PRIMERAS IMITACIONES DE LA «CELESTINA».--«ÉGLOGA»,
DE D. PEDRO MANUEL DE URREA.--SU «PENITENCIA
DE AMOR».--FARSA DE ORTIZ DE STÚÑIGA.--ROMANCE
ANÓNIMO.--RODRIGO DE REINOSA Y OTROS AUTORES DE
PLIEGOS SUELTOS.--«CELESTINA» VERSIFICADA, DE JUAN
SEDEÑO.--COMEDIAS «HIPÓLITA», «SERAPHINA» Y «THEBAYDA»,
DE AUTOR ANÓNIMO.--FRANCISCO DELICADO Y SU «RETRATO DE
LA LOZANA ANDALUZA».--ESCASA INFLUENCIA DEL ARETINO EN
ESPAÑA: REFUNDICIÓN DEL «COLOQUIO DE LAS DAMAS», POR
FERNÁN XUÁREZ.--CONTINUACIONES LEGÍTIMAS DE LA OBRA DE
FERNANDO DE ROJAS.--«SEGUNDA CELESTINA» Ó «RESURRECCIÓN
DE CELESTINA», DE FELICIANO DE SILVA.--«TERCERA
CELESTINA», DE GASPAR GÓMEZ DE TOLEDO.--«TRAGICOMEDIA DE
LISANDRO Y ROSELIA», DE SANCHO MUÑÓN.--LA «CELESTINA»
EN PORTUGAL; IMITACIONES DE JORGE FERREIRA DE
VASCONCELLOS: LA COMEDIA «EUPHROSINA».--SU TRADUCCIÓN,
POR BALLESTEROS Y SAAVEDRA.--OTRAS IMITACIONES
CASTELLANAS DE LA «CELESTINA».--«TRAGEDIA POLICIANA»,
DE SEBASTIÁN FERNÁNDEZ.--«COMEDIA FLORINEA», DE JUAN
RODRÍGUEZ FLORIÁN.--«COMEDIA SELVAGIA», DE ALONSO DE
VILLEGAS.--«COMEDIA SELVAJE», DE JOAQUÍN ROMERO DE
CEPEDA.--«LA DOLERIA DEL SUEÑO DEL MUNDO», COMEDIA
ALEGÓRICA DE PEDRO HURTADO DE LA VERA.--«LA LENA» Ó «EL
CELOSO», DEL CAPITÁN D. ALONSO VELÁZQUEZ DE VELASCO.
El más antiguo de los imitadores de _La Celestina_ fué el prócer
aragonés D. Pedro Manuel de Urrea, hijo segundo de los condes de
Aranda y autor de un notabilísimo _Cancionero_ impreso en Logroño en
1513[276], que sale mucho de la monotonía de los libros de su clase,
y anuncia, á lo menos en esperanza, un poeta sincero y humano. Ya en
otra ocasión[277] hemos procurado trazar los rasgos característicos
de su simpática fisonomía, que dan tanto precio á algunos de sus
_villancicos_ y á sus composiciones de índole personal y doméstica.
Aquí sólo nos incumbe tratar de las dos obras (desconocida una de
ellas hasta nuestros días) en que ensayó la imitación de la famosa
_Tragicomedia_, catorce ó quince años después de publicada.
La primera de estas imitaciones se halla al fin de su Cancionero con
el encabezamiento siguiente:
_Égloga de la Tragicomedia de Calisto y Melibea, de prosa trobada en
metro, por Don Pedro de Urrea, dirigida á la condesa de Aranda, su
madre._
Es muy probable que este fragmento se representase en alguna fiesta
de familia; á lo menos el autor le tenía por representable, según las
prevenciones que hace en el _Argumento_:
«Esta egloga ha de ser hecha en dos vezes: primeramente entra Melibea,
y luego despues Calisto, y pasan ally las raçones que aquí parescen,
y al cabo despide Melibea a Calisto con enojo y salese el primero; y
despues luego se va Melibea, y torna presto Calisto muy desesperado a
buscar a Sempronio, su criado, y los dos quedan hablando, hasta que
Sempronio va a buscar a Celestina para dar remedio a su amo Calisto.
Está trovado esto hasta que queda solo Calisto, y ally acaua; y por no
quedar mal vanse cantando el villancico que está al cabo».
El título de _égloga_ y la forma metrificada han sido sugeridas, á
no dudarlo, por el ejemplo de Juan del Enzina. Urrea mismo indica
la división en dos escenas cortas que contienen menos de una cuarta
parte del texto original del primer acto[278]. No puede creerse de
ningún modo que este solo le fuese conocido, ni que trabajase sobre
un manuscrito, puesto que en 1513 existían ya siete ú ocho ediciones
castellanas de la _Celestina_, unas con el texto en diez y seis actos
y otras con el definitivo de veintiuno. Si levantó Urrea la mano del
trabajo, bien excusado, de versificarla, sería por cansancio ó por
haber encontrado más dificultades que al principio, ó sencillamente
porque creyó que bastaba con aquella pequeñísima parte para construir
una sencilla fábula ó más bien un diálogo semidramático, sin acción,
nudo ni desenlace, como los que entonces se estilaban.
Entendemos que á Urrea alude, y no á otro, el P. Baltasar Gracián
cuando atribuye toda la _Celestina_ á un _encubierto aragonés_:
desatino de marca, pero que puede tener explicación. Gracián, que
era hombre de mucha y varia lectura, pero no erudito de profesión,
conocía probablemente el _Cancionero_ de Urrea, y al encontrarse allí
con un fragmento de la _Celestina_ en verso, en que nada se dice del
autor primitivo, pudo pensar que el hijo de la condesa de Aranda había
versificado su propia prosa. En los versos acrósticos no se fijó, ó no
les dió valor, y acaso su ejemplar careciese de ellos, como carecen
algunas _Celestinas_ tardías. Por lo demás, con decir que Urrea,
nacido probablemente en 1486, tendría á lo sumo doce ó trece años
cuando se publicó por primera vez la _Celestina_, queda demostrada la
imposibilidad física de tan extravagante atribución[279].
Lo que prueba su _Égloga_, que no creemos muy anterior á la fecha
del _Cancionero_[280], es la inmensa popularidad de que ya gozaba la
obra original de Fernando de Rojas y el carácter dramático que todos
la atribuían. Y prueba también la facilidad y soltura de rimador que
tenía Urrea, puesto que en sus coplas octosilábicas se ciñe de tal
suerte al texto de Rojas, que más bien le calca que le traduce, con
cierto desaliño sin duda, pero mostrando verdadero instinto del diálogo
escénico. Véase la primera escena de la _Égloga_, y cotéjese con el
texto de la _Celestina_ que va al pie[281]: