PARTE II, CAPÍTULO XII

De como la muger parlera siempre fabla de fechos agenos.

La muger ser mucho parlera, regla general es dello:[114] que non

es[115] muger que non quisiese siempre fablar e ser escuchada. E non

es de su costumbre dar logar a que otra fable delante della; e si

el dia un año durase, nunca se fartaría de fablar e non se enojaría

día nin noche. E por ende verás muchas mugeres que de tener mucha

continuaçión de fablar, quando non han con quien fablar, están

fablando consigo mesmas entre sí. Por ende verás una muger que es

usada de fablar las bocas de diez ombres atapar e vençerlas fablando

e maldiziendo. Quando razón non le vale ¡bia[116] a porfiar! e con

esto nunca los secretos de otro a otra podríe çelar. Antes te digo

que te deves guardar de aver palabras con muger que algund secreto

tuyo sepa, como del fuego: que sabe, como suso dixe, non guarda lo

que dize con ira la muger; aunque el tal secreto de muerte fuese, o

venial, o lo que más secreto le encomendares, aquello está reptando

o escarvando por lo dezir e publicar, en tanto[117] que todavia

fallarás las mugeres por reconçillos, por renconadas e apartados

diziendo, fablando de sus vezinas e de sus comadres e de sus fechos,

e mayormente de los agenos. Siempre están fablando, librando[118]

cosas agenas: aquélla cómo bive, qué tiene, cómo anda, cómo casó

e cómo la quiere su marido mal, cómo ella se lo meresçe: cómo en

la iglesia oyó dezir tal cosa; e la otra responde tal cosa; e así

pasan su tiempo dependiéndolo en locuras e cosas vanas, que aquí

espaçificarlas seríe imposible. Por ende general regla es que donde

quier que ay mugeres ay de muchas nuevas.[119]

Alléganse las benditas en un tropel, muchas matronas, otras moças

de menor e mayor hedad, e comiençan e no acaban, diziendo de fijas

agenas, de mugeres estrañas; en el invierno al fuego, en el verano

a la frescura, dos o tres horas, sin mas estar diziendo: «tal, la

muger de tal, la fija de tal, ¡a osadas, quién sé la vee?, ¿quién

non la conosce! ovejuela de Sant Blas, corderuela de Sant Antón

¡quien en ella se fiase!» etc... Responde luego la otra: «¡o bien si

lo sopiésedes, como es de mala luenga! ¡ravia Señor, allá irá! ¡por

Nuestro Señor Dios, embaçada estaríades comadre! ¡quien se la vee,

simplezilla!» etc..., todo el dia estarán detrás mal fablando.

E si quieres saber de mugeres nuevas, vete al forno, a las bodas, a

la iglesia, que allí nunca verás sinon fablar la una a la oreja de la

otra, e tomar las unas compañías con las mal querientes de las otras;

e afeitarse e arrearse a porfía, aunque sopiesen fazer malbarato de

su cuerpo por aver joyas, e ir las unas mas arreadas que las otras,

diziendo: «pues mal gozo vean de mí si el otro domingo que viene tú

me pasas el pié delante». Ayúntanse las unas loçanas de un barrio

contra las otras galanas de la otra vezindad: «Pues agora veamos a

quáles mirarán más, e quáles serán las más fabladas e presçiadas;

¿quiçá si[120] piensan que non somos para plaça?[121] ¡mejor que non

ellas! aunque les pese e mal pese, sí somos, en verdad. ¡Yuy, amiga!

¿non vedes como nos miran de desgaire? ¿Quieres que les demos una

corredura e una ladradura? Riámonos la una con la otra e fablemos

así a la oreja, mirando fazia ellas, e vereis como se correrán; o

antes que ellas se levanten pasemos aina delante dellas, porque los

que miraren a ellas, en pasando nosotras, fagan primero a nosotras

reverençia antes que non a ellas, e esta les daremos en barva aunque

les pese, quanto a lo primero.» E estas e otras infinitas cosas

largas de escrevir estudian las mugeres e urden, en tanto[122] que

nunca donde van e se ayuntan fazen sino fablar e murmurar e de agenos

fechos contractar. Do podemos dezir la muger ser muy parlera e de

secretos muy mal guardadora. Pon ende quien dellas non se fia non

sabe qué prenda tiene e quien de sus fechos se apartase e más las

olvidare, bivirá más en seguro: desto yo le aseguro.

Antología de prosistas castellanos · 第 18 / 79 题