ha tenido efecto el entregarnos el dho. Capitan don Andres Vandorne los
dhos 3600 ducados para su doctacion, que si en algun tiempo este dho.
Convento no cumpliese las dhas, fiestas, missas sermon y prozecion ...
por el mismo caso este dho. Convento a de ser obligado como lo obligamos
a boluer y restituyr los dhos. 3600 ducados y entregarlos al convento de
sancta María la Real de esta dha. Ciudad ... para que con lo que
redituaren hagan y cumplan en dho. convento todo lo contenido en esta
escriptura.»
No satisfecho aun el piadoso Capitan Vandorne, por otra escritura
otorgada en 27 de Septiembre de 1692 aumentó su dotación con otros 3400
ducados obligándose el convento á aumentar también el número de las
memorias, fiestas y sufragios convenidas en la primera escritura é
introduciendo en la procesión las novedades siguientes: además de las
efigies de la Virgen María, Santo Domingo y Santa Catalina de Sena, se
llevarían también las del Niño Jesús, San Francisco y Santo Tomás de
Aquino, en sendos pasos, muy bien adornados; y si la Comunidad tuviese
devoción á otro Santo, podría también sacarlo. Además de los gigantes y
danzas, irían doce niños con las hachas delante del guión y la música
de la Catedral, conviniendo las partes otorgantes en que el gasto que
causasen los dos ministríles que acompañarían los pasos, según la
primera escritura, se convertiría en mayor cantidad de fuegos
artificiales que se quemarían durante la procesión. También quedó
revocada la condición, de que si las religiosas de Madre de Dios no
cumplían lo estipulado, entregasen los 700 ducados á las de Santa María
la Real, obligándose aquellas particularmente, y en justa
correspondencia con las mercedes recibidas del fundador, á aplicarle una
de las tres partes del rosario que diariamente rezaba la comunidad.
Para más acabado conocimiento de lo que fueron estas fiestas, copiamos á
continuación el siguiente certificado:
«Gonzalo del Pozo Vrrego escribano del Rey nro. Señor vecino de esta
ciudad de Sevilla doy fe que oy dia de la fecha siendo como las seys de
la tarde, estando en el Real Convento de Monjas de Madre de Dios de esta
Ciudad, que es del orden de Santo Domingo, en la Capílla maior de el, vi
que del dho. convento salio la prozesion del Corpus, que todos los años
acostumbra hazer, la qual empezo a salir por la puerta principal de la
Iglesia, y despues de auer salido los santos de la dha orden, se siguio
la custodia, en la qual íba colocada la SSma. Cruz y despues ocho
sacerdotes reuestidos, del Real Convento de San Pablo de esta Ciudad, a
quienes doy fe conozco y tomaron sobre sus hombros los quátro de ellos
las paríguelas, en que iba puesto el SSmo. Sacramento, en vna Custodia,
y reconoci no yr persona alguna debaxo de las dhas pariguelas, y andubo
la dha. procesion al reedor del dho. Convento, e yo el presente
escribano fui en ella, junto al Preste, y en las pausas que hizieron se
remudaron los otros quatro sacerdotes, sin yr otra persona ni ponerse
debaxo de las dhas. pariguelas, y en esta conformidad se celebro la dha.
procesion, hasta llegar a poner los sacerdotes la dha Custodia en el
sitio y lugar donde la tomaron, todo lo qual vi y reconoci, por auer
asistido en dho. Real Convento de Madre de Dios desde las tres y media
hasta cerca de la oracion, que se acauo la dha. procesion, y por auer
passado asi, a mi el presente escribano me lo pidio por testimonio la
parte del dho convento, y para que conste donde conuenga doy el presente
en Seuilla a Treze de Julio de 1698. En testimonio de verdad--Gonzalo
del Pozo--rúbrica, (papel del sello, 4.º de 10 mrs. del mismo año.)
