La meditación para el jueves en la noche es sobre el Juicio
final.--Señales que le precederán; confusión del pecador ante el
Juez.
Así estará el aire lleno de relámpagos y torbellinos, y cometas
encendidos. La tierra estará llena de aberturas y temblores
espantosos, los cuales se cree que serán tan grandes, que bastarán
para derribar, no sólo las casas fuertes y las torres soberbias,
más aun hasta los montes y peñas arrancarán y trasformarán de sus
lugares. Mas la mar sobre todos los elementos se embravescerá, y
serán tan altas sus olas y tan furiosas, que parecerá que han de
cubrir toda la tierra. A los vecinos espantará con sus crescientes,
y a los distantes con sus bramidos, los cuales serán tales que de
muchas leguas se oirán.
¿Cuáles andarán entonces los hombres[278], cuán atónitos, cuán
confusos, cuán perdido el sentido, la habla[279] y el gusto de todas
las cosas? Dice el Salvador que se verán entonces las gentes en
grande aprieto y que andarán los hombres secos y ahilados[280] de
muerte, por el temor grande de las cosas que han de sobrevenir al
mundo. ¿Qué es esto (dirán), qué significan estos pronósticos, en qué
ha de venir a parar esta preñez del mundo, en qué han de parar estos
tan grandes remolinos y mudanzas de todas las cosas? Pues así andarán
los hombres espantados y desmayados, caídas las alas del corazón y
los brazos, mirándose los unos a los otros; y espantarse han tanto
de verse tan desfigurados, que esto sólo bastaría para hacerlos
desmayar, aunque no hubiese más que temer. Cesarán todos los oficios
y granjerías, y con ellos el estudio y la cobdicia de adquirir;
porque la grandeza del temor traerá tan ocupados sus corazones, que
no sólo se olvidarán destas cosas, sino también del comer y del
beber, y de todo lo necesario para la vida. Todo el cuidado será
andar a buscar lugares seguros para defenderse de los temblores de
la tierra, y de las tempestades del aire, y de las crescientes de la
mar. Y así los hombres se irán a meter en las cuevas de las fieras,
y las fieras se vendrán a guarecer en las casas de los hombres,
y así todas las cosas andarán revueltas y llenas de confusión.
Afligirlos han los males presentes, y mucho más el temor de los
venideros; porque no sabrán en qué fines hayan de parar tan dolorosos
principios. Faltan palabras para encarescer este negocio, y todo lo
que se dice es menos de lo que será. Vemos agora que cuando en la mar
se levanta alguna brava tormenta, o cuando en la tierra sobreviene
algún grande torbellino o terremoto, cuáles andan los hombres, cuán
medrosos y cuán cortados, y cuán pobres de esfuerzo y de consejo;
pues cuando entonces el cielo, y la tierra, y la mar, y el aire del
mundo haya su propia tormenta; cuando el sol amenace con luto, y la
luna con sangre, y las estrellas con sus caídas, ¿quién comerá, quién
dormirá, quién tendrá un solo punto de reposo en medio de tantas
tormentas?...
El Señor vendrá como una tempestad y torbellino arrebatado[281]; y
sus pies levantarán una grande polvareda delante de sí. Indignóse
contra la mar, y secóse, y todos los ríos de la tierra se agotaron.
El monte Basán y Carmelo se marchitaron, y la flor del Líbano se
cayó. Los montes se estremecieron delante dél, y los collados
quedaron asolados...
Luego comenzará a celebrarse el juicio, y tratarse de las causas de
cada uno, según lo escribe el profeta Daniel por estas palabras:
Estaba yo (dice él) atento, y vi poner unas sillas en sus lugares, y
un anciano de días se asentó en una dellas; el cual estaba vestido
de una vestidura blanca como la nieve, y sus cabellos eran también
blancos, así como una lana limpia. El trono en que estaba asentado
eran llamas de fuego, y las ruedas dél como fuego encendido, y un río
de fuego muy arrebatado salía de la cara dél. Millares de millares
entendían en servirle, y diez veces cien mil millares asistían
delante dél. Miraba yo todo esto en aquella visión de la noche, y vi
venir en las nubes uno que parescía hijo de hombre. Hasta aquí son
palabras de Daniel; a las cuales añade Sant Joan, y dice: Y vi todos
los muertos, así grandes como pequeños, estar delante deste trono y
fueron abiertos allí los libros; y otro libro se abrió, que es el
libro de la vida; y fueron juzgados los muertos según lo contenido
en aquellos libros, y según sus obras. Cata aquí, hermano, el arancel
por donde has de ser juzgado; cata aquí las tasas y precios[282]
por donde se ha de apreciar todo lo que heciste; y no por el juicio
loco del mundo, que tiene el peso falso de Canaan en la mano, donde
tan poco pesan la virtud y el vicio. En estos libros se escribe toda
nuestra vida con tanto recaudo, que aun no has echado la palabra por
la boca, cuando ya está apuntada y asentada en su registro...
