Moro alcaide, moro alcaide,
el de la bellida barba,
el rey te manda prender
por la pérdida de Alhama;
Y cortarte la cabeza
y ponerla en el Alhambra,
porque a ti sea castigo,
y otros tiemblen en mirarla;
Pues perdiste la tenencia
de una ciudad tan preciada.
El alcaide respondía,
desta manera les habla:
«Caballeros, y hombres buenos
los que regís a Granada,
decid de mi parte al rey
como no le debo nada.
Yo me estaba en Antequera
en bodas de una mi hermana;
mal fuego queme las bodas
y quien a estas me llevara,
El rey me dio la licencia
que yo no me la tomara;
pedila por quince días,
diómela por tres semanas.
De haberse Alhama perdido
a mí me pesa en el alma,
que si el rey perdió su tierra,
yo perdí mi honra y fama:
Perdí una hija doncella,
que era la flor de Granada;
el que la tiene cautiva
marqués de Cádiz se llama.
Cien doblas le doy por ella,
no me las estima en nada:
la respuesta que me han dado
es, que mi hija es cristiana,
Y por nombre le habían puesto
Doña María de Alhama:
el nombre que ella tenía
mora, Fátima se llama.»
Diciendo esto el alcaide
lo llevaron a Granada,
y siendo puesto ante el rey,
la sentencia le fue dada,
Que le corten la cabeza,
y la lleven al Alhambra:
se ejecutó la sentencia,
así como el rey lo manda.
Pues habiéndose hecho esta justicia del alcaide de Alhama, se comenzó
a tratar entre todos los caballeros que el tío del rey saliese con la
gente de su bando a tomar venganza de la pérdida de Alhama, o a buscar
otras ocasiones para vengarse de los cristianos; a lo cual el tío les
respondió que harto hacía en guardar la ciudad y tenerla en paz, y que
por esta causa no salían él ni los de su bando de ella.
Tratando en estas cosas todos los caballeros que estaban a la
obediencia del rey Chico, dijeron que de ley de razón al hijo se
le debía la corona, y no al hermano, y que guardar esta ley era de
caballeros nobles; y como esto se considerase, todos los más linajes
le dieron la obediencia al rey Chico, así como Gazules, Aldoradines,
Venegas, Alabeces; y los de este bando, que eran enemigos de los
Zegríes, no atendieron a enemistades pasadas, pudiendo más la razón
que el rencor, y más la nobleza que la malicia; de tal suerte, que con
el tío del rey Chico no quedaron sino Almoradís, Marines y algunos
caballeros y gente ciudadana.
Pues todos estos, como hemos dicho, decían, que el infante Abdalí
saliese a buscar algunas ocasiones contra cristianos, de suerte que se
vengase la toma de Alhama, y que no estuviese arrinconado, como hombre
inútil y de poco valor, pues pretendía tener cetro y corona.
A todo esto respondía el infante lo que habéis oído, y que él quería
guardar a Granada, que era de más importancia que ir a buscar
cristianos a sus casas: lo mismo decían los Almoradís y Marines; y a
cerca de esto Malique Alabez, lleno de cólera y saña, les dijo:
--Que eran cobardes y ruines, y que no hacían a ley de caballeros en no
salir a buscar cristianos con quien pelear, y querer por fuerza hacer
rey a quien no lo merecía por su persona, ni le venía de derecho.
Los Almoradís oyendo estas palabras pusieron mano a las armas contra
los Alabeces, y ellos también. Los Gazules no se holgaron viendo
este acontecimiento; y así pusieron mano en las armas y dieron en
los Almoradís y Marines, de suerte que en poco tiempo mataron más de
treinta de ellos, y los Almoradís mataron muchos Gazules y Alabeces.
De tal manera se revolvieron los bandos unos con otros que se ardía
Granada y se derramaba mucha sangre de ambas partes; mas siempre
llevaron lo peor los Almoradís y Marines, aunque tenían de su parte
gran copia de la gente común, y otros linajes de caballeros; y tan
mal les fue que se hubieron de retirar todo lo mejor que pudieron al
Albaicín.
Los dos reyes salieron cada uno a favorecer su parte; y si no fuera
por los alfaquíes, y por muchos señores que se pusieron por medio,
perecieran, y también porque Muza con mucha gente de a caballo fue
apaciguando la pendencia; y no sabía contra quien fuese, porque el
rey Chico era su hermano, y el infante su tío; pero considerando que
derechamente era el reino de su hermano, era más de su bando.
Este día hubo tan grande revuelta que fue causa para que el furor del
amotinado pueblo cesase, y se reconciliasen en amistad; y así se hizo
un crecido escuadrón de gente de a caballo y de a pie.
Y como el rey Chico los viese con tan grande voluntad de ir a pelear
contra los cristianos, propuestos de morir o vengar la pérdida de
Alhama, salió de Granada con ellos, yendo con acuerdo de no detenerse
hasta entrar bien adentro de Andalucía, y hacer una gran cabalgada,
o rendir alguna fuerza de cristianos; y con este propósito marcharon
hasta llegar legua y media de Lucena, donde el rey mandó hacer de toda
su gente tres batallas: la una tomó él a su cargo, y la otra dio a un
alguacil mayor, y la otra a un capitán de Loja, llamado Aliatar, y
todos corrieron la tierra e hicieron una muy gran presa.
Esta corrida de los moros se supo en Lucena, Baena y Cabra; y así salió
el conde de ella, y el valiente alcaide de los Donceles con mucha
gente, y pelearon con los moros; los cuales como vieron venir tal
tropel de cristianos, juntaron sus tres batallas y pusieron enmedio la
cabalgada.
