[Nota 26: Así era nombrado un cenáculo literario de Manila. Y para
festejar la cena con que fué inaugurada su segunda etapa, escribió los
versos el poeta.]
Nuestros días sin sol, de retiro y mudez,
en que el alma sufrió de congoja o esplín,
han pasado a ser ya cosa muerta, y, al fin,
nuevos besos de luz nos encienden la tez
y florece otra vez el antiguo jardín.
¡Oh delicia! ¡oh amor del humilde pensil
donde el alma sintió la pasión de soñar
y, en el giro fugaz de las auras, gustar
el olor celestial de las rosas de Abril
y el dulzor juvenil de un anhelo de amar!
Está abierto el jardín. Venid todos a él
los que ansiéis suspirar besuqueando una flor,
los que, en vez de llorar, tengáis hambre de amor
al sonrís, al fulgor, al olor, a la miel
de una bella emoción. ¡El jardín está en flor!
Entrad todos, entrad. El antiguo jardín
sólo os pide otra vez, por su nueva eclosión,
que tengáis para él una eterna canción,
una voz de querer, un espíritu afín
y una sed de habitar con la Reina Ilusión.
El vivir es el _hoy_; nadie sabe el _después_:
¿a qué tristes vivir, a qué solos vagar
sin un lazo de unión que nos pueda estrechar
y, aunque herida la sien y maltrechos los piés,
nos dé amor de vivir, de soñar y cantar?
Está abierto el jardín... ¡Cómo invita su olor
a subir al azul y olvidar el fangal,
lo que tiene de vil nuestra arcilla mortal,
lo que pone en la miel de la vida un sabor
parecido al cruel de las "flores del mal".
Corazón, emoción, ala leve y sutil,
tenlos siempre, oh varón, y tú siempre, oh mujer,
y ambos siempre tendréis, con las rosas de Abril,
entre risas de sol, un rincón de pensil
en que a solas oir el volar de un querer.
Este mar del vivir es muy fiero; este mar
tiene a veces un són de alarido de horror,
y quien oiga esa voz y no sepa ensoñar,
ante la ola sabrá cuán amargo es llorar
por el alma sin luz y la vida sin flor.
Luz y flor las veréis en el nuevo jardín
cuya fronda es de paz, cuyo ambiente es cordial;
unas veces dirá su quimera un violín
y otras veces de amor, Chaminade y Chopín,
en el clave dirán la sonata inmortal.
Vibrará su cristal una voz de mujer
como un ¡ay! de pasión o un suspiro de Abril,
y el poeta alzará, fresca, gaya y gentil,
su canción al amor, a la vida, al placer,
y entre todos harán un edén del pensil.
¡Oh delicia! ¡oh amor del tranquilo jardín
donde el alma sintió la pasión de soñar
y, en el vuelo fugaz de la brisa, escuchar
la quejumbre sutil de un celeste violín
o el latido inicial de un anhelo de amar!
Entrad todos, entrad. El antiguo jardín
sólo os pide esta vez, por su nueva eclosión,
que tengáis para él una bella canción,
una voz de querer, un espíritu afín
y una sed de morir por la Reina Ilusión.
Julio, 1913.