_En que se declaran los nombres de los nobles caballeros moros de
Granada, de los treinta y dos linajes, y otras cosas que pasaron en
Granada. Asimismo se nombran todos los lugares que estaban en aquel
tiempo debajo de la corona de Granada._
Ya que hemos tratado de algunas de las cosas de la ciudad de Granada
y de sus edificios, diremos de los preciados caballeros que en ella
vivían, y de las villas, lugares, castillos y ciudades que estaban
sujetos a la Real Corona de Granada; para lo cual comenzaremos por
los caballeros, de esta manera nombrados por sus nombres: Almoradíes,
de Marruecos; Alabeces, Alarbes; Bencerrajes, id.; alfaquíes, de Fez;
Gazules, Alarbes; Barragís, de Fez; Venegas, de id.; Zegríes, de id.;
Mazas, de id.; Gomeles, de Vélez de la Gomera; Abencerrajes, de
Marruecos; Albayaldes, de id.; Abenámares, de id.; Aliatares, de id.;
Almadenes, de Fez; Audalás, de Marruecos; Hacenes, de Fez; Laugetes, de
id.; Azarques, de id.; Alarifes, de Vélez de la Gomera; Abenhamines, de
Marruecos; Zulemas, de id.; Sarracinos, de id.; Mofarix, de Tremecén;
Abedhoares, de id.; Almanzores, de Fez; Abidbares, de id.; Alhamares,
de Marruecos; Reduanes, de id.; Aldoradines, de id.; Alabeces Maliques,
de Marruecos, descendientes del Almohabez Malique, rey de Cuco.
Los lugares del reino y vega de Granada son estos: Granada, Cogollos,
Alfacar, Colomera, Alhendín, los Padules, Gabia la Grande, Iznalloz,
Maracena, Albabia, Gabia la Chica, la Zubia, Alhama, Arbolote, Moclín,
Illora, Loja y Lora, Monte-frío, Guadahortuna, la Malá, Pinos, Alcalá
Real, Cardela, Huelma.
Los lugares de Baza son: Baza, Bezalema, Castilleja, Galera, Vélez el
Blanco, Tirieza, Zújar, Crastil, Huéscar, Cuéllar, Vélez el Rubio,
Freila, Benamanuel, Orce, Cavillas, Xiquena, Tirieza.
Los del río Almanzor son: Serón, Almuñecar, Urraca, Bertanga, Eria,
Santoperat, Portilla, Cabrera, Sorbas, Alboteas, Serna, Tíjola,
Purchena, Mojar, Abenchez, Zucuyrin, Huércal, Tera, Teresa, Lubrín,
Portaloza, Cuebro, Bayarque, Vicir, Turre, Cantoria, Ovaria, las
Cuevas, Zurgena, Antes, Elvez, Uleya del Campo.
Los lugares del Filabres son: Filabres, Gergal, Vacares, el Voloduy,
Sierto.
Los lugares del río de Almería son: Almería, Vicar, Tenix, Huércal,
Fenix, Pichona, Alhamalasec, Santa Cruz, Turpe, Rioja, Ragul, Meles,
Cucija, Ochovez, Santa Fe, Ilar, Efición, Marcena, Guenlejas,
Almaneata, Abiatar, Lacumque, Catiyar.
_Tabla de Andújar y Oxica_: Castillo del hierro, Velote el alto, Inoa,
Alcundiat, Berja, Veas, la Calahorra, Curiana, Canile-aceytu, Lanjarón,
Valor el chico, Tabernas, Guadix, la Poza, Fiñana, Dalías, Murral,
Cadiar, Potrox, Turón, las Albuñuelas, Guajaras altas, Guajaras bajas.
Estos y otros muchos lugares de las Alpujarras, Sierra-Bermeja y Ronda,
que no hay para que nombrarlos, estaban debajo de la Real Corona de
Granada.
Y pues hemos tratado de los lugares, será bien tratar de los caballeros
moros Maliques Alabeces, el cual linaje era muy estimado y tenido de
los reyes de Granada y de todos; y es de saber, que como Miramamolín el
de Marruecos convocase a todos los reyes de África para ir a España,
cuando totalmente fue destruida hasta las Asturias, vino un rey llamado
Abderiame, y este trajo tres mil hombres de pelea: vino otro llamado
Muley Abcalí, y en su compañía otros veinte y cinco reyes moros, los
cuales trajeron grande poder de gente, y entre estos reyes vino uno
llamado Mahomad Malique Almohabez, cuyo era el gran reino de Cuco, y
traía consigo tres hijos valerosos, llamados Maliques Almohabeces,
todos los cuales reyes y sus vasallos conquistaron a España.