Tales fueron sucintamente extractadas, las condiciones que se
estipularon para celebrar la procesión del Corpus entre las mencionadas
partes de la comunidad de Madre de Dios, y el Capitan Vandorne y dados
los aumentos que tuvo por la escritura de 1692, debió atraer la atención
de los sevillanos por su lucido acompañamiento, sus músicas y fuegos de
artificio, sus numerosos pasos, sus gigantones y danzas. Extraño es, por
tanto, que la memoria de tal fiesta no sea más conocida de los curiosos,
pudiendo decir por nuestra parte que la sola noticia que de ella tuvimos
la hallamos en la obra de D. Félix González de León el cual le dedica
los siguientes renglones:
«Además está la Iglesia (de Madre de Dios) muy adornada porque su
comunidad fué muy rica y entre otras cosas dignas de recuerdo era la
procesión del Corpus que celebraban por las calles todos los años el
segundo Domingo del mes de Julio, donde después de las bellas imágenes
de Montañés y Roldan que conducían en parihuelas lo menos era la suma
riqueza de los vestidos en telas y bordaduras y las muchas alhajas de
oro y plata y pedrería que llevaban y lo más era la inmensidad de
riquísimas flores contrahechas y otros adornos de que iban cubiertas las
parihuelas y los arcos, bajo los cuales llevaban las imágenes que eran
vistosísimos y de gran costo y trabajo.»
Estimulados por la curiosidad hemos acudido á las religiosas de Madre de
Dios y su priora actual la R. M. Sor Sto. Domingo bondadosamente nos ha
facilitado el exámen del Libro de Caja que empieza en 1791 y dos de
Manuales de los años siguientes, en que constan todos los gastos que
hacía el monasterio. Con los asientos que contienen podemos reconstituir
la forma en que se celebraba la procesión, trazando el espléndido cuadro
que ofrecía la religiosa festividad.
Anunciábase desde el dia de la víspera con música de clarines y de un
tambor, con acompañamiento de un alguacil y de un pregonero que recorría
las calles de la carrera anunciando la fiesta,[131] las cuales cubríanse
de arrayán, y cuyas casas lucían ricas colgaduras, siendo entre todas
las más vistosas las tapicerías que adornaban los muros exteriores de la
iglesia,[132] lanzándose cohetes que aumentaban la pública alegría.
Además repartíanse cédulas de convite y gratificábase á cuatro soldados
y á un cabo que desde el amanecer del dia de la procesión guardaban la
iglesia, en donde, pomposamente ataviados, hallábanse dispuestos los
pasos, cuyo número había aumentado considerablemente, pues además de los
que se convinieron sacar en las escrituras de 1687 y 1692 que comprendió
solamente á las efigies de la Virgen con la adoración de la Madre de
Dios, Sto. Domingo y Sta. Catalina de Sena, el Niño Jesús, San Francisco
de Asís y Sto. Tomás de Aquino, como en la segunda de aquellas quedaron
autorizadas las religiosas para sacar otras imágenes de su mayor
devoción, aumentaron el número de pasos, con los de la Virgen del
Rosario, nuestra Señora de la Montaña, San Vicente Ferrer, Santa Rosa,
ofreciendo también á la pública veneración otro en que se mostraba,
sobre rica bandeja de plata, la cabeza del mártir San Laureano, hecha
del mismo rico metal.
Basta solo este breve relato para comprender el esplendor con que se
celebró esta procesión en los últimos años del siglo XVIII, realzado con
la presencia de la que suponemos sería rica custodia, acompañada por
numerosa clerecía y particulares, con sus cantores y músicas; sus nubes
de incienso, sus cohetes y ruedas de fuegos artificiales, sus danzas y
gigantones, sus ricos simpecados; en suma, con el júbilo y regocijo que
inundaba las almas de miles de espectadores que afluirían á las calles
de la carrera.
Terminada la procesión, el convento servía un espléndido refresco á los
sacerdotes y personas de calidad que en ella habían asistido.
De todo esto no ha quedado apenas la memoria; y examinando los libros
Manuales hallamos, que, en todos viene figurando el gasto de la
procesión hasta el de 1835 en el cual ni se menciona siquiera.
Aquellas «auras de libertad» que entonces todo lo invadieron, borrando
tantas y tantas páginas tan genuinamente sevillanas; al privar de sus
rentas á las comunidades les impidieron en absoluto cumplir las
voluntades de generosos donantes; y las rentas que éstas dejaron,
arrebatadas á sus legítimos dueños, han pasado á poder de algún insigne
patriota que hoy se pavonea con ellas en nombre de la libertad.
Tal ha sido el fin de la dotación del generoso caballero Don Andrés
Vandorne.