Los valientes andaluces dieron en los moros de tal forma que, aunque
se defendieron con gran valor, fueron desbaratados, y junto al arroyo
del puerco, que otros llaman el arroyo de Martín González, fue preso el
rey de Granada y otros muchos con él. Los moros que escaparon fueron
huyendo la vuelta de Granada. El rey fue llevado a Baena, y de allí a
Córdoba, para que le viese el rey D. Fernando.
Fuéronle enviados mensajeros al rey Católico para que tratase de
rescate del rey Chico; y sobre si se rescataría, o no, hubo muchas
diferencias entre los del consejo y grandes de Castilla.
Al fin se acordó de darle libertad con que fuese vasallo del rey D.
Fernando; y así juró, de ser leal y fiel con que le diese su favor y
ayuda para conquistar algunos lugares que no le querían obedecer, sino
a su padre.
El rey D. Fernando lo prometió así; y le dio cartas para todos los
capitanes cristianos que estaban en las fronteras de Granada, para
que le ayudasen en lo que el rey Chico quisiese, y que a los moros
que quisiesen ir a labrar tierras fuera de Granada, no se les hiciese
perjuicio.
Y habiendo asentado y jurado todo lo dicho, pidió licencia el rey de
Granada al rey Católico, y dándosela con muchos presentes, se fue a su
patria.
Y como su tío Abdalí y los demás caballeros de Granada supieron el
trato que había hecho el reyecillo con el rey D. Fernando, les pareció
muy mal; y recelándose de que por esta causa se perdiese Granada, el
infante Abdalí les hizo a todos el siguiente parlamento, diciendo así:
--Claros, ilustres y muy esforzados caballeros que tan injusto odio
me tenéis, sin razón ni legítima causa: bien sabéis como mi sobrino
fue alzado por rey de Granada, sin ser muerto mi hermano Mulahacén, su
padre, por una causa muy ligera; solo porque degolló cuatro caballeros
Abencerrajes, que lo merecían, y por esto le quitasteis la obediencia,
y alzasteis a su hijo por rey contra toda razón y derecho; y mi
sobrino, habiendo, con vuestro favor, degollado treinta caballeros
Abencerrajes sin ninguna culpa; habiendo levantado tal testimonio a su
mujer, reina nuestra, por donde tantos escándalos, muertes y guerras
civiles ha habido en esta ciudad, le tenéis obediencia y le amáis, sin
mirar que no es digno de ser rey, pues su padre es vivo; y sin esto
mirad ahora lo que ha hecho y concertado con el rey D. Fernando de
Castilla, que le han de dar gente belicosa para hacer guerra con ella
a los pueblos que no le han querido obedecer, y siempre han estado en
la obediencia de su padre; y más le da al rey cristiano tantas mil
doblas de tributo, después de haberse perdido él y los suyos en esta
entrega que ha hecho tan sin causa. Ya que Alhama fue perdida, no tenía
necesidad sino de reparar las fuerzas, pues Alhama no se podía cobrar
al presente, y por tiempo se pudiera restaurar. Pues considerando
ahora, caballeros, a vos digo Zegríes, Gomeles, Mazas y Venegas,
allegados a mi sobrino con tanta vehemencia, si ahora metiese gente
cristiana y guerras en Granada, ¿qué esperanza podríais tener, y qué
seguridad para que no se levantasen con su tierra? ¿No sabéis que los
cristianos son gente feroz y belicosa, todos con ánimo levantado hasta
el cielo? Si no mirad lo de Alhama cómo ha sido, y cuán presto la han
atropellado. Pues Alhama gente de guerra tenía dentro para defenderla:
mirad cómo no la defendieron. Pues si entrasen estos en Granada, y
tuviesen lugar de ver las murallas y torres, ¿quién quita que luego no
fuese ganada por los cristianos? Abrid, amigos, los ojos, y no deis
lugar a mayores males. Mi sobrino no sea admitido por rey, pues es
amigo del rey cristiano. Mi hermano es rey, y por ser ya viejo tengo
yo el gobierno de la corona real: si él muere, y mi padre fue rey de
Granada, ¿por qué no lo seré yo, pues de legítimo derecho me viene, y
la razón lo pide? De necesidad es menester: ahora cada uno responda, y
dé su voto a lo que tengo propuesto y dicho, y sea la respuesta tocante
al bien del reino.
Fueron tan eficaces estas razones que dijo el infante Abdalí contra
su sobrino, que los alfaquíes y demás caballeros, especialmente
Almoradís y Marines, fueron de común acuerdo que el rey Chico no fuese
admitido en Granada, y que el tío fuese alzado por rey, y entregado
en el Alhambra; lo cual le fue dicho a Mulahacén, el que agravado de
pesadumbres y males salió de su voluntad del Alhambra, y se apoderó
en el Alcazaba junto con su familia; y su hermano fue apoderado en el
Alhambra con título de rey, aunque contra la voluntad de los Zegríes,
Mazas, Gomeles, Gazules, Alabeces, Aldoradines y Venegas; pero
disimularon por ver en qué paraban aquellas cosas.
El rey Chico llegó a Granada con muchas joyas y presentes que el rey
D. Fernando le había dado. Los de Granada no le quisieron acoger ni
recibir, diciéndole que el moro que hacía alianzas y paces con los
cristianos no había que fiar de él. Visto por el rey que no le querían
recibir, y sabiendo que su tío estaba apoderado en el Alhambra, se fue
a la ciudad de Almería, que era tan grande como Granada, y de tanto
trato y cabeza de reino, donde le recibieron como a su rey.
