IV.

El mundo, casi siempre justo, se ha encargado del castigo de Lady

Byron; en vez de rodear su memoria de la aureola de gloria eterna que

de justicia se debia á la madre de tan gran hombre, sólo la representa

cubierta con los negros velos del sombrío escepticismo y del helado

orgullo.

Deploremos todas las mujeres que aquella mujer ilustre, que aquella

madre, no se haya elevado sobre su pedestal de palmas y de flores;

deploremos que no adorne su frente la augusta corona del amor materno;

ciñéronla, es verdad, la de la hermosura y la del talento; pero ¿qué

valen éstas, si no sostiene los suaves y perfumados velos del amor

maternal y de la fe cristiana?

¡Nada! Todo perece en la tierra para aquella que, habiendo dado á luz

hijos, no puede esperar que se grabe en su losa funeraria:

_¡Aquí reposa una buena madre!_

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 232 / 399 题