VARIOS CARACTERES

No siempre está en mano del hombre el coordinar sus ideas y formar con

ellas una obra arreglada, con principio, medio y fin. ¿Á quién no le

habrá sucedido repetidas veces abrir un libro, leer maquinalmente y

no poder establecer entre lo escrito y su cabeza ninguna especie de

comunicación, cerrar el libro y no poderse dar cuenta de lo que ha

leído? En estos casos, que muy á menudo me suceden, suelo echar mano

del sombrero y la capa, y no pudiendo fijar mi atención en una sola

cosa trato de fijarla en todas: sálgome á la calle, éntrome por los

cafés, voyme á la Puerta del Sol, á Correos, al Museo de pinturas, á

todas partes, en fin, y en ninguna puedo decir que estoy en realidad.

Cualquiera me conocerá en estos días en que el fastidio se apodera de

mi alma, y en que no hay cosa que tenga á mis ojos color, y menos,

color agradable. En estos días llevo cara de filósofo, es decir, de mal

humor; una sonrisa amarga de indiferencia y despego á cuanto veo se

dibuja en mis labios; llevo conmigo un lente, no porque me sirva, pues

veo mejor sin él, sino para poder clavar fijamente el objeto que más

me choca, que un corto de vista tiene licencia para ser desvergonzado;

no saludo á ningún amigo ni conocido que encuentro, porque esto sería

hacer yo también un papel en la comedia de que pretendo ser únicamente

espectador, y que sólo para divertirme á mí creo por entonces que

representa el mundo entero. Mala crianza será, pero me acerco á

escuchar conversaciones de corrillos: es de advertir que cuando el

tedio me abruma con su peso, no puedo tener más que tedio. Recibo

insensible las impresiones de cuanto pasa á mi alrededor; á todas me

dejo amoldar con indiferencia y abandono; en semejantes días no hay

hermosas para mí, no hay feas, no hay amor, no hay odio.

Ésta es la razón por que me fuera imposible hacer hoy un artículo de

costumbres medianamente coordinado: si ha menester plan, si necesita

reflexión la cosa que hoy emprenda inútil me es emprenderla; conozco

que no he de poder llevarla á cabo.--Acaso encontraría, investigando

metafísicamente mi corazón, la causa que ha podido ponerme hoy en esta

extraña disposición de ánimo; pero este trabajo me cansaría, y he dicho

que no quiero hacer hoy impresiones sino recibirlas. En estos días es,

sin embargo, cuando colocado detrás de mi lente, que es entonces para

mí el vidrio de la linterna mágica, veo pasar el mundo todo delante de

mis ojos; é imparcial, ajeno de consideración que á él me ligue véole

tal cual se presenta en cada fisonomía, en cada acción que observo

indolentemente.

--¿Qué hace don Julián en ese café? Todos los días viene al dar las

cuatro: el mozo no ha menester que le hablen una palabra: apenas se ha

colocado aquél en su silla, ya tiene la cafetera encima de la mesa.

Toma, paga, y se duerme. Ésa es la principal ocupación de don Julián.

Tomar café una vez cada día.

--¿Y qué hace en el café aquel viejo? Treinta años ha que viene: todas

las tardes juega su partida de ajedrez: todas las tardes se la ven

jugar aquellos cuatro originales que tiene en derredor: ni él hace más

en la vida, ni ellos ven otra cosa. Eso es lo que se llama aislarse en

medio del mundo.

--¿Quién es aquél que cruza por aquella esquina? ¡Bello muchacho!

Pero no; conforme se acerca cuento las arrugas del rostro. ¡Ah! es

un joven de sesenta años. Á las ocho de la mañana sale vestido ya y

ceñido, prendido y ajustado: ni una mota, ni una arruga lleva el frac:

la bota es un espejo: el guante blanco como la nieve: la corbata no

hace un pliegue: el pelo rizado, mejor diremos pintado: en todos los

conciertos, en todos los bailes, en el paseo, en la luneta, erguido

siempre, bailando, coqueteando. ¿Nunca se descompone, nunca se ensucia?

¿Qué secreto posee? ¿No le crece nunca la barba? Jamás. Es sólo de

extrañar que vaya solo; ó acaba de dejar algunas señoras, ó va á

buscarlas. Las hablará de la ópera, del figurín, de lo mal que bailó

el solo Gasparito; ésta es la existencia del viejo verde: miradle

contraerse y revolcarse en su vanidad al lado de una hermosa: ¿es una

serpiente que se roza contra un árbol? No; el viejo verde al lado de

las bellas es una oruga que se desliza por entre las rosas.