Y en aquella gran batalla en que se perdió el rey D. Rodrigo y la flor
de los caballeros de España, a manos del infante D. Sancho murió el rey
Malique Almohabez, y sus tres hijos anduvieron en las guerras todos los
ocho años que duraron, hasta que se apoderaron los moros de casi toda
España.
Y acabada la guerra el mayor de los hermanos pasó a África, rico de
despojos, al reino de su padre, do fue rey, y los hijos de este fueron
reyes de Fez y Marruecos, y uno de los reyes de Fez tuvo uno llamado el
infante Abomelique, el cual pasó a España en tiempo que los reyes de
Castilla tenían guerra con los reyes de Granada.
Fue Abomelique rey de las Algeciras, Ronda y Gibraltar, respecto a que
fue ayudado de sus parientes, porque habían quedado en la ciudad de
Granada descendientes de aquellos hijos del valiente rey Almohabez,
que como arriba es dicho, uno se volvió a su tierra y reino, y los
otros dos se quedaron en Granada, por parecerles la tierra muy amena y
agradable; y quedaron muy ricos de los despojos de la guerra de España.
Fuéronles dadas grandes partes y haciendas en Granada: sabiendo cuyos
hijos eran, especialmente por el valor de sus personas que era muy
grande, emparentaron con otros claros linajes de la ciudad, que se
decían los Almoradines: sirvieron a sus reyes muy bien en todas las
ocasiones que se les ofrecieron.
Y así estos y los Abencerrajes eran los más esclarecidos y tenidos
linajes, aunque también había otros tan buenos como ellos, como eran
los Zegríes, Gomeles, Mazas, Venegas, Almoradís, Almohades, Marines y
Gazules, y otros muchos.
Finalmente, con el favor de estos caballeros Maliques Alabeces, que así
fueron llamados, el infante Abomelique de Marruecos alcanzó en el reino
de Granada a ser rey de Ronda, de las Algeciras y Gibraltar, como está
dicho.
Volviendo, pues, al propósito de nuestra historia, como dice el
arábigo, el rey de Granada Mulahacén, de quien ahora tratamos, se
servía de los caballeros más principales de la ciudad, con los cuales
tenía su corte próspera, y sus tierras pacíficas, y hacía guerra a los
cristianos, y era de todos muy temido, hasta que su hijo Aboabdilí fue
grande, y entre él y el padre hubo grandes diferencias, y el hijo fue
alzado por rey en favor de los caballeros de Granada que estaban mal
con su padre, por ver los agravios que de él habían recibido: otros
seguían la parte del padre.
De aquesta manera andaban las cosas de la ciudad y reino de Granada, y
no por eso dejaba de estar en su punto, siendo bien gobernada y regida:
y es de saber, que de los treinta y dos linajes de caballeros que había
en Granada, los que sustentaban la corte eran los que aquí nombraremos,
porque hace mucho al caso a nuestra historia, así como lo escribe el
moro Abenhamín, historiador de aquellos tiempos, desde la entrada de
los moros en España; pero este Abenhamín tuvo cuidado de recoger los
papeles y escrituras que trataban de Granada, y su fundación primera
y segunda, y los caballeros que más se estimaban en Granada eran los
siguientes: Alhamares, Abencerrajes, Llegas, Abenámares, Almoradís,
Gomeles, Mazas, Gazules, Alabeces, Venegas, Zegríes.
Los caballeros Abencerrajes eran muy estimados, por ser de esclarecido
linaje, descendientes de aquel valeroso capitán Abencerraje, que vino
con Muza en tiempo de la gran derrota de España: de este y de dos
hermanos suyos descendieron estos caballeros Abencerrajes de sangre
real. Hallaranse los hechos de estos insignes caballeros en las
crónicas de los reyes de Castilla, a las cuales me remito.
Los que tenían mayor amistad con estos caballeros eran los Maliques
Alabeces, y el valiente Muza, hijo bastardo del rey Mulahacén. Era Muza
muy valiente y robusto, y todos le amaban por su nobleza.
A la sazón había en Granada muchas fiestas, a causa de haber recibido
la corona el rey Chico, aunque contra la voluntad de su padre, el
cual vivía en el Alhambra, y el rey Chico en el Albaicín y Alcazaba,
visitándole los caballeros más principales, por quien había recibido la
corona, así Abencerrajes, como Gomeles y Mazas.
Pasando estas cosas, el muy valeroso maestre de Calatrava D. Rodrigo
Téllez Girón, con mucha gente de a caballo y de a pie, entró a correr
la vega de Granada y hizo en ella algunas presas; y no contento con
esto, quiso saber si había en Granada algún caballero que con él
quisiese escaramucear lanza por lanza; y sabiendo como en Granada
hacían fiestas por la nueva elección del rey Chico, acordó de enviar
un escudero con una letra suya al rey, el cual estaba en Generalife
holgándose con muchos caballeros, y en llegando el escudero pidió
licencia, y diósela; y siendo en presencia del rey, hizo el acatamiento
debido, y dio el recado de su señor el maestre.