Desde allí requería a algunos lugares que le diesen la obediencia, y si
no que los destruiría. Los lugares no se la quisieron dar, por lo cual
les hacía guerra con cristianos y moros.
En esta sazón murió el rey viejo, con cuya muerte se renovaron los
bandos, porque visto el testamento que había hecho en vida, hallaron en
él la traición que su hermano había intentado contra él, y cómo dejaba
su hijo por heredero del reino, y que fuese obedecido de todos, y si
no, que la maldición de Mahoma viniese sobre ellos.
Por esto comenzaron nuevos escándalos, porque el reino le venía al hijo
de Mulahacén, y no al infante. En esto estuvieron tratando muchos días,
en los cuales le aconsejaron al infante que procurase con diligencia
matar a su sobrino, y muerto, reinaría en paz.
Admitió este consejo, y determinó el ir a Almería a matarle; y primero
escribió a los alfaquíes de Almería lo que su sobrino había tratado
con el rey D. Fernando, de lo cual les pesó, y le enviaron a decir que
ellos darían entrada secretamente en Almería; que le viniese a prender
o matar.
Vista esta respuesta por el infante, se partió con secreto llevando
algunos caballeros consigo, y en llegando a Almería los alfaquíes les
entraron secretamente, y cercando la casa real, procuró prender o
matar a su sobrino; pero oyendo el alboroto, avisaron al rey Chico
y él escapó huyendo con algunos de los suyos, y se fue a tierra de
cristianos.
El infante quedó muy enojado por haberse escapado el sobrino; pero allí
en Almería halló un muchacho, sobrino suyo y hermano del rey Chico, y
le hizo degollar, porque si el rey Chico moría, pudiese él reinar sin
que nadie se lo impidiera: pasado esto se volvió a Granada donde estuvo
apoderado del Alhambra y ciudad, y obedecido por rey del reino, aunque
no del todo, porque todavía entendían que aquel no era su señor natural.
El rey Chico se fue adonde estaba el rey D. Fernando y la reina
Doña Isabel, y contó toda su tragedia; de todo lo cual pesó mucho a
los cristianos reyes, y le dieron unas cartas al rey moro para el
gobernador y capitán de todas las fronteras del reino de Granada,
especialmente para Benavides que estaba en Lorca con gente de
guarnición; y dando al rey moro muy grande cantidad de dinero, y otras
cosas de valor, le envió a Vélez el Blanco, donde fue bien recibido
él y los suyos; y asimismo en Vélez el Rubio, donde estaba un alcaide
moro, que se decía Alabez, y en Vélez el Blanco estaba un hermano suyo.
Estando aquí el rey Chico entraba y salía en los reinos de Castilla
a cosas que le cumplían, donde era de los cristianos favorecido
por mandado del rey D. Fernando; y a este tiempo habían ganado los
cristianos muchos lugares de Granada, así como Ronda, Marbella y otros
pueblos comarcanos, Loja y sus contornos.
El tío del rey Chico no se aseguraba un punto, porque tenía el
reino tiranizado y siempre procuraba la muerte del sobrino, porque
no reinase, y prometía muchas cosas a quien le matase con yerbas o
violentamente; y no faltaron cuatro moros codiciosos a las promesas que
le dieron palabra de matar al rey Chico; y para la ejecución los envió
con cartas para su sobrino, porque no se recelasen de ellos, atento a
que él no le hacía guerra, y que como de paz le enviaba aquel mensaje
con blandas y cautelosas palabras, que decían así:
«Amado sobrino: no obstante las causas de las pasadas guerras que
habemos tenido por el reino, sabiendo ya que verdaderamente es
vuestro por una cláusula del testamento de mi hermano, donde dice
que vos sois heredero de él, he acordado que seáis entregado en la
posesión de él, y le recibáis debajo de vuestro amparo, como rey y
señor de él, dándome un lugar en que esté contento para pasar mi
vida, que con esto viviré gustoso; y mirad que os lo requiero de
parte de Dios Todopoderoso, y de Mahoma, su fiel mensajero, porque
el reino de Granada se va perdiendo, sin que en nada haya reparo.
Por tanto, vistos estos mis recados, vos venid a Granada muy seguro,
como rey y señor de ella. De todo lo pasado estoy muy arrepentido,
y así espero el perdón de vos, como de mi señor y rey; y mirad que
si tenemos división y guerras civiles, el reino será perdido; y no
viniendo a él, le entregaré a vuestro hermano Muza, el cual lo tiene
por deseo de gobernar; y si él se apodera del reino, y los grandes le
juramos por rey, con dificultad será desposeído. Ceso, y de Granada
etc.--_Muley Abdalí._»
Esta carta dio el infante a cuatro moros valientes y conjurados, para
que en acabándosela de dar le matasen; y si no pudiesen buenamente
salir con su intención, que se viniesen. No faltó quien diese aviso de
esto al rey Chico para que se guardase.
Llegados los mensajeros a Vélez el Blanco preguntaron al alcaide Alabez
por el rey. Él respondió que allí estaba, y qué era lo que querían.
--Traemos unos recados del rey su tío.
Alabez dijo:
--¿Cómo puede ser su tío rey, habiendo legítimo heredero en el reino?
--Eso no sabemos nosotros --respondieron los mensajeros--, más de que
nos mandó venir con estos recados.
--Pues dadme las cartas --dijo el alcaide--, que vosotros no le podéis
entrar a hablar.
--No las podemos dar sino en sus manos --respondieron ellos.
