[Nota 4: Aparece registrado como poeta en el lugar
correspondiente de este Florilegio.]
Patriota: en los tiempos de ingratos estudios y audaces
locuras, y dulces visiones de rostros fugaces
con rezos y risas en labios de ingenuo carmín,
hermético fuiste al amor y su gaya conquista.
Lo raro anidaba en tu airosa melena de artista,
y raras orquídeas poblaban tu austero jardín...
En odio implacable a todo lo inicuo y nefario,
tu mente inflamaba una arenga del nuevo Brumario
o un trozo del "Noli"; adorabas a Ibarra[5] y Danton
y amabas lo antiguo. La edad patriarcal y de oro
del pristino régulo, tuvo en tu verbo sonoro
la clara justeza de amada y distante visión.
[Nota 5: Personaje central de _Noli me tangere_, donde el autor de
la novela tal vez quiso personificarse.]
Espíritu prócer, sensible al poético encanto,--
que a veces es ritmo y a veces es flor,--de tu canto
aun queda el recuerdo sonoro en el aire natal;
aun vibra y contagia el patriótico ardor de tus versos,
y muestra tu limpia versión el claror de los tersos
diamantes que enjoyan el "Ultimo adiós" de Rizal.
No fué tu exclusiva misión la del canto apolíneo.
La arcana virtud, que preside el rodar curvilíneo
de pueblos y razas que integran la adámica grey,
tu acción en el ciclo inicial prefijó en el espacio:
Rizal puso el germen; su músculo Andrés Bonifacio[6];
tú, el brazo y la idea juntaste en armónica ley.
[Nota 6: Revolucionario filipino, caudillo de las partidas que
dieron (Agos* **illisible** Balintauac) el grito de rebelión.]
Así como el gris tenebroso de edades provectas
doraron las máximas puras de las Analectas,
y en ellas el Asia, rompiendo el sopor secular,
la voz escuchó del que luego escribiera a Corinto,
tu noble evangelio de honor y de patria, ¡oh Jacinto!,
nimbando a tu raza, engrandece la historia insular.
Rumor subterráneo, en mitad de la idílica fiesta,
sintió la colonia, y un viento de airada protesta
pasó por las frentes su fuego de cálido tul.
Plasmaste el anhelo en que espíritus libres se adunan,
y entonces, al rojo fulgor del audaz _Katipunan_,
puñales febriles lanzaron su reto al azul...
La ubérrima tierra tornóse después en un lago
de sangre firmada en el Pacto,[7] y el bolo hizo estrago,
fulgiendo en el puño broncíneo de añoso rencor.
La suerte fué adversa a tu ardor eficaz de guerrero;
no obstante, a tu genio encubría el vulgar prisionero,
y hubiste merced del hidalgo oficial cazador.
[Nota 7: Alusión al de amistad concertado entre Miguel López de
Legaspi, primer Adelantado de las islas Filipinas por España, y el
régulo Lacandola. Por imitación de éste le firmaron ambos personajes,
mojado el cálamo en sangre para el caso extraída de sus venas. Tal
suceso histórico sujirió al gran pintor tagalo Juan Luna y Novicio un
hermoso lienzo que, al cesar la soberanía de España en el
Archipiélago, (Agosto, 1898), decoraba un salón del Palacio municipal
de Manila.]
Después que la amada bandera se irguió hacia los astros,
en montes y valles, floridos, de históricos rastros,
tu dúplice gloria fué esquiva al favor popular.
Buscó tu nostalgia el retiro ancestral, y en belleza
rendiste, por fin, a la Parca tu insigne cabeza,
de cara a tu cielo, debajo de airoso palmar.
"La muerte es descanso". Cerebro en que tuvo su hornaza,
la idea que urdió la epopeya inmortal de la raza,
descansa. La Patria vigila tu sueño de paz.
La patria, orgullosa, entre epónimos héroes te nombra.
Moriste dichoso, sin ver que sobre el pecho la sombra
del ala extendida y las garras del buitre voraz.
La suerte está echada. Borraste el padrón infamante,
y en su híspida senda tu pueblo camina adelante.
Tal vez llegue al fin, o tal vez lo sepulte el alud.
Ya el árbol, nutrido con sangre y acerbos dolores,
sonríe en sus frutos y espera en sus vírgenes flores.
No es una razón el negarlo; tampoco es virtud.
1912.