Pausas, grandes pausas, notas largas,
estertores musicales, lloriqueos de almas rotas,
fusión de cosas amargas,
y entre el lloro de las notas
lamentables y solemnes, melancólicas y graves,
un olor a flores mustias,
un vuelo de negras aves
cantando en el aire gélido la canción de las angustias.
Pausas, grandes pausas. (Va el cortejo,
con sus sombríos crespones,
por la calle silenciosa, de los cirios al reflejo,
farfullando rezos tristes. Los relinchantes bridones
estremecen sus gualdrapas
y sacuden sus airones
negros como las coronas, las estolas y las capas...)
Pausas, grandes pausas. Amarguras,
humedades en los ojos, en el pecho una honda herida...
¡Oh, flor de las sepulturas!
¡oh, tristeza de la vida!
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De repente un gran quejido, de repente un gran lamento.
una armonía inefable,
un suspiro sofocado bajo las alas del viento...
¡algo que queda imborrable...!
El muerto va en la carroza,
anegada hasta los bordes de muchas rosas muy pálidas...
Detrás, la pobre familia que padece y que solloza,
¡caras de pena que cubren temblonas manos escuálidas!
El quejido pasa y muere
en languidez dolorosa,
y a lo lejos va llorando sus llantos el _Miserere_,
¡triste canción de la fosa!
...Y luego una melodía,
una música de ensueño y de aflicción resignada,
como el hielo, blanca y fría,
como el beso, delicada...
(El cuerpo es el del amado... ¡Adiós! Blanquea un pañuelo
sobre el negror de unos ojos
que suben desde el cadáver hasta la gloria del cielo
lleno de matices rojos...)
Crepúsculo. Entra el cortejo en la ciudad de los muertos.
Pausas, grandes pausas, notas largas,
armonías lamentosas, soledad de los desiertos,
¡inmensas cosas amargas...!
¡Oh, Chopín! ¡Oh, gran maestro!
(Ya están cayendo las hojas, ya está cayendo la escarcha).
Haz que suenen en el aire melancólico y siniestro,
cerca a mí, las armonías funerales de tu _Marcha_...
Octubre, 1905.