--Pues aguardad aquí. Avisaré al rey --dijo Alabez; y lo hizo, y dijo
si los dejaría entrar o no.
El rey mandó que los dejase entrar para oír su mensaje; y mandó a doce
caballeros Zegríes y Gomeles que estuviesen prevenidos en su sala por
si había alguna traición.
Esto hecho, y el alcaide alistado de armas, volvió a los mensajeros y
les dijo que entrasen; y entrados donde estaba el rey, y viéndole que
estaba tan acompañado, disimularon, y alargando la mano el un mensajero
para darle al rey los despachos, se los quitó el alcaide y se los dio
al rey; y abriendo la carta la leyó toda, y como estaba avisado de
la traición, mandó luego que prendiesen a los mensajeros, y dándoles
tormento confesaron la verdad, y fueron sentenciados a muerte, y los
ahorcaron de las almenas del castillo; y el rey Chico respondió a su
tío en una carta lo siguiente:
«El muy poderoso Dios, criador del cielo y la tierra, no quiere que
las maldades de los hombres estén ocultas, sino que a todos sean
patentes, como ha hecho en haber descubierto tu maldad. Recibí tu
carta, más llena de engaños que el caballo de los griegos. Ahora
me prometes amistad, que estás harto de perseguirme, matando a mis
familiares y caballeros que me seguían. Traigo por testigos de esto a
los de Almería que lo sabían, y a mi inocente hermano que degollaste.
No sé por cuál razón hiciste tal crueldad; mas yo confío en Dios que
algún día me lo pagarás con tu cabeza, y los de Almería no quedarán
sin castigo. El reino que tienes era de mi padre, y de derecho es
mío; quereisme todos mal porque trato con cristianos: bien sabéis que
por comunicar con ellos labran los moros sus tierras, y tratan en sus
mercaderías seguramente: los cuales no lo hacen estando debajo de tu
dominio contra toda razón. Avísote que algún día he de estar sobre
tu cabeza, y me pagarás la traición que contra mi padre cometiste, y
la que a mí ahora querías hacer debajo de tus melosas palabras; pues
sábete que adonde tú estás tengo quien me da aviso de tus traiciones.
Enviaste cuatro mensajeros, tales como tú, para que me diesen muerte,
y pagaron su maldad, y confío que tú pagarás la tuya. Las joyas que
me enviaste las quemé en pública plaza a vista de todos, recelándome
de tus traiciones. No sé por qué las usáis siendo de linaje de reyes
y teniéndoos por tal: no más. De Vélez el Blanco, etc.--_El rey de
Granada natural._»
Esta carta escrita, la envió a Granada con otra que iba para Muza, y
él se la dio a su tío, el cual como supo que a los mensajeros que él
envió para matar a su sobrino los habían ahorcado habiendo confesado la
traición, se halló muy confuso; mas disimulando, andaba cuidadoso y con
recato de su persona.
Muza leyó la carta de su hermano y decía:
«No sé, amado hermano, cómo tu valor consiente que un tirano sin
razón ni ley tenga usurpado el reino de nuestro padre y abuelos, y
que me persiga y tenga desterrado de lo que es mío. Si están mal
conmigo los Almoradís y Marines por la muerte de los Abencerrajes,
quien fue la causa de ello pagó la culpa, y yo como rey usaba
justicia. Si siendo cautivo traté amistad con cristianos, fue por mi
libertad, y por el bien de Granada, porque con el favor de ellos las
tierras se labran. Poco hacía al caso pagar al rey tributo, dejando
nuestro reino en paz. Ahora veo que va peor teniendo Granada otro
rey, porque los cristianos se van apoderando del reino y ensanchando
el suyo. Por Dios te ruego, que pues tu valor es para todos bastante,
que tomes a tu cargo mi defensa por la honra de ambos; y considera la
ambición de este tirano, pues derramó la sangre de nuestro inocente
hermano. Dame aviso de todo. De Vélez el Blanco, etc.--_Tu hermano el
rey._»
Así como Muza leyó la carta su hermano fue muy indignado contra su
tío, especialmente por la muerte de su tierno hermano; y así luego
enseñó la carta a sus amigos los caballeros Alabeces, Almoradís,
Gazules, Venegas, Zegríes, Gomeles y Mazas, porque también eran amigos
de su hermano; y habiendo visto por ella la disculpa que daba de la
muerte de los Abencerrajes, y el arrepentimiento que mostraba del
testimonio levantado a la reina, acordaron entre todos los caballeros
de escribir al rey Chico que viniese a Granada con secreto, y que
entrase en el Albaicín por la puerta de Fajalauza, y que se entregaría
de la fortaleza de Blo Albulut, antigua morada de los reyes, porque era
alcaide de ella Muza.
Aquesta carta fue enviada al rey Chico, el cual como la leyó y vio la
firma de su hermano Muza y de algunos caballeros, luego se dispuso
para ir a Granada, y también porque se le iban los moros que tenía en
su guarda y servicio, y le quedaban ya pocos; y así se partió y llegó
una noche muy oscura a la puerta de Fajalauza con solos cuatro de a
caballo, porque los demás se habían quedado apartados un poco atrás, y
como llegó llamó a la puerta.
Los guardas preguntaron quién era, y él dijo, vuestro rey soy. Luego le
conocieron, y como estaban ya avisados de Muza que si viniese le diesen
franca puerta, al punto le abrieron y entró con toda su gente.
En sabiendo Muza su venida le fue a recibir, y le metió en la fuerza
del Alcazaba. Aquella noche fue el rey a casa de algunos caballeros de
los más principales del Albaicín a decirles su venida, y como era para
cobrar su reino con su ayuda. Todos los caballeros le prometieron su
favor; y habiendo visitado a los caballeros de consideración se volvió
al Alcazaba.
