III.

¡Cuán sublime es la mision de la madre!

Ella es la que lleva el peso de todos los cuidados de la casa; ella la

que medita, la que se desvela para que cada uno de sus hijos halle el

bienestar, segun su carácter y sus aspiraciones.

Aunque se halle dotada del organismo más exquisito y más poético, toma

para sí las mil pequeñeces materiales que fatigan su espíritu, y que la

hacen vegetar en las heladas regiones del positivismo; y como descanso

de sus contínuas fatigas se refugia en la religion, para orar, ántes

que por ella, por sus hijos, que son la parte más querida de sí misma.

No es al padre á quien se confian los sueños dolorosos, que á veces nos

asombran, las ilusiones de un amor naciente, y las aspiraciones de

gloria, que al dar los primeros pasos en la senda de la juventud, se

agitan en nuestro cerebro; ¡es á la madre! porque la madre, áun más que

aconsejar, adivina, consuela, comparte nuestras esperanzas y llora

nuestras decepciones.

Si por acaso la inteligencia de la madre no está al nivel de la de su

hijo, siempre hay en ella bastante abnegacion para comprenderlo así, y

siempre halla recursos en su imaginacion para analizar y dirigir el

pensamiento de su hijo.

Y si la madre posee elevado talento, ¡cuánto más grande es su

sacrificio!

Á la vez que madre es mujer, es decir, un sér sujeto á sueños é

ilusiones; un sér apasionado, sobre el cual ejercen una poderosa

influencia los objetos exteriores, y que por lo mismo experimenta

muchas veces una vaga tristeza, y cede con frecuencia á un profundo

desaliento, que disimula heroicamente para animar y consolar á sus

hijos.

¡Cuántas veces la madre tiene que combatir con su esposo, empeñado en

contrariar la vocacion de su hijo acerca de la carrera que ha de

seguir, ó la inclinacion amorosa de una hija!

¡Cómo suplica entónces!

¡Cómo emplea la doble elocuencia de su corazon y de su talento!

¡Qué inagotable es el manantial de su llanto!

¡Qué irresistibles argumentos halla!

¡Feliz aquel que ha hallado una madre inteligente y tierna apoyada en

su cuna!

¡Feliz quien se apoya en este amor, el más santo, el más sublime de

todos!

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 221 / 399 题