UN PERIÓDICO NUEVO

Noble Espagne, où la littérature est réduite à la liberté du

monologue de Figaro.

F. SOULIÉ. La librairie à Paris.

_Livre des Cent-et-un._

¿Por qué no pone usted un periódico suyo? ¿Cuándo sale _Fígaro_? ¡Es

idea peregrina! Ya he visto en los demás periódicos la publicación del

permiso para el periódico nuevo. ¿Saldrá por fin en febrero, en marzo?

¿Cuándo? ¿Nos hará usted reir, por supuesto?

He aquí las preguntas que por todas partes se me dirigen, que me

cercan, me estrechan, me comprometen, y á las cuales me veo más apurado

para responder, que se ven hace tres días.... Iba á hacer una mala

comparación; y si me la había de suprimir algún amigo de estos que

miran de continuo por mi tranquilidad, suprímomela yo.

¿Por qué no he de publicar un periódico también?, he dicho

efectivamente para mí. En todos los países cultos y despreocupados la

literatura entera, con todos sus ramos y sus diferentes géneros, ha

venido á clasificarse, á encerrarse modestamente en las columnas de los

periódicos. No se publican ya infolios corpulentos de tiempo en tiempo.

La moda del día prescribe los libros cortos, si han de ser libros. Y

si hemos de hablar en razón, si sólo se ha de escribir la verdad, si

no se ha de decir sino lo que de cierto se sabe, convengamos en que

todo está dicho en un papel de cigarro. Los adelantos materiales han

ahogado de un siglo á esta parte las disertaciones metafísicas, las

divagaciones científicas; y la razón, como se clama por todas partes,

ha conquistado el terreno de la imaginación, si es que hay razón en el

mundo que no sea imaginaria. Los hechos han desterrado las ideas. Los

periódicos, los libros. La prisa, la rapidez, diré mejor, es el alma

de nuestra existencia, y lo que no se hace de prisa en el siglo XIX,

no se hace de ninguna manera; razón por la cual es muy de sospechar

que no hagamos nunca nada en España. Las diligencias y el vapor han

reunido á los hombres de todas las distancias: desde que el espacio ha

desaparecido en el tiempo, ha desaparecido también en el terreno. ¿Qué

significaría, pues, un autor formando á pie firme un libro, detenido él

solo en medio de la corriente que todo lo arrebata? ¿Quién se detendría

á escucharle? En el día es preciso hablar y correr á un tiempo, y de

aquí la necesidad de hablar de corrida, que todos desgraciadamente no

poseen. Un libro es, pues, á un periódico, lo que un carromato á una

diligencia. El libro lleva las ideas á las extremidades del cuerpo

social con la misma lentitud, tan á pequeñas jornadas como éste lleva

la gente á las provincias. Así sólo puede explicarse la armonía, la

indispensable relación que existe entre la ilustración del siglo y la

escasez de los libros nuevos. De otra suerte sería preciso inferir

que la civilización mata las artes y las letras. Y decimos las artes,

porque aquella misma rapidez de existencia ha lanzado sobre el terreno

de la pintura la litografía, y ha levantado al lado de las antiguas

moles de arquitectura gótica de los tiempos lentos, las modernas

construcciones de las ratoneras que por casas habitamos en el día.

Convencidos de que el periódico es una secuela indispensable, si no un

síntoma de la vida moderna, esperarían tal vez aquí nuestros lectores

una historia de esta invención; una seria disertación sobre los

primeros periódicos, y acerca de si debieron ó no su primer nombre á

una moneda veneciana que limitaba su precio. Nada de eso. Sólo diremos

que los primeros periódicos fueron _gacetas_: no nos admiremos, pues,

si fieles á su origen, si reconociendo su principio, los periódicos

han conservado la afición á mentir, que los distingue de las demás

publicaciones desde los tiempos más remotos; en lo cual no han hecho

nunca más que administrar una herencia. Es su mayorazgo; respetamos

éste como los demás, pues que estamos á esta altura todavía.

