I.

--¡Dadme hijos, Dios mio, ó haced que muera!

Este era el grito que Raquel elevaba al cielo cada dia: éste era el

grito de las mujeres de la nacion predestinada, donde todas aspiraban á

ser la madre del Mesías.

Este es el grito que hoy tambien se escapa del seno de muchas mujeres,

que se inclinan sobre una cuna, áun vacía.

Desde que la mujer siente un hijo en su seno, sólo anhela la venida de

este hijo; su corazon se llena de la ternura más fuerte, más pura, más

desinteresada; de la ternura que _da siempre_, y que _no recibe casi

nunca_: de una ternura que no agotan ni las fatigas, ni los

sacrificios, ni áun la ingratitud, que es algunas veces su recompensa;

de una ternura que no se asusta de las pruebas más duras y que, cuando

tiene su orígen en la sagrada fuente de la religion cristiana, _nutre_,

como dice San Agustin, _almas para el cielo_.

Séfora, madre de los Macabeos, supo exhortar á sus hijos á resistir al

tirano Antíoco, y á desafiar el horror de los tormentos, porque aquella

valerosa madre amaba á sus hijos tanto _y tan bien_, que anhelaba

conquistarles, áun á costa del martirio que su corazon sufria al verles

martirizar, la felicidad eterna.

«Esta madre era--dice la Escritura--admirable y digna de vivir en la

memoria de todos.»

Antíoco quiso conquistar por el prestigio de las riquezas y de los

honores al más jóven de los hijos, al Benjamin de esta heroica Raquel:

mas ella, inclinándose hácia el niño, le exhortó con penetrante

energía, y le rogó que fuese digno de sus hermanos y de sí mismo.

«El Rey, inflamado en cólera, fué más cruel con este niño que con sus

demas hermanos, y aquél murió confiado en el Señor: la madre sufrió la

muerte despues de todos sus hijos»[2].

[2]Libro de los Macabeos, cap. VII.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 235 / 399 题