PRIMERA CONTESTACIÓN DE UN LIBERAL DE ALLÁ
Á UN LIBERAL DE ACÁ
Dices, querido liberal casteçao, que me asombrará el recibir tu segunda
carta antes que la primera. Te equivocaste, amigo, como es estrella
vuestra en todas ocasiones: á mí en hablándoseme de ese país no me
asombra nada. Hubiérame antes parecido cosa rara haber recibido tus
cartas por su orden. Ya por acá sabemos que en punto á _cartas_ no
jugáis muy limpio.
Pero, en fin, he recibido la segunda, á propósito de lo cual te diré
que vengan ellas, y vengan como y cuando puedan, que yo luego las
ordenaré, como Dios me diere á entender, á semejanza de aquél que, no
sabiendo más de ortografía que muchos gobernantes de gobierno, enviaba
juntos en la posdata gran número de comas y signos de puntuación,
añadiendo á su corresponsal: _por lo que hace á los puntos y las
comas_, ahí van todos juntos para que usted se entretenga en ponerlos
en su lugar, que yo ando de prisa.
Nótase en toda tu carta cierto mal sabor de ironía, capaz de dar
vahídos al más duro de cabeza, si se les diese á ciertas cabezas duras
algo de algo. Por el rey don Sebastián te juro que no entiendo por qué
os quejáis tanto los liberales casteçaos. ¿Tenéis vosotros vencedores
y vencidos? Claro está que no; porque aunque los facciosos en algunas
partes hasta ahora han podido más, se les debía contar lo que de dos
que habían reñido decía un chusco, al preguntarle quién de los dos
había podido más. «Claro está, respondió, que el que cayó debajo,
puesto que tuvo al otro encima».
Ellos han podido más, porque en realidad siempre os tienen encima.
Insisto por otra parte en que no hay vencedores ni vencidos, como dice
vuestro ministerio; para convencerse de lo cual basta echar una ojeada
á los puestos respectivos que ocupaban el año 32 Calomarde y los suyos,
y á los que ocupan en el día sus sucesores: esas mudanzas no han sido
haber vencedor ni vencido, sino finura de Calomarde, que ha renunciado
generosamente su sillón á los que mandan en el día.
Convengamos en que es un gran consuelo para uno que lo pasa mal,
decirle al oído: lo pasa usted mal, pero hágase usted cargo de que no
hay vencedores ni vencidos. En no habiendo vencedores ni vencidos, que
te roben al volver de una esquina, que te salga una lupia en medio
de la frente, ó una joroba en medio de las espaldas, nada te debe
de importar: porque sin esos vencedores y vencidos no hay felicidad
posible en la tierra, como lo hallarás escrito en todos los filósofos.
Ahora con vencedores y vencidos marchas por tu camino como un coche
con sus ruedas. Despachaos, pues, los liberales casteçaos á vencer á
alguien, y si los carlistas no se dejan vencer, venceos por el pronto á
vosotros mismos, que ése será el vencimiento que esos señores querrán
dar á entender como necesario para que todo entre en caja, sobre ser
esa clase de victoria la más agradable á los ojos de Dios.
Y aunque no tuvierais en cada desgracia que os sucede el gran consuelo
de reflexionar que no hay vencedores ni vencidos, no veo yo la causa de
tanta aflicción. Que está el pretendiente en Vizcaya... y bien: ¿y qué
es el pretendiente? Según una feliz expresión de un diputado francés,
traducida y arreglada para vosotros por un amigo tuyo y mío, nada: un
faccioso más.
Que se ha aumentado la facción; que tenía dos mil hombres el año
pasado, y que éste tiene veinte mil, como me dices en tu segunda carta.
Pero ¿qué es eso, amigo mío? Bien contado, nada: diez y ocho mil
facciosos más.
Que os dió gran dolor lo de Carondelet: ¡oh almas apocadas! ¿Y qué es
eso bien mirado? Nada: una sorpresa más.
¡Ay, amigo, las cosas son como se quieren ver! Filosofemos un momento.
Quiero suponer que volviéramos al año 23, que es todo lo peor que os
podría suceder. ¿Y bien?, á los ojos de la poesía, ¿qué sería esto?
Nada: diez años más de despotismo; y que te ahorcasen á ti por ejemplo.
¿Y qué sería esto comparado con la inmensidad del universo? Nada: un
ahorcado más en el mundo.
Que no tenéis dinero... ¿y qué es eso? Nada: una miseria más. Que no
teniendo un cuarto, habéis reconocido todo lo anterior. ¿Y qué es eso?
Nada: una deuda más. Que tenéis que recurrir á un empréstito. ¿Y qué es
eso? ¡oh ánimas mezquinas! Nada: un empréstito más. Que hay cólera, en
fin, en varias provincias... ¿Y qué es eso últimamente? Una calamidad
más.
Ya ves que tomadas las cosas de esa manera, maldito si hay por qué
afligirse. Á propósito de afligirse, ¿qué hay del ministerio del
interior? Después de haber mudado los nombres á las cosas, supongo que
habrá hecho mil otras reformas de primera importancia. Escríbeme largo
en ese punto, si hay de qué.
¿Cómo va de milicia urbana? Ya inspirará confianza á todo el mundo; ya
estará toda organizada y armada; doylo por supuesto.
Háceme reir por último en tu carta lo que del miedo que á los liberales
se tiene por ahí, me dices. En cuanto á eso y en cuanto á los muchos
que han andado de cárcel en cárcel, y de destierro en destierro por
conspiradores, así como á los que andan sin colocación todavía por
anarquistas, concluiré esta misiva con recordarte el lema que un
escribano ladino encontró en un pesado mamotreto, revolviendo el
archivo de la chancillería de Valladolid. Decía así: «Causa formada á
las monjas del convento de Santa Clara de esta ciudad, por volar, y
otros excesos».
Así me parece á mí que son los excesos de esos pobres liberales de
Castilla como los vuelos de las madres: con lo cual quedo á tus
órdenes, esperando noticias de esa nación privilegiada, la cual se me
figura que andando siglos podrá llegar algún día á remontarse á la
altura de Portugal.--_O senhor don Sebastian Carvalhao d'Alburquerque._