Al otro día por la mañana se supo por toda la ciudad de Granada la
venida del rey Chico, y tomaron las armas para ofenderle como a rey.
El rey viejo su tío que estaba en el Alhambra, como supo la venida
de su sobrino el rey Chico, hizo armar mucha gente de la ciudad para
pelear contra los del Albaicín, y entre unos y otros hubo una cruel
batalla, en la cual murieron muchos de ambas partes.
De la parte del rey viejo eran Aldoradines, Marines, Alabeces,
Bencerrajes y otros muchos caballeros.
De la parte del rey Chico eran Zegríes, Gomeles, Mazas, Venegas,
Alabeces, Gazules, Aldoradines y otros muchos caballeros principales.
Fue tan reñida aquesta refriega que ninguna de las pasadas le llegó,
porque hubo mucha mortandad y derramamiento de sangre.
El valor de Muza, que seguía la parte de su hermano, era causa de que
los de la ciudad lo pasasen peor, aunque ya les tenían aportillado el
muro por tres o cuatro partes; lo cual visto por el rey Chico, envió a
gran priesa a pedir socorro a D. Fadrique, capitán general puesto por
el rey D. Fernando, haciendo saber como estaba en el Albaicín en gran
peligro, porque su tío le hacía cruel guerra.
D. Fadrique le socorrió por mandado del rey Chico, y le envió mucha
gente de guerra, arcabuceros todos, y por capitán de ellos a Hernando
Alabez, alcaide de Colomera.
Con este socorro los moros se holgaron mucho, especialmente porque D.
Fadrique les envió a decir que peleasen como varones fuertes por su
rey, que era aquel, y que les daba palabra que seguramente podían salir
a la Vega a sembrar y labrar sus tierras sin que nadie se lo estorbase.
Con este favor tomaron grande ánimo los moros, y peleaban como leones
con el ayuda de los cristianos, a los cuales no les faltaba nada de lo
que habían menester.
Estas batallas duraron cincuenta días, sin cesar de pelear de día y
de noche, y después de ellos se retiraron los de la ciudad con mucha
pérdida de su gente, por el valor de los cristianos y de Muza; y el rey
Chico reparó las murallas y puso gran defensa para estar seguro.
Los cristianos fueron muy bien tratados; los moros del Albaicín salían
a la Vega y a sus campos a labrar las tierras, todo lo cual fue causa
para que casi los más siguiesen el bando del rey Chico; pero no por
esto se dejaban las continuas batallas entre los de la ciudad y
Albaicín.
Los moros de la ciudad tenían más trabajo, porque peleaban con los
cristianos de las fronteras, y con los moros del Albaicín; de suerte
que de continuo tenían guerra.
En este tiempo fue cercada Vélez-Málaga por el rey D. Fernando. Los
moros de Vélez enviaron a pedir socorro a los de Granada. Los alfaquíes
amonestaron y requirieron al rey viejo que fuese a favorecer a los
moros de Vélez.
El rey cuando lo supo se turbó, porque nunca imaginó que los cristianos
osarían entrar tan adentro, y temiose salir de Granada, recelándose
que en saliendo se alzaría su sobrino con la ciudad y se apoderaría en
el Alhambra.
Los alfaquíes le daban priesa diciendo:
--Di, Muley, ¿de qué reino piensas ser rey, si todo lo dejas perder?
Las sangrientas armas que sin piedad movéis en vuestro daño aquí en
la ciudad, movedlas contra los enemigos, y no matando a los mismos
naturales.
Estas cosas decían los alfaquíes al rey, y predicando por las calles
y plazas, que era justo y conveniente cosa que Vélez-Málaga fuese
socorrida.
Tanta era la persuasión de estos alfaquíes, que al fin se determinó de
ir a socorrer a Vélez-Málaga; y habiendo llegado se puso en lo alto de
una sierra, dando muestra de toda su gente.
Los cristianos le acometieron, y no osó aguardar sino se volvió huyendo
él y su gente, y dejaban los campos por donde pasaban poblados de
muchas armas, por poder huir a la ligera.
El rey se fue a Almuñecar, y de allí a la ciudad de Almería y Guadix.
Todos los demás moros se tornaron a Granada, donde sabiendo los
alfaquíes y caballeros lo poco que había hecho el rey en aquella
jornada, y que como cobarde había huido, llamaron al rey Chico y
le entregaron el Alhambra, y le alzaron por su rey, a pesar de los
caballeros Almoradís y Marines, y de todos los demás de su bando, que
eran muchos; aunque es verdad que los de la parte del rey Chico eran
más, y todos muy principales.
Habiendo entregado al rey Chico la Alhambra y todas las demás fuerzas,
en las cuales puso gente de confianza, los moros le suplicaron pidiese
al rey D. Fernando seguro para que la Vega se sembrase; y así lo envió
a suplicar, y que todos los lugares de moros que estaban fronteros de
los lugares de cristianos, que le obedeciesen a él, y no a su tío, y
que para ello les daría seguro de que pudiesen sembrar y tratar en
Granada segura y libremente.
Todo lo cual le otorgaron los reyes Católicos por ayudarle; y así el
rey cristiano escribió a los lugares de los moros que obedeciesen al
rey Chico, pues era su rey natural, y no a su tío; y que él les daba
seguro de no hacerles ningún mal ni daño, y que pudiesen labrar sus
tierras.