Inapreciables son las ventajas de los periódicos; habiendo periódicos,

en primer lugar, no es necesario estudiar, porque á la larga, ¿qué cosa

hay que no enseñe un periódico? Sabe usted por un periódico la hora á

que empieza el teatro, y algunas veces la función que se representa,

es decir, siempre que la función que se representa es la misma que

se anuncia: esto, al fin, sucede algunas veces. Por los periódicos

sabe usted de día en día lo que sucede en Navarra, cuando sucede

algo; verdad es que esto no es todos los días; pero para eso muchas

veces sabe usted también lo que no sucede: no se sabe ciertamente la

pérdida del enemigo, pero ésa siempre debe ser mucha; y en cambio se

sabe que llegó la noche, porque la noche llega siempre; no es como la

libertad, ni como las cosas buenas, que no llegan nunca; y se sabe que

los caballos de los facciosos corren más que los nuestros, puesto que

siempre deben aquéllos su salvación á su velocidad. Así se supiera

dónde diantres los van á buscar. Esta investigación sería de grande

utilidad para mejorar nuestras crías. Por un periódico sabe usted que

hay Cortes reunidas para elevar sobre el _cimiento_ el edificio de

nuestra libertad. Por ellos se sabe que hay dos Estamentos, es decir,

además del de Procuradores, otro de Próceres. Por los periódicos sabe

usted, _mutatis mutandis_, es decir, quitando unas cosas y poniendo

otras, lo que hablan los oradores, y sabe usted, como por ejemplo

ahora, cuándo una discusión es tal discusión, y cuándo es meramente

_conversación_, para repetir la frase feliz de un orador.

¿Á quién debe aquel orador de café, que perora sobre la intervención

extranjera, sus vastos conocimientos acerca de las intenciones de Luis

Felipe, sino á los periódicos? ¿Dónde habría aprendido aquella columna

de la Puerta del Sol, que hace la oposición de corrillo en corrillo, lo

que es un tory y un whig, y un reformista, y lo que puede una alianza,

sobre todo si es cuádrupla, y una _resistencia_, sobre todo si es una?

¿Dónde aprendería, siendo español, lo que es un progreso? ¿En qué libro

encontraría lo que quiere decir un _ministro responsable_, y una _ley

fundamental_, y una _representación nacional_, y una _fantasma_? ¿En

qué universidad podría aprender la sutil distinción que existe entre

las _fantasmas que matan y las que no matan_? Distinción por cierto

sumamente importante para nosotros pobres mortales, que somos los que

hemos de morir.

Convengamos, pues, en que el periódico es el grande archivo de los

conocimientos humanos, y que si hay algún medio en este siglo de ser

ignorante, es no leer un periódico.

Éstas y otras muchas reflexiones, las cuales no expongo todas, por

ser siempre mucho más lo que callo que lo que digo, me movieron á

ser periodista; pero no como quiera periodista atenido á sueldos y

voluntades ajenas, sino periodista por mí y ante mí.

Dicho y hecho, concibamos el plan. El periódico se titulará _Fígaro_,

un nombre propio; esto no significa nada y á nada compromete, ni á

_observar_, ni á _revistar_, ni á ser _eco de nadie_, ni á _chapar

flores_, ni á _compilar_, ni á maldita de Dios la cosa. Encierra sólo

un tanto de malicia, y eso bien sé yo que no me costará trabajo. Con

sólo contar nuestras cosas lisa y llanamente, ellas llevan ya la

bastante sal y pimienta. He aquí una de las ventajas de los que se

dedican á graciosos en nuestro país: en sabiendo decir lo que pasa,

cualquiera tiene gracia, cualquiera hará reir. Sea esto dicho sin

ofender á nadie.

