SOBRE EL PLINTO

(A. MABINI)[8]

_Justum et tenacem propositi virum_. HORACIO.

[Nota 8: Apolinario Mabini, paralítico de cuerpo pero luminoso

cerebro de estadista, redactó las leyes sobre que se asentó la efímera

república filipina y fué elegido presidente del primer gobierno

revolucionario de Malolos, Enero, 1899.]

Ante el eterno símbolo granítico,

consagración de tus civiles palmas,

cumbre mental, sublime paralítico,

te aclaman hoy nueve millones de almas.

El tiempo, que devora despiadado

nobles recuerdos dignos de la historia,

sobre el rojo horizonte del pasado

conserva y magnifica tu memoria.

Hoy, como ayer, la multitud te aclama,

te elogia el sabio, te celebra el sistro;

y es actual, por imperio de tu fama,

tu investidura de primer ministro.

Murió el Estado efímero que urdiste,

sin otro alguno, ni anterior, ni análogo;

mas tu gobierno espiritual, subsiste,

está en vigor tu original Decálogo.

Cuantos admiran tu genial vestigio

grabado en el solar de tu linaje,

vinculan a tu límpido prestigio

la sanción de un perpetuo caudillaje.

Madura en hechos la rebelde idea,

mútilo el cetro de la noble España,

la reconquista levantó su tea

para alumbrar tu constructiva hazaña.

La patria de las ansias juveniles

estaba allí, de sus destinos dueña,

alzada sobre un bosque de fusiles

bajo el amparo de una libre enseña.

La que soñaste, acaso, en un monólogo

bajo un frandaje de rotundas _mangas_,[9]

labrando arquitecturas de ideólogo

en la quietud de tu natal Batangas.

[Nota 9: Fruto del árbol terebintaceo nombrado _mango_.]

Patria inmortal de la actuación primera,

que en sangre mártir empapó tu suelo,

y en los pliegues cuajó de una bandera

la afirmación de su vital anhelo.

Patria naciente, tras labor titánica

como aquellas de Bismarck y de Mazzini,

faltaba un hombre que la hiciese orgánica,

¡y ese hombre fuiste, colosal Mabini!

Ignota corre el agua subterrána

hasta que, gracias al humano ingenio,

bajo el subsuelo surge subitánea:

así, glorioso, apareció tu genio.

Y fué cuando otra vez tembló la tierra

al paso audaz del triunfador Emilio,[10]

cuando la mano que rigió la guerra

se levantó al poder desde tu exilio.

[Nota 10: Aguinaldo, caudillo de la revolución, luego generalísimo

y presidente de la república.]

Todo el nuevo fervor del patriotismo

que exaltaba un espíritu halagüeño,

la intuición, la acuidad, el dinamismo

mental pusiste en tu grandioso empeño.

Y tu obra demostró que, si fecundo

fué tu pueblo en heroismos de batalla,

también podía presentar al mundo

un estadista de tu enorme talla.

La flor ilustre que cuidó tu mano

tronchóla el soplo de enemigo cierzo;

mas la medida del valor humano

no el éxito la da, sino el esfuerzo.

No queda del ayer para el fenicio

mas que la huella del sangriento agravio,

y para el pueblo el noble sacrificio

y tus laureles de patriota y sabio.

Será execrado el triunfo de la fuerza

en nuestra actualidad de cautiverio,

mientras la ley de la justicia ejerza

en la conciencia universal su imperio.

Mas no murió la causa independiente.

Faltóla el brazo, pero tiene asilo

en las almas, y flota en el presente

como la cesta bíblica del Nilo.

No es fácil, no, que el ideal sucumba

bajo la acción del tiempo o la violencia,

pues, como el trigo de la egipcia tumba,

en sí contiene secular potencia.

Y ha de surgir en el futuro ignoto,

llevado a plenitud por el destino,

como la flor del legendario loco,

como el cofre del Padre Florentino;

porque supo de triunfos y derrotas,

porque tuvo su cruz y su calvario;

la sangre le ofrecieron los patriotas

y tú el cerebro, ¡oh gran Apolinario!

Era de hierro y de cristal tu mente;

grandes ideas modeló su fragua;

tuvo el vuelo del águila potente

y la profunda claridad del agua.

La vida concentró sus energías

en tu cerebro luminoso y triste.

Ninguna falta de los pies tenías

para los altos vuelos que emprendiste.

Fuiste toda una mente geométrica,

fórmula abstracta, puro pensamiento,

que nos hablaba en nuestra noche tétrica

con una voz de sibilino acento.

A la tienda llegó del adversario,

razonador, sin altivez ni reto.

Si no cambió su juicio refractario,

mucho fué que ganara su respeto.

Buscó el retiro de rural sosiego

y prosiguió su ruta sin desmayo.

Para trazar su rúbrica de fuego,

tras densa nube se recoge el rayo.

Sobre el rojo fulgor del exterminio,

sobre el mortal estruendo de las balas,

en el azur, su natural dominio,

serenamente desplegó las alas.

Allí alumbró la senda tenebrosa

en su función de numen y atalaya;

allí engendró la concepción grandiosa

de una fecunda comunión malaya.

Tu inteligencia en su carnal encierro,

era un poder supremo y absorbente.

¿Que fué tu misma voluntad de hierro

sino una fuerza que forjó tu mente?

Y este fué el timbre, el sello más glorioso

que señaló tu espléndida carrera;

rimaste el pensamiento vigoroso

con la indomable voluntad austera.

Aquí estás ya en lo eterno de la piedra,

genio vindicador de nuestra raza.

A tu columna, con amor de hiedra,

nuestra ferviente admiración se abraza.

Gentes futuras cantarán tu nombre,

y al contemplar tu busto en el espacio

dirán:--"Fué un alto pensador, un hombre

justo y tenaz como el varón de Horacio."

Patria, que ves, gozosa, en tu sorpresa,

los saltos de gigante de tu raza,

y vives entre un iris de promesa

y un nubarrón lejano de amenaza;

patria fecunda en héroes y licurgos,

nadie habrá que tus méritos no estime;

pues siendo madre de Rizal y Burgos,

pariste un paralítico sublime.

Mabini fué un excelso paradigma.

En sus virtudes tu virtud renueva.

Así saldrás, gallarda y sin estigma,

de los rojos crisoles de la prueba.

Y aunque contemples en casual desfile

el torpe halago y la esperanza trunca,

sabrás sentir, cuando tu fe vacile,

toda la fuerza del vocablo "nunca".

Pero, si indigna de tus dioses lares

perpetuamente has de vivir cautiva,

fuera mejor que tus contiguos mares

en un sepulcro te sepulten viva.

Marzo, 1915. (Al inaugurarse en Batangas el monumento a Apolinario

Mabini).

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 10 / 368 题