I.

Pongamos ante los ojos de nuestras jóvenes lectoras áun otro bello y

elocuente ejemplo del amor filial.

El Príncipe Cárlos Estuardo fué, no sólo uno de los hombres más

desgraciados del mundo, sino tambien uno de los mayores libertinos que

el mundo ha conocido.

En sus excesos no habia ni nobleza ni decoro, y los cometia del mismo

modo que el último lacayo de su casa: si es verdad que en el

libertinaje hay sus grados, el Príncipe Estuardo habia ya descendido

hasta la última escala.

Pretendiente á la corona del Reino-Unido, como hijo de la casa de los

Estuardos, anduvo muchos años errante por países extranjeros, y

buscando partidarios que no hallaba; durante su larga y amarga

peregrinacion tuvo una hija que recogió, hizo bautizar con el nombre de

_Carlota_, y depositó para que se educase en el convento de

benedictinas de Meaux.

Algunos años más tarde, el Príncipe casó con la jóven, bella y

encantadora Luisa Stolberg, hija del Príncipe de este nombre; pero la

más completa oposicion de gustos y de caractéres desunió este

matrimonio, y Luisa, despues de muchas escenas violentas, fué sacada de

la casa conyugal por el severo Cardenal de V...., hermano mayor de su

esposo, y depositada en un convento de órden del Papa.

La sentencia de divorcio se presentó al instante, y el matrimonio quedó

disuelto.

Pasaron aún muchos años: las desgracias siguieron agobiando á Cárlos

Estuardo: amargado, desesperando de todo, sin saber á quién volver sus

tristes ojos, tuvo un dia un pensamiento salvador; pensó en su hija y

la llamó junto á él.

Carlota corrió al lado de aquel padre á quien no conocia, pero de quien

se decia que era desgraciado; era una hermosa niña, que áun no habia

cumplido veinte años, y cuyos largos cabellos rubios guarnecian un

rostro angelical.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 268 / 399 题