--¿Han visto ustedes unas caras paradas, unos ojos mudos, unos

corbatines siempre iguales, un vestido regular y uniforme, unos cuerpos

ni elegantes ni mal vestidos, unos brazos que se balancean monótonos,

siempre con la regularidad y compás de las aspas de un molino? ¿Saben

ustedes que los hombres de esas señas hablen nunca nada que pueda ser

referido, escriban nada que deba ser leído, hagan una acción digna de

ser imitada? No; ésos son oficinistas ó propietarios. Se levantan,

fuman, dicen palabras, dan pasos, saludan, entran, salen, se ríen

(éstos nunca lloran), son hombres entre otros hombres. En una palabra,

duermen despiertos.

--¿Cómo hace aquel original para llevar hace diez años el mismo frac,

abrochado siempre del mismo modo, los mismos guantes, el mismo pañuelo

blanco al cuello con el mismo lazo, el mismo pantalón, la misma postura

de sombrero?... ¿No se desnuda ese hombre? ¿No envejece? Ése es el

judío errante.

--¿De qué habla don Cosme? Lo diré: don Cosme viene de la calle de la

Paz: allí acude todos los días á las ocho de la mañana: alarga una

mano á la banasta de los periódicos: es un parroquiano á la lectura

de papeles á cuarto. Hoy la Revista, mañana el _Boletín_... Gran

noticioso. Ése sabe siempre á punto fijo, de muy buena tinta, los

pormenores de la última batalla: sabe si don Miguel está en Coimbra,

en Lisboa ó en Badajoz: entiende muy bien la marcha de Nicolás, que

así llama él con franqueza al autócrata ruso. Suele sucederle luego

que los que él supuso entrar vencedores en un punto, entraron en él

prisioneros; pero todo es entrar. Estos hombres hablan siempre al oído:

contraen la costumbre de suponerse espiados por las grandes cosas que

creen decir: de resultas, si le encuentran á usted, le dirá al oído muy

secretamente: «Buenos días; beso á usted la mano».

--¿Hay nada más torpe en estos hombres amigos de usted que le ven

parado en una calle, y no conocen que cuando está usted parado es que

no quiere andar, que cuando está callado es que no quiere hablar?

--¡Dios me libre de un hombre amable! No iré á su casa, porque me

convidará. No le encontraré en la calle, porque vendrá á mí con los

brazos abiertos aunque me haya visto ayer; se enganchará de mí,

me preguntará de mi salud, de mis hijos, de mis comedias, de mis

artículos, de mis... Pero líbreme, aunque sea el diablo, de una mujer

amable; nunca sabré si me quiere ó si me estima, si es bien criada ó

tierna, si... ¡Válgame Dios! y líbreme, aunque sea el diablo, de una

mujer amable: ésa me volvería loco.

--Oigan ustedes á don Lucas Mentirola. Ése viene siempre de donde

sucede algo. ¿Ha habido fuego? «Vengo de allí: hace estragos

horrorosos».--¿Ha llegado el tenor nuevo? «Sí, responde, le acabo de

dar un abrazo: viene gordo, y su voz es un portento; le hice entrar

en un portal y cantar un rato... por mí lo hizo. Es gran muchachón,

rubio, alto, ¡extranjero!» Al otro día se sabe que el tenor no ha

llegado, y si ha llegado es chiquito, negro, bizco...--¿Está malo algún

sujeto marcado? «Hoy está mejor, dice; se ha reído mucho conmigo;

una hora he estado con él». Luego se averigua que el que tanto se ha

reído estaba ya enterrado.--¿Quién es aquel botarate?--¿Aquél?: un

monstruo; aquél se prevale de la bondad, del candor de la casa donde

le reciben; hay una mujer hermosa; nada la dice; sin embargo afecta

ir á la casa á horas de franqueza; la acompaña al Prado; en baile ó

sarao donde está ella está él; siempre al lado de la hermosa, siempre

baila con ella; cuando ella no le ve, finge mirarla con zelos de algún

otro; afecta disimulo, que en realidad no puede existir, pues nada hay

que disimular. ¿Se retiran? Siempre da el brazo á la hermosa. Ella en

tanto, á quien nada dice, que nada nota en él de galanteo, está bien

lejos de creer que el público malicioso no habla de otra cosa sino

de sus amores con fulanito. Fulanito tiene amor propio, no amor. Se

contenta con que las gentes crean que es feliz; para él no hay otro

modo de serlo. ¡Qué horrible carácter! ¡Qué triste buena fe la de su

víctima que no lo conoce!

Obras completas de Fígaro, Tomo 2 · 第 18 / 75 题