Coleccionistas antiguos
Tiénense hoy por nuevas muchas cosas que no lo son; y entre ellas,
juzgan algunos que las aficiones que demuestran no pocos de reunir y
coleccionar objetos artisticos, raros ó curiosos, son achaque de la
cultura moderna, del refinamiento de nuestras costumbres ó nacidos
puramente del capricho ú originalidad con que ciertas gentes pretenden
atraerse la atención de los demas, en estos tiempos tan ansiosos de
novedades, por estimar que apartándose de lo corriente y vulgar ganan
plaza de hombres superiores y extraordinarios. Cierto, que, en nuestros
días es muy corriente decorar y amueblar las casas con objetos
antiguos, pero esto no se hace, generalmente, ni por el noble afan de
salvarlos de la destrucción, ni de recrearse con su vista, ni por el
cariño que siente el coleccionista, sino, en la mayor parte de los
casos, por pueril vanidad, porque «es de moda y de buen tono,» como hoy
se dice, ostentarlos en la propia morada, aunque á sus dueños ni se les
alcance su significación ó importancia, ni menos puedan dar razón en
caso de apuro, al ser interrogados respecto á las épocas á que
correspondan, y por tanto, ni apreciar su mérito ó su rareza. Lo que
importa es poseerlos para pasar ante el vulgo de levita por opulento y
por culto.
No fueron éstos los estímulos de los antiguos coleccionistas, ni lo son
tampoco á fé, los de los verdaderos aficionados contemporáneos. Aquéllos
y éstos se afanaron y afanan en buscar y en reunir, inteligentemente,
movidos del noble intento de evitar la pérdida ó destrucción de
ejemplares que importan al conocimiento de la historia de nuestras
artes; y gracias á ellos, se ha salvado en nuestra patria buen número de
objetos artísticos inapreciables, que sin la diligencia, el entusiasmo y
el cariño de sus dueños, habrían ido á aumentar los tesoros artisticos
del extranjero.
Cuando el Renacimiento se extendió por Europa, y en los albores del
siglo XVI invadió con su poderoso aliento las comarcas españolas,
ofreciendo el grandioso espectáculo de la transformación del mundo viejo
por un mundo nuevo, á que contribuyeron capitales sucesos, adelantos y
descubrimientos portentosos, despertóse entonces vivísimo entusiasmo por
las investigaciones y estudios de la antigüedad, y los más esclarecidos
ingenios afanáronse por hacer surgir del lecho de polvo en que hasta
entonces habían permanecido sepultadas en el olvido, las grandiosas
formas del arte pagano, lo mismo en el concepto artístico que en el
literario, apareciendo entonces aquella bizarrísima falanje de
anticuarios, eruditos, humanistas, jurisconsultos y poetas, enamorados
de la antigüedad clásica que poblaron las universidades españolas
extendiendo por todas las clases el culto de las ciencias, de las letras
y de las artes, despertándose nobilísima emulación entre los más
ilustres ingenios italianos y españoles.
¡Qué efecto no producirían en nuestros artistas, en nuestros capitanes y
literatos los esplendores de las grandes ciudades italianas al
visitarlas por vez primera! ¿Cómo extrañar entonces que nuestros
antepasados enamorándose de aquellas bellezas, se deleitaran con su
estudio y ansiasen la posesión de aquellas preciosidades para
transportarlas á sus opulentas mansiones españolas!
Muchos ilustres varones sevillanos, influidos por la cultura italiana,
se nos ofrecen ya desde aquella época como entusíastas celeccionistas de
libros, estampas, monedas, cuadros, armas, y en suma, de cuantos objetos
artísticos ó curiosos podian adquirir, con los cuales al mismo tiempo
que enriquecían sus moradas, servíanles de enseñanza y de gratísimo
recreo, librándolas de las garras de la ignorancia!
La historia nos ha trasmitido el recuerdo de algunos de ellos, ocupando
hasta ahora el primer lugar el insigne Don Fernando Colón, que como de
todos es sabido, reunió á costa de gran suma de dinero, de infatigable
diligencia y de singular erudición una de las más famosas bibliotecas
del mundo, y, además, y ya este dato no es tan conocido, una
numerosísima colección de estampas que basta solo tener en cuenta la
época en que por él fué reunida, para estimarla inapreciable, y que si
hoy existiese sería de un interés capitalísimo artística y
tipográficamente considerado.