Los moros con este seguro lo hicieron así, y asimismo escribió el rey
cristiano a todos los capitanes de las fronteras que no hiciesen mal
a los moros fronterizos; lo cual cumplieron, y los moros andaban muy
alegres y contentos, y dieron la obediencia al rey Chico.
El rey Chico habiendo hecho todo aquesto, y dado contento a sus
ciudadanos y aldeanos, mandó cortar las cabezas a cuatro caballeros
Almoradís que le habían sido muy contrarios, y con esto cesaron las
sangrientas y civiles guerras por entonces.
Y porque la intención del moro cronista no fue tratar de la guerra de
Granada, sino de las cosas que pasaron dentro de ella, y de las guerras
civiles que en ella hubo, no pongo aquí la guerra, sino el nombre de
los lugares que se rindieron, tomada la ciudad de Vélez-Málaga, que son
estos:
Bentomiz, la villa de Comares, Dompera, la Villa del Cestillo,
Guadalta, Jaraz, Cavilla, Rubir, Pitargies, Lucas, Jaranca, Almejía,
Mainete, Venaquer, Camillas, Alebonache, Canillas de Albaidas, Narija,
Benicorán, Cafis, Buenas, Alboraba, Alcuchavia, Alhitán, Daimas,
Algorgi, Morgaza, Machara, Albomaila, Benadaliz, Cimbochillas,
Predilipe, Beiros, Sinarax, Hajar, Corterrojas, Alhacaque, Almería,
Aprina, Aletín.
Estos lugares del Alpujarra se dieron a los reyes Católicos, de lo
cual les pesaba a los moros de Granada, teniendo tan gran recelo de
perderse, como los demás lugares se habían perdido.
Pues vengamos ahora al propósito: después de haber rendido a
Vélez-Málaga, los pusieron en tanto aprieto, que les faltó el
mantenimiento, y muchas municiones de guerra; de suerte que estaban
para darse.
Los moros de Guadix sabido este negocio lo sintieron mucho, y los
alfaquíes le rogaron al rey viejo que fuese a socorrer a Málaga, como
lo hizo con mucha gente.
El rey Chico supo de este socorro de su tío, y mandó juntar mucha gente
de a pie y de a caballo, y fue Muza por capitán de ellos para que les
impidiese el paso, y los desbaratase; y así lo hizo, que les aguardó
y salió al encuentro, y trabaron una cruel batalla, en la cual fueron
muertos gran parte de los de Guadix, y los demás huyeron volviéndose a
su tierra admirados del valeroso Muza y de los suyos.
Luego el rey Chico escribió al rey D. Fernando todo lo que había pasado
con los moros de Guadix que iban al socorro de Málaga, de lo cual se
alegró el rey Católico, y se lo agradeció, y le envió un rico presente;
y el rey Chico envió al rey D. Fernando un presente de caballos, muy
riquísimamente enjaezados, y a la reina envió paños de seda y perfumes.
Los reyes cristianos escribieron a los capitanes y alcaides fronteros
de Granada y sus lugares, le diesen favor al rey Chico contra su tío,
y que no hiciesen mal ni daño a los moros, ni tratantes de Granada que
fuesen a sembrar o a labrar sus tierras.
El rey de Granada envió a decir al rey D. Fernando, que tenía noticia
cómo los moros de Málaga no tenían bastimentos; que les impidiese que
por mar ni por tierra les entrasen, y que se rendirían sin falta.
Finalmente, dieron los cristianos tan gran batería a los cercados, que
fue ganada Málaga y su distrito; y puesta buena guardia en Málaga y su
costa, recibieron los reyes Católicos una carta de Granada, enviada por
los caballeros Alabeces, Gazules y Almoradines, la cual decía así:
«Muy poderosos señores: los días pasados hicimos saber a vuestras
majestades los caballeros Alabeces, Gazules, Aldoradines, y otros
muchos de esta ciudad de Granada que somos de un bando, del cual es
también Muza, cómo queríamos ser cristianos y entregar este reino a
vuestras reales personas; y pues se ha dado fin glorioso a las cosas
del Andalucía, se puede empezar la conquista de este reino por la
parte de Murcia, que es cierto que los alcaides de las fronteras y
del río de Almanzor se entregarán luego sin defenderse, porque así
está tratado entre nosotros; y siendo ganada Almería y su río, que es
el más dificultoso, y Baza, se puede cercar a Granada; que te damos
fe, como caballeros, de hacer tanto en tu servicio, que Granada se
entregue a pesar de todos los que en ella viven. Muza en nombre de
los vasallos arriba contenidos besa vuestras reales manos etc. De
Granada.»
Escrita esta carta, fue enviada al rey D. Fernando; el cual como
entendió las razones, y viendo como los caballeros Abencerrajes que
andaban en su servicio procedían tan bien como lo habían escrito, luego
se puso en camino para Valencia, y allí hizo cortes; y con el grande
deseo que tenía de acabar del todo aquel reino, se vino a la ciudad de
Murcia, y allí fue discurrido cómo había de entrar por la parte de Vera
y Almería; y resuelto en lo que había de hacer, se fue a la villa de
Lorca para desde allí entrar en el reino de Granada.
Fueron de la ciudad de Murcia con el rey D. Fernando muchos caballeros
muy principales, los cuales será bien declarar, porque su valor y
proezas lo merecían, aunque no se nombrarán todos.
