Es tu voz cuando cantas dulce fuente,
arroyo fresco que en la selva umbría
el himno de cristal de su corriente
va entonando en suave melodía.
Escuchándote, el alma se extasía,
brilla luz de ideales en mi mente
y calma de tus notas la harmonía
la fiebre abrasadora de mi frente.
Ahora que triste, enfermo y abrumado
por desengaños, descansar quisiera
en un rincón obscuro y olvidado.
Oyendo el eco de tu voz de diosa,
en el pecho sombrío la quimera
deja caer sus pétalos de rosa.