Padre y señor. Tú, Mitra, el del ojo sanguíneo,
gran arquero celeste
que lo penetras todo con tu dardo lumíneo;
tú, el de la roja veste
con orlas y con flecos de eternas igniciones;
tú, Helios, y tú, Osiris,
por quien vive el imperio de las constelaciones
y se hace en las alturas el milagro del iris;
tú, bello emperador,
envíanos tus dones,
tus púrpuras de gloria y tu vital calor.
Derrite en tus brasas todos los corazones,
para que al fin, señor,
salgan del frío ártico de su inercia y desdén,
y en su nuevo ecuador
reciban el espíritu del arte nuevo. Amén.