Fueron Fajardos, caballeros de claro linaje, Albornoces, Ayalas, Giles,
Galeros, Carrillos, Clavillos, Guzmanes, Riquelmes, Avellanedas,
Villaseñores, Comences, Ralones, Pereas, Fontes, Ávalos, Valcárceles,
Pachecos, Moncadas, Monzones, Guevaras, Melgarejos, Torrecillas,
Llamas, Salares, Eustreros, Andosillas, Loaysas, Iufrentes,
Sayavedras, Hermasillas, Pelozones, Balboas, Viloas, Alarcones, Laras,
Fauras, Zambranas, Cascales, Sotos, Sotomayor, Puxmarines, Varribreas,
Paralexas, Saurines, Lázaros, Vorias, Peñaveleros, Escamoz, Dotos y
Rosales, Jereces, Gómez, Mulas, Darines, Alburquerques, Loritas, Ponces
de León, otros Guevaras, Cisones, Manchirones, Leones, otros Ponces
de León, Cildranes, Rosiquíes, Tomases, Tizonas, Paganes, Cernales,
Alemanes, Rodas, Pineros, Hurtados.
De la villa de Mula, Jerez de Ávila y Gitar, Leyvas, Correllas, Mazas,
Melgarez.
De Lorca salieron Moratas, Portales, Cozorlas, Pérez de Tudela,
Mutados, Quiñoneros, Pineros, Falconetes, Mateos, Rendones, Marcelas,
Burgos, Alcázares, Romanes.
Finalmente de estos lugares referidos, Murcia, Lorca y Mula, salieron
todos estos caballeros hijosdalgo en servicio del rey D. Fernando
contra los moros del reino de Granada, y otros muchos que no se
refieren por evitar prolijidad; los cuales mostraron bien el valor de
sus personas en todas las ocasiones que se ofrecieron.
En Lorca dejó el rey en Santa María una custodia de oro, y una cruz de
cristal, guarnecida de oro fino.
Pues habiendo puesto el rey toda su gente en muy buena orden, se partió
a Vera, en la cual estaba por alcaide un valiente moro, hijo del
valiente Alabez que murió preso en Lorca. Llamábase también Alabez,
no menos valiente que el otro; el cual como supo la venida del rey D.
Fernando, luego se dispuso a entregarle la ciudad y fuerza, porque
estaba tratado por cartas.
Y así llegando el rey a una fuente que llaman del Pulpí, salió el
alcaide Alabez a recibirle, y le entregó las llaves de la ciudad de
Vera y de su fuerza. El rey entró en la ciudad, y se apoderó de ella, y
puso otro alcaide, y a Alabez hizo muchas mercedes.
No había sino seis días que estaba en Vera el rey, cuando se le
entregaron los lugares siguientes: Vera, Antas, Lorin, Sorbas, Teresa,
Cabrera, Sotena, Cricantocia, Las Cuevas, Portilla, Overa, Zurgena,
Huércal, Vélez el Blanco, Turbe, Mojácar, Uleila del Campo, Cuerbro,
Tabernas, Ynox, Albreas, el Box, Santo Perar, Huéscar, Cijola,
Pataloba, Finis, Albanabez, Inmeytin, Ventiagla, Vélez el Rubio,
Tirieza, Xiquena, Purchena, Cúllar, Benamantel, Castilleja, Orce,
Galera, Utreza, Armuña, Bayarque, Sierto, Filabres, Vacares, Durca; y
sin estos otros muchos lugares del río de Almanzor.
Los tres Alabeces suplicaron al Católico rey que los mandase bautizar;
conviene a saber: Alabez, alcaide de Vera; Alabez, alcaide de Vélez el
Rubio, y Alabez, alcaide de Vélez el Blanco.
El rey se holgó mucho de ello, y por ser principales caballeros mandó
que los bautizase el Obispo de Plasencia; y del alcaide de Vera fue
padrino D. Juan Chacón, adelantado de Murcia, y del alcaide de Vélez el
Rubio lo fue un principal caballero llamado D. Juan de Ávalos, hombre
de grande valor, y muy estimado del rey por su grande bondad. Este
Ávalos fue alcaide de la villa de Cuéllar, y él y otros caballeros
naturales de la villa de Mula, llamados Pérez de Hita, pelearon con
los moros de Baza, que cercaron la villa de Cuéllar tan bravamente, que
jamás se vio en tan pocos cristianos tan brava resistencia; y al fin
los moros no la tomaron por ser tan bien defendida.
Esta batalla escribe Hernando del Pulgar, cronista del rey D. Fernando.
Del nombre de este alcaide Ávalos se llamó el alcaide de Vélez el
Rubio D. Pedro de Ávalos, a quien el rey D. Fernando hizo muy grandes
mercedes por su valor, y le dio y otorgó grandes privilegios, en que
pudiese traer armas, y tener oficios nobles en la república. Del
alcaide de Vélez el Blanco, hermano del que hemos dicho, fue padrino un
caballero llamado D. Fadrique. De aquestos tres famosos alcaides hay
hoy día deudos, en especial de Ávalos.
De esta suerte se iban tornando cristianos algunos de los más
principales alcaides de estos lugares, entregándosele sin pensar.
Siendo el rey apoderado de todas estas fuerzas ya dichas, determinó de
irse a Almería por ver su asiento, y ponerla cerco, dando lugar a los
moros que se habían dado para que los que quisiesen se fuesen a África,
o adonde les pareciese, y que los que quisiesen estar quedos, que se
estuviesen.
Con esto el rey fue a Almería, donde tuvieron con los moros encuentros.
Partiose de Almería el rey, dejando el cerco para después; y asimismo
lo hizo en Baza, después de haber bien reconocido y visto donde podía
poner sitio y real.
Tuvo con los moros en Baza grandes encuentros, donde murieron muchos de
ellos: allí hizo D. Juan Chacón cosas memorables.
