El sol en su ebriedad suprema el suelo muerde.
Porque todo en la hora canicular concuerde,
Ni un hálito de brisa cruza la extensa y verde
Paz del campo, ni un ave en el azúl se pierde.
Un mango aislado eleva su centenaria fronda
Junto a un _punsó_[11] enano de giba aguda y monda,
Que las hormigas alzan para que en él se esconda
El _nunu_[12] vigilante que por las mieses ronda.
Lejos corre, seguida del crío, una potranca;
Un carabao lustroso en un charco se estanca;
En su lomo una garza hace una nota blanca.
Un río desenrosca las eses de su tripa,
Y asoman, allá en donde su curva se disipa,
Las manchas trapeciales de unos techos de nipa.
[Nota 11: _(Punsó)_ Montículo de tierra elevado para su albergue
por la hormiga nombrada _anay_.]
[Nota 12: Fauno, silvano.]