El rey lo recibió y lo hizo leer alto, que todos lo entendiesen, y
decía así:
«Poderoso señor, tu alteza goce la nueva corona, que por tu valor se
te ha dado, con el próspero fin que deseas. De mi parte he sentido
gran contento, aunque diversos en leyes: mas confiado en la grande
misericordia de Dios, que al fin tú y los tuyos vendréis al claro
conocimiento de la santa fe de Jesucristo, y querrás amistad con los
cristianos. Y pues ahora hay tantas fiestas por tu nueva corona, es
justo que los caballeros de tu corte se alegren y reciban placer,
probando sus personas con el valor que de ellos por el mundo se
publica. Y así por este respeto yo y mi gente hemos entrado en la
Vega, y la hemos corrido; y si acaso alguno de los tuyos quisiere
salir al campo a tener escaramuza uno a uno, deles tu alteza licencia
para ello, que aquí aguardo en el Fresno gordo cerca de tu ciudad.
Y para esto doy seguro que de los míos no saldrán más de aquellos
que salieren de Granada para escaramucear. Ceso besando tus reales
manos.--_El maestre D. Rodrigo Téllez Girón._»
Leída la carta, el rey con alegre semblante miró a todos sus
caballeros, y violos andar alborotados y con deseo de salir a la
escaramuza, pretendiendo cada uno de ellos la empresa; y el rey como
los vio así andar, mandó que se sosegasen, y preguntó si era justo
salir a la escaramuza que el maestre pedía, y todos respondieron,
que era cosa muy justa salir, porque haciendo lo contrario, serían
reputados por caballeros de poco valor y muy cobardes, y sobre ello
hubo muchos pareceres, sobre quién saldría a la escaramuza, o cuántos;
y fue acordado que no fuese aquel día más de uno a uno a la escaramuza,
que después saldrían más; y sobre quién había de salir hubo muchas y
grandes diferencias entre todos, de modo que fue necesario que entrasen
en suerte doce caballeros, y que del que saliese primero de una vasija
de plata su nombre escrito, que aquel saliese.
Así acordado, los que fueron escritos para las suertes, fueron los
caballeros siguientes: Mahomad Abencerraje, el valiente Muza, Malique
Alabez, Mahomad Maza, Mahomad Almoradí, Albayaldos, Venegas Mahomet,
Abenámar, Mahomad Gomel, Almadán, Mahomad Zegrí, el valiente Gazul.
Todos estos caballeros fueron señalados, y escritos sus nombres y
echados en una vasija, los revolvieron muy bien, y la reina sacó la
suerte, y leída decía _Muza_.
La alegría que sintió fue grande, y los demás caballeros envidia,
porque cada uno de ellos se holgara en extremo ser el de la suerte, por
probar el valor y esfuerzo del maestre.
Y aunque después de esto entre todos los caballeros fue conferido y
debatido que mejor fuera salir cuatro a cuatro, o seis a seis, no se
pudo aceptar con Muza; y así luego se escribió al maestre una carta, y
dándosela al escudero en respuesta de la que había traído, le enviaron;
y llegando a la presencia del maestre, le dio la carta del rey Chico,
que decía así.
«Valeroso maestre, muy bien se muestra en tu virtud la nobleza de tu
sangre, y no menos que de tu bondad pudiera salir el parabién de mi
elección y real corona, lo cual me ha puesto en obligación de acudir
a todo lo que a la amistad de un verdadero amigo se debe tener; y así
me obligo a todo aquello que de mí y de mi reino hubieres menester.
Con muy comedidas razones envías a pedir a mis caballeros escaramuza
en la Vega, por alegrar mi fiesta, lo cual agradezco grandemente.
Entre los principales caballeros de esta corte se echaron suertes por
quitar diferencias, a causa de que cada uno quisiera verse contigo;
cayole la suerte a mi hermano Muza: mañana se verá contigo debajo
de tu palabra, que de ninguno de los tuyos será ofendido. Conocido
tengo, que será muy de ver la escaramuza por ser entre dos tan
buenos caballeros. Queda aquí para lo que cumpliere--_Audalá, rey de
Granada_.»
Alegre fue el maestre con la respuesta del rey, y aquella noche se
retiró gran trecho la tierra adentro: mandó a su gente que estuviese
con cuidado y vigilancia toda la noche, porque los moros no les diesen
algún asalto.
Venida la mañana se acercó a la ciudad, llevando para su guarda
cincuenta caballeros, y dejando el resto gran trecho apartado,
avisándoles que estuviesen alistados por si los moros rompían la
palabra de seguro que estaba dada: así estuvo aguardando a Muza para
hacer con él batalla.