¡Oh, la mística paloma de las pálidas canciones!
A través de nausebundas humaredas,
por encima de campiñas que atraviesan las veredas,
entre el ronco estremecer de los cañones,
entre el trueno de las turbas que fatídicas vocean
por encima de sepulcros y de alfombras funerarias,
suspirando sus plegarias,
va esfumándose su vuelo,
y se aleja con sus alas de los mundos que pelean
y se acerca con sus ansias a las cúpulas del cielo.
Ave errante y fugitiva, ave hecha de azahares,
¿Dónde buscas el encanto y el amor de tu doctrina?
¿Dónde están las resonancias de tu plática divina
y la piedra de holocausto que reclaman tus altares?
¿Dónde vas?
Si hoy el hombre irreverente
ya no quiere que te poses en su frente
palomita de la paz...
"Voy buscando" dijo ella, "algún nido hecho de amores
donde vivan mis creencias, donde mueran mis dolores".
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Tañen lentas, compungidas, las campanas de la Francia,
y vigilan solitarios
en sus níveos sudarios
los mil picos (que se burlan de la altura y la distancia)
de los rudos Pirineos.
El blancor de su cabeza
da un aliento en su tristeza
a la reina del olivo y a sus líricos deseos.
Pero sigue su camino,
porque en ellos aun se escucha
el estruendo de la lucha,
y aun la empuja aquella mano poderosa del destino.
Ya ha pasado por encima de la típica montaña
de los místicos del norte,
y ha llegado hasta la corte,
y en el suelo de la España
se ha posado la paloma de plumaje alabastrino
subyugada por un alma que es más fuerte que el destino.