Dejó el insigne bibliófilo otra prueba más de su inteligencia y de su
infatigable labor en el grueso volumen que contiene el Catálogo de
dichas estampas, el cual en su primera hoja lleva M. S. el epígrafe
siguiente, puesto, probablemente, por alguno de los bibliotecarios
capitulares del siglo XVIII. «De picturis quas Colón adquisiverat» en lo
que no anduvo cierto quien lo escribió, pues el Catálogo no fué de
pinturas, seguramente, sino de estampas; bastando para confirmar tal
parecer el número extraordinario de las que se describen y los epígrafes
con que están clasificadas, que indican los tamaños del papel y los
diferentes grupos ó series que constituían la colección; hecho todo con
una minuciosidad, que asombra la suma de paciencia invertida reveladora
del cariño con que don Fernando hizo el Catálogo[133].
Para que el lector pueda juzgar copiamos algunos asuntos:
«Nuestro Señor desnudo y atado á la columna, estanle açotando dos judios
el que esta delante de el con la diestra tiene los açotes y en la
siniestra la soga de la columa no se le parece el pulgar della y junto a
el esta el juez en los ¿pechos? tiene dos botones, tiene en las manos un
setro sobro que ... no se le paresce el pulgar della, es campo negro, ay
lexos» (monograma dibujado por D. Fernando, de Alberto Durero y la fecha
1512.)
«Nuestro Señor que lo han quitado de la Cruz y esta desnudo en cueros y
con un paño, tiene tapadas sus verguenzas y esta echado sobre la falda
de un santo que tiene la barba endida y larga y nuestra señora la
diestra tiene debajo de la barba de nuestro señor que lo quiere besar y
se le parece la siniestra ay un ¿naviete? y un molino de viento.»
Monograma dibujado W.
«Par de una gran peña esta uno sentado que con la diestra ayuda a tener
una como redoma a una muger luego esta una con una peña a las espaldas
luego otra que tiene dos trompetas, luego otro que tiene la siniestra
sobre un viejo vestido de pie que esta so un portal y en la siniestra
del portal esta un hombre vestido ay lexo. Monograma de una M. y F.
unidas.»
Las descripciones de muchos asuntos alegóricos, como este último,
confirman el concepto de que no se describen cuadros, y además en
ninguno de los asientos se mencionan colores de trajes, fondos de oro y
otros pormenores, que, seguramente no habría omitido D. Fernando
tratándose de cuadros.
¿Dónde ha ido á parar tan singular riqueza, preguntará al lector?
De aquellos miles de estampas no ha quedado una en Sevilla. Es más,
puede asegurarse que una vez ganado por el Cabildo el pleito á los
frailes de San Pablo y entregada por éstos la Biblioteca, la Corporación
eclesiástica no recibió la colección de estampas, pues, en los varios
autos capitulares en que se trató del pleito, menciónase solamente la
«Librería,» y sin duda aquella no fué tampoco á poder de los frailes de
San Pablo, antes había volado yendo á parar tal vez á las manos del
deudor de D. Fernando, el comerciante genovés, Francisco Leardo[134].
Fué uno de los próceres más ilustres que honraron á Sevilla el Duque de
Alcalá D. Perafán de Rivera, el cual por la calidad de su extirpe, por
el trato con los más doctos varones de su época y por su cargo de Virrey
de Nápoles no pudo sustraerse al influjo cultísimo de su época, y al de
la región privilegiada en que ejerció su mando, así es que al morir,
según el dicho de Zúñiga «dejó lleno el mundo de su fama» y nosotros
podríamos añadir que también su palacio de Sevilla con no pocos
testimonios de su cultura y de su amor por las memorias artísticas del
pasado, cuidándose de enriquecer con ellas su morada; y así no es
extraño, que, tomando tan noble ejemplo sus sucesores, hubiesen emulado
en atesorar en la misma infinitos objetos de valía inapreciable para la
historia y para el arte.
Cuidóse, pues, el insigne sevillano de salvar de la destrucción
preciados monumentos escultóricos que sirviesen de ornamento á su
Palacio, y á Sevilla envió gran número de estátuas antiguas de Roma que
le dió el Pontífice Pío V, las cuales, dice Zúñiga, se ven en el patio y
jardin de su palacio, con otras muchas insignes antiguallas, entre ellas
unas que se afirman ser las estátuas mutiladas de Pasquino y Marfrodio,
tan mentadas de Roma, en que nunca faltará su memoria, y el sitio que
ocuparon destinado á los libelos y Pasquines, no fáciles de hacer
callar, ni al castigo ni al escarmiento.
