De como la muger parlera siempre fabla de fechos agenos.
La muger ser mucho parlera, regla general es dello:[114] que non
es[115] muger que non quisiese siempre fablar e ser escuchada. E non
es de su costumbre dar logar a que otra fable delante della; e si
el dia un año durase, nunca se fartaría de fablar e non se enojaría
día nin noche. E por ende verás muchas mugeres que de tener mucha
continuaçión de fablar, quando non han con quien fablar, están
fablando consigo mesmas entre sí. Por ende verás una muger que es
usada de fablar las bocas de diez ombres atapar e vençerlas fablando
e maldiziendo. Quando razón non le vale ¡bia[116] a porfiar! e con
esto nunca los secretos de otro a otra podríe çelar. Antes te digo
que te deves guardar de aver palabras con muger que algund secreto
tuyo sepa, como del fuego: que sabe, como suso dixe, non guarda lo
que dize con ira la muger; aunque el tal secreto de muerte fuese, o
venial, o lo que más secreto le encomendares, aquello está reptando
o escarvando por lo dezir e publicar, en tanto[117] que todavia
fallarás las mugeres por reconçillos, por renconadas e apartados
diziendo, fablando de sus vezinas e de sus comadres e de sus fechos,
e mayormente de los agenos. Siempre están fablando, librando[118]
cosas agenas: aquélla cómo bive, qué tiene, cómo anda, cómo casó
e cómo la quiere su marido mal, cómo ella se lo meresçe: cómo en
la iglesia oyó dezir tal cosa; e la otra responde tal cosa; e así
pasan su tiempo dependiéndolo en locuras e cosas vanas, que aquí
espaçificarlas seríe imposible. Por ende general regla es que donde
quier que ay mugeres ay de muchas nuevas.[119]
Alléganse las benditas en un tropel, muchas matronas, otras moças
de menor e mayor hedad, e comiençan e no acaban, diziendo de fijas
agenas, de mugeres estrañas; en el invierno al fuego, en el verano
a la frescura, dos o tres horas, sin mas estar diziendo: «tal, la
muger de tal, la fija de tal, ¡a osadas, quién sé la vee?, ¿quién
non la conosce! ovejuela de Sant Blas, corderuela de Sant Antón
¡quien en ella se fiase!» etc... Responde luego la otra: «¡o bien si
lo sopiésedes, como es de mala luenga! ¡ravia Señor, allá irá! ¡por
Nuestro Señor Dios, embaçada estaríades comadre! ¡quien se la vee,
simplezilla!» etc..., todo el dia estarán detrás mal fablando.
E si quieres saber de mugeres nuevas, vete al forno, a las bodas, a
la iglesia, que allí nunca verás sinon fablar la una a la oreja de la
otra, e tomar las unas compañías con las mal querientes de las otras;
e afeitarse e arrearse a porfía, aunque sopiesen fazer malbarato de
su cuerpo por aver joyas, e ir las unas mas arreadas que las otras,
diziendo: «pues mal gozo vean de mí si el otro domingo que viene tú
me pasas el pié delante». Ayúntanse las unas loçanas de un barrio
contra las otras galanas de la otra vezindad: «Pues agora veamos a
quáles mirarán más, e quáles serán las más fabladas e presçiadas;
¿quiçá si[120] piensan que non somos para plaça?[121] ¡mejor que non
ellas! aunque les pese e mal pese, sí somos, en verdad. ¡Yuy, amiga!
¿non vedes como nos miran de desgaire? ¿Quieres que les demos una
corredura e una ladradura? Riámonos la una con la otra e fablemos
así a la oreja, mirando fazia ellas, e vereis como se correrán; o
antes que ellas se levanten pasemos aina delante dellas, porque los
que miraren a ellas, en pasando nosotras, fagan primero a nosotras
reverençia antes que non a ellas, e esta les daremos en barva aunque
les pese, quanto a lo primero.» E estas e otras infinitas cosas
largas de escrevir estudian las mugeres e urden, en tanto[122] que
nunca donde van e se ayuntan fazen sino fablar e murmurar e de agenos
fechos contractar. Do podemos dezir la muger ser muy parlera e de
secretos muy mal guardadora. Pon ende quien dellas non se fia non
sabe qué prenda tiene e quien de sus fechos se apartase e más las
olvidare, bivirá más en seguro: desto yo le aseguro.