SEGUNDA CARTA DE FÍGARO Á SU CORRESPONSAL EN PARÍS
ACERCA DE LA DISOLUCIÓN DE LAS CORTES, Y DE OTRAS VARIAS COSAS DEL DÍA
Buona sera, don Basilio,
Presto andate a riposar.
_Il Barbiere di Siviglia._
Madrid, 30 de enero de 1836.
Con fecha del 3 te escribí mi primera carta, querido amigo, dándote
aviso de mi llegada á esta corte, y ando no poco inquieto con la
suerte de la tal carta (á que no he recibido contestación), porque á
la mañana siguiente del día en que te la escribí, y cuando yo presumía
que podría estar ya por lo menos en Ariza, ¿dónde dirás que me la
encontré? La encontré ni más ni menos en _el español_, mal que bien
encajonada, entre las _sesiones_ y los _cambios_, que entonces ambas
cosas existían todavía; no había hecho más camino que de la calle
del Caballero de Gracia á la de las Rejas. Como andan las cosas tan
trocadas, imaginé desde luego que habría participado ya mi naturaleza
de esta atmósfera que respiramos, y que habría enviado al _español_ mi
carta en vez del primer artículo de teatros, que debía darle, y echado
el original, destinado á la imprenta, en el buzón del correo, en vez de
nuestra correspondencia. Poníame sólo en confusión el haber notado que
la carta impresa no era precisamente la misma que yo te había escrito,
pues que en ella faltaban varios párrafos. Esto me hizo sentir tanto
más la equivocación, porque si no puede serme agradable que intercepten
nuestra correspondencia, más duro ha de parecerme que la mutilen, dado
que yo no escribo al censor, sino á ti. Soy además un tanto tímido, y
escribiéndote en confianza como te escribo, ni me cuido de pulir el
estilo lo bastante, ni menos de paliar las verdades en un punto: dígote
por tanto cosas que es vergüenza, ¡por vida mía!, que anden impresas, y
más vergüenza aún que sean ciertas.
Comoquiera que sea, aprovecho para hacer llegar ésta á tus manos por
otro conducto, que me parece más seguro, si en la publicidad está la
seguridad. Quiero más bien escribir una carta que un artículo; y he de
dar las razones. Cuando escribes una carta á una persona determinada,
puedes estar seguro de tener un lector: si es cierto lo que dicen los
franceses, que en todas las cosas _c'est le premier pas qui coûte_: no
es poca ventaja la de asegurarse de ese modo un principio de público;
y como el que escribe la carta es dueño de escribir á quien mejor le
parece, goza de otra ventaja no menor de escogerse el público á su
gusto. Sácase de aquí la forzosa consecuencia de que cuando uno escribe
una carta, sabe con quién habla, y esto no es humo de pajas tampoco en
estos tiempos que corren. Si reflexionas en fin que en el día cuantos
artículos podemos hacer han de reducirse á _artículos de fe ó de
esperanza_, no extrañarás que me decida por las cartas. Aquí para entre
los dos, quiero que me llamen partidario del Estatuto que nos rige, si
sé hacer artículos de fe; porque aunque siempre se ha dicho que vivimos
en país de ciegos (gran circunstancia para todo lo que es fe), dígote
francamente que yo veo el tuerto que ha de ser rey. _Hazlos pues_, me
dirás, _de esperanza, que de eso los hacen los demás_. Y yo también los
haría, amigo mío. ¡Así la tuviera!
Agrega á las razones dadas en favor de las cartas, que es ramo también
arreglado, que te da ganas de ponerte á escribirlas sólo porque te las
lleven á cualquier parte, y sobre todo desde la real orden de 8 de
enero, la cual está tan clara, que no parece sino que la han discutido
en Cortes, y dice así, por ver si tú la entiendes.