III.

No espereis, mis amables lectoras, á las ocasiones solemnes para probar

á vuestros padres vuestro amor y respeto, porque éstas se presentan

raras veces, y más de una existencia se pasa sin haber podido dar

pruebas de abnegacion, á no ser en las _pequeñas cosas_ de cada dia: no

dejeis pasar esas ocasiones, y pagad vuestra deuda filial en pequeña

moneda, por decirlo así, ya que no os sea dado hacerlo en grandes

sumas, pues, si no, correis peligro de morir insolventes.

Á todas horas y de todos modos podeis dar á vuestros padres testimonios

de afecto; la dulzura en el lenguaje, las atenciones en la mesa, en la

calle y dentro de casa, son otros tantos homenajes que les debeis, y de

los que no podeis excusaros sin falta notoria de respeto y cariño.

No es de buen gusto la familiaridad chocante que algunas jóvenes

ostentan con sus madres: nosotros no aceptamos la familiaridad y

desatenta llaneza, ni áun en la amistad más íntima, ni áun en el amor,

ni áun en el matrimonio; la cortesía, los modales afectuosos y dulces

son el mejor sosten de los afectos, áun de los más santos y legítimos;

y muchas veces nos ha lastimado profundamente el ver confundir el

cariño con la desatencion, que está muy cerca de la insolencia; hemos

visto hijos que se presentaban ante sus padres mal vestidos y con un

desaliño que se hubieran avergonzado de mostrar ante la persona más

indiferente: los hemos visto tomar posturas contrarias á la buena

educacion, cantar, responder con negligencia y aspereza, murmurar del

mandato maternal ó paterno y obrar en la mesa como si estuviesen, no

con sus iguales, sino con sus inferiores, sirviéndose, comiendo y

levantándose con la más extraña libertad.

¿Por qué no se han de guardar con los autores de nuestros dias todas

las atenciones que la educacion ordena y el decoro manda con los

extraños? ¿Por qué una jóven no ha de ser con sus padres lo que es para

todos los demas?

Imposible le sería estimar quien estas líneas escribe, á una jóven que

respondiese duramente á su madre, aunque ésta adoleciese de los más

graves defectos; imposible concederle el más pequeño lugar en su

corazon, aunque por otro lado aquella hija estuviera adornada de las

más relevantes y bellas cualidades, porque nada se puede esperar de

quien no guarda en el alma como una flor inmaculada y pura, el tierno

sentimiento del amor filial.

Jóvenes que áun vivís bajo el ala dulce del amor materno y paternal, á

vosotras os toca ser la alegría del hogar y el consuelo de vuestros

padres: dejad á vuestros hermanos seguir á cada uno el camino que la

suerte le destine: vosotras sois los ángeles custodios de la casa, y

las que debeis rodear á vuestros padres de cuidados y de alegría:

vosotras las que debeis evitarles las penas y las fatigas, y las que

debeis condenaros hasta á un asiduo y penoso trabajo, si es preciso,

para pagarles así la inmensa deuda de gratitud que contraeis al nacer.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 265 / 399 题