El periódico tratará... de todo. ¿Qué menos?, pero como no ha de ser ni

tan grande como nuestra paciencia, ni tan corto como nuestra esperanza,

y como han de caber mis artículos, no pondremos las reales órdenes. Por

otra parte, no gusto de afligir á nadie; por consiguiente no se pondrán

los reales nombramientos: menos gusto de estar siempre diciendo una

misma cosa; por lo tanto fuera los partes oficiales. Estoy decidido á

no gastar palabras en balde; mi periódico ha de ser todo sustancia;

así, cada sesión de Cortes vendrá en dos líneas; algunos días en menos;

como de esas veces no ocupará nada.

Artículos de _política_. Los habrá. Éstos, en no entendiéndolos nadie,

estamos al cabo de la calle. Y eso no es difícil, sobre todo quien no

los ha de entender es el censor. Oposición: eso por supuesto. Á mí,

cuando escribo, me gusta siempre tener razón.

De _hacienda_. Largamente, pero siempre en broma, para nosotros será un

juego esto; no nos faltará á quien imitar. Los asuntos de cuentas sólo

son serios para quien paga; pero para quien cobra...

De _guerra_. También daremos artículos, y en abundancia: buscaremos

primero quien lo entienda y quien sepa hablar de la materia; por lo

demás saldremos del paso, si no bien, mal: nunca serán los artículos

tan pesados como el asunto.

De _interior_. Hasta los codos. Desentrañaremos esto; y tanto queremos

hablar de esta materia, que no nos detendremos en enumerar lo que se ha

hecho; sólo hablaremos de lo que falta por hacer.

De _estado_. Aquí nos extenderemos sobre el _statu quo_ y sobre el

Estatuto, y nos quedaremos extendidos; ni moveremos pie ni pata.

De _marina_. Esto es más delicado. ¿Ha de ser _Fígaro_ el único que

hable de eso? No me gusta ahogarme en poca agua.

De _gracia y justicia_. He dicho muchas veces que no soy ministerial:

haré por lo tanto justicia seca. ¡Ojalá que me dejen también hacer

gracias!

De _literatura_. En cuanto se publique un libro bueno le analizaremos;

por consiguiente, no seremos pesados en esta sección.

De _teatro español_. No diremos nada mientras no haya nada que decir.

Felizmente va largo.

De _actores_. Aquí seremos malos de buena fe: seremos actores hablando

de actores.

De _música_. Buscaremos un literato que sepa música, ó un músico que

sepa escribir: entre tanto, _Fígaro_ se compondrá como se han compuesto

hasta el día los demás periódicos. Felizmente pillaremos al público

acostumbrado; y él y nosotros estamos iguales.

_Modas._ En esta sección hablaremos de empréstitos, de intrigas, de

favor... en una palabra, lo que corre... á la _dernière_ siempre.

De _costumbres_. Por supuesto: malas: lo que hay: escribiremos como

otros viven sobre el país. _Fígaro_ hablará, bajo este título, de

paciencia, de tinieblas, de mala intención, de atraso, de pereza, de

apatía, de egoísmo. En una palabra, de nuestras costumbres.

_Anuncios._ Queriendo hacer lo más corta posible esta parte del

periódico, sólo anunciará las funciones buenas, los libros regulares,

las reformas, los adelantos, los descubrimientos. Ni se pondrán las

pérdidas, ni menos todo lo que se vende entre nosotros. Esto sería no

acabar nunca.

He aquí el periódico de Fígaro. Ya está concebida la idea. Sin embargo,

no es eso todo. Es preciso pedir licencia; pero para pedir licencia es

preciso poder presentar fianzas. Si yo las tuviera no sería yo el que

me pusiera á escribir tonterías para divertir á otros, _ó tener empleo

con sueldo_... Pero si tuviera empleo, y jefe, y horas fijas, y once,

y expedientes, y la cesantía al ojo, no tendría yo humor de escribir

periódicos... _ó ser catedrático_... pero si fuera catedrático sabría

algo, y entonces no servía para periodista...