Levantose el real, y fue a Huéscar, la cual se dio luego. Aquí mandó
el rey despedir la gente de guerra, y él se fue a Caravaca a adorar la
santa cruz que allá está, y de allí se partió a Murcia, donde estaba la
reina Doña Isabel, y descansó aquel año.
En este tiempo hubo grandes rebeliones en los lugares que se habían
dado; pero el rey D. Fernando los apaciguó enviando gente de guerra que
los aquietase.
El año siguiente puso cerco el rey D. Fernando a la ciudad de Baza,
donde hubo muchas escaramuzas y batallas entre moros y cristianos. Vino
a tanto extremo de necesidad Baza, que pidió socorro al rey viejo, que
estaba retirado en Guadix, y al rey Chico de Granada, mas este no quiso
darla ningún socorro. El rey viejo envió bastimentos y gente de guerra
a Baza.
Muchos moros de Granada comenzaron a alborotar la ciudad; y visto
que el rey de ella no quiso dar favor a los de Baza, decían que los
cristianos ganaban el reino, y no eran socorridos los moros, y que era
mal hecho; y así se salían muchos moros secretamente al socorro de Baza.
El rey Chico enojado contra los que alborotaban la ciudad, mandó hacer
pesquisa de ellos, y sabido les hizo cortar la cabeza.
Al fin Baza se dio, y Almería y Guadix, porque el rey viejo las
entregó. El rey D. Fernando le dio ciertas villas en recompensa; pero a
pocos días se pasó a África.
Así como se dieron las tres ciudades dichas, no hubo villa, lugar ni
fortaleza que no se diese al rey Católico; de suerte que todo el reino
estaba aprisionado, salvo la ciudad de Granada; y así será bien dar
fin a las guerras civiles, y tratar del rey de ella.
Ya dijimos como fue prisionero el rey Chico de Granada por el alcaide
de los Donceles D. Diego Fernández de Córdoba, señor de Lucena, y por
el Conde de Cabra; y como el rey D. Fernando le dio libertad, con
condición que el moro le había de dar cierto tributo.
Otrosí, entre estos dos reyes fue concertado que acabado de ganar a
Guadix, Baza y Almería, y todo lo demás del reino, el rey Chico le
había de entregar al rey D. Fernando la ciudad de Granada y Alhama,
con el Alcazaba y Albaicín, Torres-Bermejas y castillo de Bibatambién,
con todas las demás fuerzas de la ciudad; y que el rey D. Fernando le
había de dar al rey moro la ciudad de Purchena y otros lugares en que
estuviese, para que con las rentas de ellos viviese hasta su fin.
Pues habiendo el rey cristiano ganado a Baza, Guadix y Almería, con
todo lo demás, luego envió sus mensajeros al rey moro que le entregase
a Granada y fuerzas de ella, como estaba puesto en el concierto y
trato, y que él le daría a Purchena y los lugares prometidos.
A esto respondió el rey moro que estaba arrepentido del trato hecho,
que aquella ciudad era muy grande y populosa, y llena de gente,
naturales y extranjeros, de los que habían escapado de todas las
ciudades ganadas, y que había diversos pareceres sobre la entrega de
la ciudad, y aun se comenzaban nuevos escándalos en ella; y que aunque
los cristianos se apoderasen de la ciudad, que no la podrían sojuzgar:
por tanto, que su alteza pidiese dobladas parias y tributo, que lo
pagaría, y que no le pidiese a Granada, que no se la podía dar, y que
le perdonase.
Con aquesta respuesta se enojó el rey D. Fernando, en ver que le
quebraba la palabra, y tornó a replicarle, que tenía determinado de
darle a Purchena y otros lugares; y que pues le faltaba de su promesa,
no le daría sino otros pueblos no tan buenos; y que pues decía que la
ciudad de Granada no podía ser sojuzgada, que él se avendría con la
gente, y que siendo entregado en las fuerzas, y quitando las armas a
los moradores, los allanaría con facilidad; y que si no le entregaba la
ciudad le harían cruel guerra.
Turbado el moro de la resolución del rey cristiano, juntó todos sus
consejos, con los cuales comunicó aquel caso, y sobre ello hubo grandes
pareceres.
Los Zegríes decían que no hiciese tal, ni por imaginación, ni quitase
las armas.
Los Gomeles y Mazas estuvieron de aqueste parecer.
Los Venegas, Aldoradines, Gazules y Alabeces, que determinaban ser
cristianos, decían que el rey D. Fernando pedía justicia, pues estaba
así concertado; y ya que debajo de aquel concierto el rey D. Fernando
les había dado lugar de cultivar sus haciendas y labores, y a los
mercaderes para entrar y salir en los reinos de Castilla a tratar con
sus cartas de seguro, que ahora no era justo hacer otra cosa; que no
era de rey quebrar la palabra, pues el cristiano no la había quebrado.
Los Almoradís decían que no convenía darle al rey D. Fernando nada de
lo que pedía, que si él había dado lugar a los moros para cultivar sus
labores, también ellos no habían corrido los campos de las fronteras;
que también ellos gozaban de aquella paz y concierto, y así como los
moros, y mejor.
Toda la demás gente de guerra fue de este parecer, y le fue respondido
al rey Católico, que no había lugar a lo que pedía.
Vista la respuesta del rey moro, y que venían a correr la tierra de
los cristianos, mandó el rey D. Fernando reforzar y guarnecer todas
las fronteras, y proveerlas de bastimentos y municiones, con intento
de poner cerco a Granada el verano siguiente; y así se fue a Segovia a
invernar.