A 2 de Abril de 1572 murió en Nápoles tan ilustrado procer y su cadáver
transportado á Sevilla, al siguiente año recibió cristiana sepultura en
su Cartuja de las Cuevas, de cuya iglesia tenían el patronato los Duques
de Alcalá, mediante acta notarial que fué levantada, la cual, no nos
parece fuera de proposito extractar en este lugar, por el interés que
despierta cuanto se relaciona con la memoria de los varones eminentes, y
por ser la primera vez que vé la luz pública, el curioso documento:
En 8 de Mayo de 1573 hallándose en la celda del Rdo. P.D. Hernando
Pantoja prior de las Cuevas, testamentario que dijo ser del Excmo. señor
don Pedro Afán de Ribera, Duque de Alcalá, Marqués de Tarifa, Conde de
los Molares, Adelantado Mayor de Andalucía y Visorey y Capitán General
del Reyno de Nápoles, difunto y estando presente Baltasar de Torres
mayordomo que había sido del dho. Duque y uno de los albaceas
testamentarios del dho. Duque en lo que toca al Reyno de Nápoles y en
presencia de Juan Pérez escribano de Su Majestad y público de Sevilla y
de los testigos y uso escritos: Baltasar de Torres hizo muestra al dho.
prior de «vn cofre redondo de vara y media de largo poco mas o menos
con vna cubierta de baqueta, cerrado con su llaue y dixo que dentro en
el dho. cofre que alli estaba presente traia y estava el cuerpo del
dicho excelentísimo señor duque de alcala y que se le avia dado y
entregado metido en el dho. cofre el muy reuerendo padre fray miguel
¿Rani? guardian del monasterio de la cruz que diz que es de la orden de
san francisco de la hoçervancia en la dha ciudad de napoles para que lo
truxesse a esta ciudad de Sevilla y lo entregase al dho. padre prior de
las cuevas como tal albacea del dho. señor duque en cumplimiento de lo
quel dexo dispuesto y hordenado por su testamento y que el en
cumplimiento dello queria entregar el dho. cofre al dho. padre prior y
luego fue abierto el dho. cofre y desliado y estava vn cuerpo que alli
dixeron que hera del dho. señor duque de alcala y el dho baltasar de
torres y diego melgarejo que ansi se dixo por su nombre caballerizo que
dixo aver sido del dho. señor duque y francisco gonzalez clerigo
presbitero capellan que dixo auer sido de su excelencia todos tres y
cada vno de los sobre dhos. juraron a dios y a la cruz en forma del
derecho quel dho. cuerpo de que allí hizo muestra el dho. baltasar de
torres es el mismo cuerpo de su excelencia del dho. señor duque de
alcala y alli lo mostraron y boluieron a liar como venia y lo metieron
en el dicho cofre y se cerro y le dio y entrego el dicho baltasar de
torres la llave del dicho cofre al dicho padre prior el qual se dio por
entregado del dho. cofre y de la dha. llave.» Siguen las diligencias de
traslación del cadáver y de su depósito en una bóveda, enterramiento del
linaje de Rivera[135].
No dejó legítima descendencia el Duque D. Perafán, sucediéndole en los
Estados de su casa, su hermano D. Fernando Enríquez de Ribera, el cual,
asímismo que los títulos y bienes de su antecesor, heredó el espíritu de
cultura de aquel, que supo quilatar, al punto de merecer los mayores
encomios de sus contemporáneos. De él pudo decir un ingenio sevillano lo
siguiente:
«Entre los señalados varones en Letras naturales de Sevilla, pone D.
