Los dos ejemplos que dejamos expuestos en nuestros anteriores artículos
prueban hasta dónde puede llegar la ternura filial en nuestro sexo.
El uno está rodeado de la aureola del heroismo: el otro, de la suave y
dulce luz de las virtudes privadas; pero uno y otro demuestran que todo
debe posponerse á la gratitud y al amor que debemos á nuestros padres.
Se han visto malos hijos; pero de hijas malas y desnaturalizadas
presenta la historia muy raros ejemplos.
Y esto no es extraño á nuestro parecer; la condicion de la mujer,
blanda é impresionable, la inclina á venerar el ejemplo de su madre y á
seguirle religiosamente; en tanto que los hijos abandonan el hogar y
llevan léjos de él sus pasiones, sus penas y sus alegrías: se alejan de
sus padres, y sólo en las grandes ocasiones pueden dar á éstos pruebas
de su amor.
Pero las hijas, en las que domina ante todo el sentimiento; las hijas,
que por su condicion viven y crecen al lado de los que les han dado el
sér, pueden en todas las situaciones y en todos los instantes probarles
su amor y gratitud.