Ha llegado a mi casa sobre el ala de un rayo
y ha llenado de rosas mi pobre habitación,
y yo le he preguntado quién era, y era Mayo,
Mayo con su perfume de flor y corazón.
Abriéronse mis brazos a su áurea caravana
y se llenó mi mesa de vaga devoción;
fué un desfile de rosas y aves por mi ventana,
abierta a la olorosa y dulce procesión.
Y al fin, emocionado, hablé:--Mayo, ¿qué quieres?
(El me miraba como miran esas mujeres
que están enamoradas o enfermas de soñar).
Mayo ¿qué quieres?--dije de nuevo. Y él entonces,
sonó todas sus risas, sus besos y sus bronces,
para rugirme como pudiera un tigre:--¡Amar...!