[_Bel._]--O soberano Dios y quán rodeada me veo de
congoxas, que cada una de ellas basta a ponerme a las
manos de la muerte. Porque lo que tracto al presente es
muy contra lo quo deuo a la virtud, y al estado de mi
recogimiento, y a las costumbres de donzella, al crédito
que de mi es tenido, al tierno amor de mi cano padre y
a la antigua nobleza de mi sangre. Ay de mí, que no sé
cómo ya puede estar segura la virtud en vn tan combatido
y flaco supuesto como el mio. Ay, mi viejo padre, que si
tú no pusieras en mí más crédito del que mi flaqueza y
poca experiencia requeria, ni la libertad a mí me vuiera
dado occasion a desmandar me, ni la honra de tu casa y
el sosiego de tu vejez esperara de mí el pago que agora
tracto de te dar. Porque bien sé que hago mal en admitir
sin tu licencia estas mensajerias de parte del que espero
hablar esta noche. Pero pues ya no puedo no amarle, ni
en lo hecho ay tanto yerro que no pueda ser todo guiado
en bien, quiero leer esta carta, para ver si él quiere
amar me en aquel amor que yo en Prado le dixe. Porque si
con amor limpio me ama, estendere yo las velas de mis
desseos en querer le. Pero si toda via guia como antes
desordenadamente, yre yo, con el diuino acorro, teniendo
la rienda a su pasion con la guarda de mi honestidad,
aunque no podré menos de mostrarle aquellas muestras de
amor que me meresce su perseuerancia.