A EMILIO JACINTO[4]

[Nota 4: Aparece registrado como poeta en el lugar

correspondiente de este Florilegio.]

Patriota: en los tiempos de ingratos estudios y audaces

locuras, y dulces visiones de rostros fugaces

con rezos y risas en labios de ingenuo carmín,

hermético fuiste al amor y su gaya conquista.

Lo raro anidaba en tu airosa melena de artista,

y raras orquídeas poblaban tu austero jardín...

En odio implacable a todo lo inicuo y nefario,

tu mente inflamaba una arenga del nuevo Brumario

o un trozo del "Noli"; adorabas a Ibarra[5] y Danton

y amabas lo antiguo. La edad patriarcal y de oro

del pristino régulo, tuvo en tu verbo sonoro

la clara justeza de amada y distante visión.

[Nota 5: Personaje central de _Noli me tangere_, donde el autor de

la novela tal vez quiso personificarse.]

Espíritu prócer, sensible al poético encanto,--

que a veces es ritmo y a veces es flor,--de tu canto

aun queda el recuerdo sonoro en el aire natal;

aun vibra y contagia el patriótico ardor de tus versos,

y muestra tu limpia versión el claror de los tersos

diamantes que enjoyan el "Ultimo adiós" de Rizal.

No fué tu exclusiva misión la del canto apolíneo.

La arcana virtud, que preside el rodar curvilíneo

de pueblos y razas que integran la adámica grey,

tu acción en el ciclo inicial prefijó en el espacio:

Rizal puso el germen; su músculo Andrés Bonifacio[6];

tú, el brazo y la idea juntaste en armónica ley.

[Nota 6: Revolucionario filipino, caudillo de las partidas que

dieron (Agos* **illisible** Balintauac) el grito de rebelión.]

Así como el gris tenebroso de edades provectas

doraron las máximas puras de las Analectas,

y en ellas el Asia, rompiendo el sopor secular,

la voz escuchó del que luego escribiera a Corinto,

tu noble evangelio de honor y de patria, ¡oh Jacinto!,

nimbando a tu raza, engrandece la historia insular.

Rumor subterráneo, en mitad de la idílica fiesta,

sintió la colonia, y un viento de airada protesta

pasó por las frentes su fuego de cálido tul.

Plasmaste el anhelo en que espíritus libres se adunan,

y entonces, al rojo fulgor del audaz _Katipunan_,

puñales febriles lanzaron su reto al azul...

La ubérrima tierra tornóse después en un lago

de sangre firmada en el Pacto,[7] y el bolo hizo estrago,

fulgiendo en el puño broncíneo de añoso rencor.

La suerte fué adversa a tu ardor eficaz de guerrero;

no obstante, a tu genio encubría el vulgar prisionero,

y hubiste merced del hidalgo oficial cazador.

[Nota 7: Alusión al de amistad concertado entre Miguel López de

Legaspi, primer Adelantado de las islas Filipinas por España, y el

régulo Lacandola. Por imitación de éste le firmaron ambos personajes,

mojado el cálamo en sangre para el caso extraída de sus venas. Tal

suceso histórico sujirió al gran pintor tagalo Juan Luna y Novicio un

hermoso lienzo que, al cesar la soberanía de España en el

Archipiélago, (Agosto, 1898), decoraba un salón del Palacio municipal

de Manila.]

Después que la amada bandera se irguió hacia los astros,

en montes y valles, floridos, de históricos rastros,

tu dúplice gloria fué esquiva al favor popular.

Buscó tu nostalgia el retiro ancestral, y en belleza

rendiste, por fin, a la Parca tu insigne cabeza,

de cara a tu cielo, debajo de airoso palmar.

"La muerte es descanso". Cerebro en que tuvo su hornaza,

la idea que urdió la epopeya inmortal de la raza,

descansa. La Patria vigila tu sueño de paz.

La patria, orgullosa, entre epónimos héroes te nombra.

Moriste dichoso, sin ver que sobre el pecho la sombra

del ala extendida y las garras del buitre voraz.

La suerte está echada. Borraste el padrón infamante,

y en su híspida senda tu pueblo camina adelante.

Tal vez llegue al fin, o tal vez lo sepulte el alud.

Ya el árbol, nutrido con sangre y acerbos dolores,

sonríe en sus frutos y espera en sus vírgenes flores.

No es una razón el negarlo; tampoco es virtud.

1912.

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 9 / 368 题