BELISEA, JUSTINA, LUCENDO.

[_Bel._]--O soberano Dios y quán rodeada me veo de

congoxas, que cada una de ellas basta a ponerme a las

manos de la muerte. Porque lo que tracto al presente es

muy contra lo quo deuo a la virtud, y al estado de mi

recogimiento, y a las costumbres de donzella, al crédito

que de mi es tenido, al tierno amor de mi cano padre y

a la antigua nobleza de mi sangre. Ay de mí, que no sé

cómo ya puede estar segura la virtud en vn tan combatido

y flaco supuesto como el mio. Ay, mi viejo padre, que si

tú no pusieras en mí más crédito del que mi flaqueza y

poca experiencia requeria, ni la libertad a mí me vuiera

dado occasion a desmandar me, ni la honra de tu casa y

el sosiego de tu vejez esperara de mí el pago que agora

tracto de te dar. Porque bien sé que hago mal en admitir

sin tu licencia estas mensajerias de parte del que espero

hablar esta noche. Pero pues ya no puedo no amarle, ni

en lo hecho ay tanto yerro que no pueda ser todo guiado

en bien, quiero leer esta carta, para ver si él quiere

amar me en aquel amor que yo en Prado le dixe. Porque si

con amor limpio me ama, estendere yo las velas de mis

desseos en querer le. Pero si toda via guia como antes

desordenadamente, yre yo, con el diuino acorro, teniendo

la rienda a su pasion con la guarda de mi honestidad,

aunque no podré menos de mostrarle aquellas muestras de

amor que me meresce su perseuerancia.

Orígenes de la novela, Tomo III · 第 275 / 502 题