Está decidido que no sirvo para pedir licencia. Otro al canto; un

testaférreo; un sueldo al testaférreo; seguridades contra seguridades,

fianza, depósito, licencia, en fin. He aquí ya á _Fígaro_ con licencia:

no esa licencia tan temida, esa licencia fantasma, esa licencia que

nos ha de volver al despotismo, esa licencia que está detrás de todo,

acechando siempre el instante, y el ministro, y el... No, sino licencia

de imprimirse á sí mismo.

Ya no falta más que imprenta. Corro á una...--Aquí es imposible: no

hay letra.--Corro á otra: aquí, le diré á usted francamente, no hay

prensas.--Á otra: aquí no queremos periódicos, hay que trabajar de

noche. Dios ha hecho la noche para dormir.--Sí, pero no el impresor,

contesto furioso.--¿Qué quiere usted? Luego es trabajo en que no se

gana: como no hay cajistas en España, piden un sentido, se hacen

valer; el público no quiere pagar caro, el oficial no quiere trabajar

barato.--¿Conque es imposible imprimir un periódico?--Poco menos,

señor; y si acaso se lo imprimen á usted, será caro y mal. Pondrán unas

letras por otras.--Eso ¡pardiez! no será imprimir mi periódico, sino

otro del cajista.--Pues eso, señor, sucederá; en habiendo un día de

formación no tendrá usted cajistas; y si usted se enfada algún día por

una errata, le dejarán plantado, y si no se enfada también.

¿Es posible? ¿Conque no hay _Fígaro_? ¡Oh! ¡Habrá _Fígaro_, habrá

_Fígaro_! Venceremos las dificultades... ¡Ah! se me olvidaba. ¡Papel! Á

una fábrica, á otra, á otra... Éste es chico, éste caro, éste grande,

éste moreno, éste con demasiada cola...--Mire usted, como usted le

quiere no le hay, me dicen por fin. Es preciso mandarlo hacer.--Pues

lo mando hacer: para dentro de ocho días.--Señor, la fábrica está

á sesenta leguas; hay que hacer los moldes, y luego el papel, y

luego secarlo, y si llueve... y luego traerlo... y el ordinario echa

quince días ó veinte... y...--¿No hay quien le eche á usted á los

infiernos?... grito desesperado. ¡País de obstáculos!

Es preciso resignarse, esperar... Al fin lo habrá todo... demasiado

va á haber luego... ésta es la idea que me detiene, por fin, que

cuando haya editor, redactores, impresor, cajistas, papel... entonces

también habrá censor... Eso sí, eso siempre lo hay... ni hay que

mandarle hacer, ni hay que esperar...--Aquí acabo de perder la cabeza,

enciérrome en mi casa, ¡voto va! Pues ha de haber _Fígaro_, sí,

señor, por lo mismo ha de haber _Fígaro_, y ha de hablar de todo,

absolutamente de todo.

Diciendo esto llego á mi casa, me siento á mi bufete para tomar

disposiciones.--¿Qué hace usted?, le digo á mi escribiente, de mal

humor.--Señor, me responde, estoy traduciendo, como me ha mandado

usted, este monólogo de su tocayo de usted, en el _Mariage de Figaro_

de Beaumarchais, para que sirva de epígrafe á la colección de sus

artículos que va usted á publicar.--¿Á ver cómo dice?

«Se ha establecido en Madrid un sistema de libertad que se extiende

hasta á la imprenta; y con tal que no hable en mis escritos, ni de la

autoridad, ni del culto, ni de la política, ni de la moral, ni de los

empleados, ni de las corporaciones, ni de los cómicos, ni de nadie

que pertenezca á algo, pueda imprimirlo todo libremente, previa la

inspección y revisión de dos ó tres censores. Para aprovecharme de esta

hermosa libertad anuncio un periódico...».

--Basta, exclamó al llegar aquí mi escribiente, basta; eso se ha

escrito para mí; cópielo usted aquí al pie de este artículo: ponga

usted la fecha en que eso se escribió...--1784.--Bien. Ahora la fecha

de hoy.--22 de enero de 1835.--Y debajo:--_Fígaro_.

Obras completas de Fígaro, Tomo 2 · 第 58 / 75 题