¡Mirtácea esplendorosa...!
¡Quién pudiera en tu médula inyectar
la esencia misteriosa
del alma tormentosa
que no ha podido el llanto debelar!
Tu estrenua arboladura
gallarda y rígida se yergue al pie
de sacra sepultura
que guarda la armadura
de la verdad de mi amorosa fe.
Tu fronda balancea
temerosa, y las hojas ven lucir
cuando el día febea,
la líquida presea
que ha de absorber la tierra al efundir.
El pétalo minúsculo
ufana ostenta tu plateada flor,
y al brote de su súrculo
más vivo en el crepúsculo
en declinando el sol dominador.
Exhala ténue esencia,
que es plegaria que envuelve, al descender
hasta la Omnipotencia,
lamento y asistencia,
primera lágrima, efusión postrer.
¡Eucalipto arrogante
que erguido impávido junto al panteón
despliegas fascinante
tu fronda murmurante
y embalsama tu nívea floración;
cipo fúnebre; estela
que Natura levanta a la virtud;
superno centinela
que siempre, siempre vela
de mi amada la frígida quietud;
mirtácea esplendorosa...!
¡Quién pudiera en tus fibras inyectar
la esencia misteriosa
del alma congojosa
que no ha podido el llanto debelar!