Pues qué sentirá entonces cada uno de los malos, cuando entre Dios
con él en este examen, y allá dentro de su consciencia le diga
así: Ven acá, hombre malaventurado, ¿qué viste en mí, porque[283]
así me despreciaste, y te pasaste al bando de mi enemigo? Yo te
levanté del polvo de la tierra, y te crié a mi imagen y semejanza,
y te di virtud y socorro con que pudieses alcanzar mi gloria. Mas
tú, menospreciando los beneficios y mandamientos de vida que yo te
di, quisiste más seguir la mentira del engañador, que el consejo
saludable de tu Señor. Para librarte desta caída descendí del cielo a
la tierra, donde padescí los mayores tormentos y deshonras que jamás
se padescieron. Por ti ayuné, caminé, velé, trabajé y sudé gotas de
sangre. Por ti sufrí persecuciones, azotes, blasfemias, escarnios,
bofetadas, deshonras, tormentos y cruz. Por ti, finalmente, nascí
en mucha pobreza, viví con muchos trabajos, y morí con gran dolor.
Testigos son esta cruz y clavos que aquí parescen, testigos estas
llagas de pies y manos que en mi cuerpo quedaron; testigos el cielo y
la tierra delante de quien padescí, y testigos el sol y la luna que
en aquella hora se eclipsaron. Pues ¿qué heciste desa ánima tuya,
que yo con mi sangre hice mía? ¿En cúyo[284] servicio empleaste lo
que yo compré tan caramente? ¡Oh generación loca y adúltera! ¿Por
qué quisiste más servir a ese enemigo tuyo con trabajo, que a mí,
tu Criador y Redemptor, con alegría? Espantáos, cielos, sobre este
caso, y vuestras puertas se cayan[285] de espanto, porque dos males
ha hecho mi pueblo: a mí desampararon[286], que soy fuente de agua
viva, y desamparáronme por otro Barrabás. Llaméos tantas veces, y
no me respondísteis; toqué a vuestras puertas, y no despertastes;
extendí mis manos en la Cruz, y no las mirastes; menospreciastes mis
consejos, y todas mis promesas y amenazas. Pues decid agora vosotros,
ángeles; juzgad vosotros, jueces entre mí y mi viña: ¿qué más debí yo
hacer por ella de lo que hice?
Pues ¿qué responderán aquí los malos, los burladores de las cosas
divinas, los mofadores de la virtud, los menospreciadores de la
simplicidad?...
Meditación para el sábado por la mañana. Descendimiento de Cristo
y llanto de la Virgen.
Pues cuando la Virgen lo tuvo en sus brazos, ¿qué lengua podrá
explicar lo que sintió? ¡Oh ángeles de paz, llorad con esta sagrada
Virgen, llorad cielos, llorad estrellas del cielo; y todas las
criaturas del mundo acompañad el llanto de María! Abrázase la madre
con el cuerpo despedazado; apriétalo fuertemente en sus pechos (para
esto sólo le quedaban fuerzas), mete su cara entre las espinas de
la sagrada cabeza, júntase rostro con rostro; tíñese la cara de la
Madre con la sangre del Hijo, y riégase la del Hijo con las lágrimas
de la Madre. ¡Oh dulce Madre! ¿es ese por ventura vuestro dulcísimo
Hijo? ¿Es ese el que concebistes con tanta gloria y paristes con
tanta alegría? Pues ¿qué se hicieron vuestros gozos pasados? ¿Dónde
se fueron vuestras alegrías antiguas?[287] ¿Dónde está aquel espejo
de hermosura en quien vos os mirábades?[288] Ya no os aprovecha
mirarle a la cara; porque sus ojos han perdido la luz. Ya no os
aprovecha darle voces y hablarle; porque sus orejas han perdido el
oir. Ya no se menea la lengua que hablaba las maravillas del cielo.
Ya están quebrados los ojos que con su vista alegraban al mundo.
¿Cómo no habláis agora, Reina del cielo? ¿Cómo han atado los dolores
vuestra lengua? La lengua estaba enmudecida; mas el corazón allá
dentro hablaría con entrañable dolor al Hijo dulcísimo, y le diría:
¡Oh vida muerta! ¡Oh lumbre escurescida! ¡Oh hermosura afeada! ¿Y
qué manos han sido aquellas que tal han parado[289] vuestra divina
figura? ¿Qué corona es ésta que mis manos hallan en vuestra cabeza?