Nicolás Antonio al Excmo Sr. D. Fernando Afán de Ribera Henríquez, Duque
de Alcalá «Non tantum eruditioni evasit præstans atque adeo eruditorum
verus alta Mæcenas.» Fué en tanto grado aficionado á las Letras, que no
tenia rato en el tiempo que vacaba á los negocios públicos, en que el
ocuparon los Sres. Reyes Católicos D. Felipe 3.º y D. Felipe 4.º, que no
lo emplease en darse á la lección y estudios, no solo de buenas Letras,
sino de las demás Ciencias, para cuyo fin juntó en su Palacio de Sevilla
y en el de Bornos muchos y muy singulares Libros de que formó muy
copiosas Librerias, siendo la de Sevilla una de las grandes del Reyno,
no solamente por el número de Libros que juntó, sino por constar de
todas facultades y de exquisitos y raros Manuscritos, así originales
como copias, que puso en ellas, que aun hoy se conservan muchos de
ellos, si bien deteriorados y disminuidos por la falta de la presencia
de los Excmos. Sres. en quien recayó la Casa de Alcalá y descuido y poca
afición de los que lo han tenido á su cuidado: y para solo poner la
Librería, labró el Duque una pieza, también de singular hermosura y
grandeza, capaz de tanto número de Libros, que adornó «con muchas
Estátuas y piedras y monumentos antiguos,» que aun hoy se ven algunos,
aunque pocos, que juntó la curiosidad de este Principe, cuyo retrato se
vé en la Librería, que hace recuerdo siempre que en ella se entra, de vn
Señor que tanto supo honrar las letras[136].»
Basta decir en elogio de lo que debió haber sido el tesoro bibliográfico
reunido por el Duque, que de él formaron parte las selectas librerías de
Ambrosio de Morales y del Doctor Luciano de Negrón,[137] según dice
Zúñiga (año de 1637) consignando también que á ellas agregó lo más
estimado que salió en su tiempo en todas lenguas y profesiones y muchos
raros manuscritos y otros estimados rastros de la antigüedad en
inscripciones, medallas, anillos y mucho de lo semejante (sic) tesoro
que á no auerse disipado en las peregrinaciones de su edad mayor en que
traía siempre consigo los más exquisitos para dar á la curiosidad los
ratos que sobrasen á la obligación y en el desavío de su muerte fuera
vno de los mayores que ha visto juntos en la edad presente, no solo la
España sino la Europa toda.»
El docto Rodrigo Caro nos dice, también, que en la insigne Casa de
Pilato reunieron sus dueños «muchas efigies de marmol de príncipes y
varones insignes antiguos y dos grandes colosos de la diosa Palas y otra
multitud de estátuas y despojes de la antigüedad y el Excelentísimo
Duque Don Fernando Enriquez Afan de Rivera que hoy posee esta casa, ha
juntado una gran librería y en ella tantos volúmenes de todas ciencias y
letras humanas, manuscritos y medallas antiguas que compite con las más
insignes del mundo.»
Qué paradero han tenido tantas riquezas bibliográficas, artísticas y
numismáticas, ignórase, y cuanta diligencia hemos tenido en averiguarlo
ha sido esteril. Unicamente ha llegado á nuestras manos una «Relación de
las alhajas, Pinturas, Estátuas y demás que al presente existen en el
Palacio del duque mi señor á la parroquia de San Esteban de esta ciudad
remitida á su excelencia en el mismo día 4 de Agosto de 1751,»
autorizada con las firmas de Nicolás Hortiz de Escovar y de Antonio
Ruiz de Rebolledo» cuyo documento estimamos muy interesante, y en tal
virtud vamos á transcribirlo. Dice así:
«Relacion individual que forma la Contaduría de los Estados Ducados y
Marquesados de Alcalá que reside en Sevilla en fuerza de orden del
Excmo. Sr. D. Luis Antonio Fernández de Córdoba Espínola y de la Cerda,
Duque de Medinaceli, de Feria, Segorbe, Cardona, Alcalá y Camiña,
Marqués de Priego, del Cogolludo y de Aitona etc. etc., mi señor
Cavallero del insigne orden del Toisón de Oro, del Real de sán Genaro y
del de Santiago. Gentil hombre de Cámara de S. M. su caballerizo y
Vallestero de 20 de Junio del presente año de 1751, de todas las
alhajas, pinturas y estátuas y demás que al presente existen en su casa
Palacio de esta ciudad á la parroquia de San Esteban, con distinción de
sus clases y parajes donde se hallan colocados, que todo es en la forma
siguiente:
PINTURAS EN LA CAPILLA: Un lienzo del Descendimiento de la cruz, de dos
varas de alto y dos y media de ancho, con moldura dorada que forma
altar.
Una tabla con marco dorado de dos tercias que hace coronación al altar
de Ntra. Señora con el Niño Jesús.
Un Cristo crucificado sobre una peana á modo de Risco todo de talla de
vara de alto.
Un San Andrés de talla sin diadema, (que dicen la tuvo de plata) de
media vara.