en cada fresca herida.
Así es la humanidad; para el herido
la paz, la indiferencia y el olvido,
sólo en el llano y en la cumbre solo.
Para el muerto la unción de los gusanos,
repartición, de carnes entre hermanos:
¡comedia eterna, repugnante dolo!
Mayo, 1920.