¿Qué herida es ésta que veo en vuestro costado? ¡Oh summo Sacerdote
del mundo! ¿qué insignias son éstas que mis ojos ven en vuestro
cuerpo? ¿Quién ha manchado el espejo y hermosura del cielo? ¿Quién
ha desfigurado la cara de todas las gracias? ¿Estos son aquellos
ojos que oscurescían al sol con su hermosura? ¿Estas son las manos
que resuscitaban a los muertos a quien tocaban? ¿Esta es la boca por
do salían los cuatro ríos del paraíso?[290] ¿Tanto han podido las
manos de los hombres contra Dios? Hijo mío, y sangre mía, ¿de dónde
se levantó a deshora esta fuerte tempestad? ¿Qué ola ha sido ésta
que así te me[291] ha llevado? Hijo mío, ¿qué haré sin ti? ¿A dónde
iré? ¿Quién me remediará? Los padres y los hermanos afligidos venían
a rogarte por sus hijos, y por sus hermanos defunctos; y tú con tu
infinita virtud y clemencia los consolabas y socorrías; mas yo que
veo muerto a mi hijo y mi padre, y mi hermano y mi Señor[292], ¿a
quién rogaré por él? ¿Quién me consolará? ¿Dónde está el buen Jesu
Nazareno, Hijo de Dios vivo, que consuela a los vivos, y da vida a
los muertos? ¿Dónde está aquel grande Profeta poderoso en obras y
palabras?
INTRODUCCIÓN AL SÍMBOLO DE LA FE
PARTE PRIMERA
Admirable providencia para la conservación de las frutas. La
granada.
Pues la hermosura de algunos árboles cuando están muy cargados de
fruta ya madura, ¿quién no la ve? ¿Qué cosa tan alegre a la vista,
como un manzano o camueso, cargadas las ramas a todas partes[293]
de manzanas, pintadas con tan diversos colores, y echando de sí un
tan suave olor? ¿Qué es ver un parral, y ver entre las hojas verdes
estar colgados tantos y tan grandes y tan hermosos racimos de uvas
de diversas castas y colores? ¿Qué son estos, sino unos como[294]
hermosos joyeles, qué penden deste árbol? Pues el artificio de
una hermosa granada ¡cuánto nos declara la hermosura y artificio
del Criador![295] El cual por ser tan artificioso no puedo dejar
de representar en este lugar. Pues primeramente Él la vistió por
de fuera con una ropa hecha a su medida, que la cerca toda, y la
defiende de la destemplanza de los soles y aires; la cual por de
fuera es algo tiesa y dura, mas por dentro más blanda, porque no
exaspere[296] el fructo que en ella se encierra que es muy tierno;
mas dentro della están repartidos y asentados los granos por tal
orden, que ningún lugar, por pequeño que sea, queda desocupado y
vacío. Está toda ella repartida en diversos cascos, y entre casco
y casco se extiende una tela más delicada que un cendal, la cual
los divide entre sí; porque como estos granos sean tan tiernos,
consérvanse mejor divididos con esta tela, que si todos estuvieran
juntos. Y allende desto, si uno destos cascos se pudre, esta tela
defiende a su vecino, para que no le alcance parte de su daño...
Cada uno destos granos tiene dentro de sí un hosecico blanco, para
que así se sustente mejor lo blando sobre lo duro, y al pie tiene
un pezoncico tan delgado como un hilo, por el cual sube la virtud y
jugo, dende lo bajo de la raíz hasta lo alto del grano; porque por
este pezoncico se ceba él, y cresce, y se mantiene, así como el niño
en las entrañas de la madre por el ombliguillo. Y todos estos granos
están asentados en una cama blanda, hecha de la misma materia de que
es lo interior de la bolsa que viste toda la granada. Y para que nada
faltase a la gracia desta fruta, remátase toda ella en lo alto con
una corona real, de donde paresce que los reyes tomaron la forma de
la suya. En lo cual paresce haber querido el Criador mostrar que era
ésta reina[297] de las frutas. A lo menos en el color de sus granos
tan vivo como el de unos corales, y en el sabor y sanidad desta fruta
ninguna le hace ventaja. Porque ella es alegre a la vista, dulce
al paladar, sabrosa a los sanos, y saludable a los enfermos, y de
cualidad que todo el año[298] se puede guardar. Pues ¿por qué los
hombres que son tan agudos en filosofar en las cosas humanas, no lo
serán en filosofar en el artificio desta fruta, y reconoscer por él
la sabiduría y providencia del que de un poco de humor de la tierra
y agua cría una cosa tan provechosa y hermosa? Mejor entendía esto la
Esposa en sus cantares, en los cuales convida al esposo al zumo de
sus granadas, y le pide que se vaya con ella al campo para ver si han
florescido las viñas y ellas.