No estés triste...
A través del espacio,
tan henchido de arcanos
y apariencias de calma,
enlacemos, despacio,
el alma de las manos
y las manos del alma.
No estés triste...
Voy a inclinar mi frente,
para que en ella escribas
tu pregunta en un beso.
Un silencio doliente
responderá con vivas
ternuras hechas verso.
No estés triste...
Yo callo porque quiero
que tú, en la sinfonía
del silencio sagrado,
percibiendo el lijero
temblor del alma mía,
me sientas a tu lado.
No estés triste...
¡que tú nunca estás sola!
ha bajado una estrella
y ha llegado a tu lecho.
¿Conoces su aureola?
mi amor hecho centella
se refugia en tu pecho.
No estés triste...
Que también ha bajado
un rayo de luna.
¡Yo estoy siempre contigo!
mi tristeza a tu lado
es siempre, ¡siempre! una
caricia de un amigo.
No, no; nunca estés triste...
A través del espacio,
que guarda los arcanos
de nuestro amor sin calma,
enlacemos, despacio,
el alma de las manos
y las manos del alma.
Cercedilla, Septiembre 1922.