L. V.

Existe entre estos tres sentimientos una diferencia muy notable. El

orgullo bien entendido y sentido--porque es un sentimiento más ó ménos

vehemente--con moderacion, es siempre laudable y conveniente. En este

caso los nombres _orgullo_, _dignidad_, son sinónimos.

El orgullo es muchas veces el defensor de la virtud de la mujer, áun

cuando ésta se halle combatida por una de esas pasiones terribles y

exclusivas, que se ven algunas veces en la vida; y de más de una

pudiera asegurarse que, encontrándose aislada en medio del mundo, sin

padres, esposo, familia ni autoridad alguna que pudiese contenerla y

pedirle cuenta de sus acciones, ha encontrado la salvacion de su honor

en el sentimiento fuerte y noble de su orgullo.

Nadie ha presentado el orgullo bajo formas más poéticas y bellas, y al

mismo tiempo más verdaderas, que Eugenio Sué, en la lindísima novela

que lleva por título _La Duquesa_, y que está basada en el primero de

los pecados capitales. La hermosa y casta Herminia, aquella jóven de

diez y ocho años, por cuya alma purísima no han resbalado nunca más que

nobles y virtuosos pensamientos, es la personificacion de la dignidad

de la mujer, ó por mejor decir, de su bien entendido orgullo; porque

este orgullo le hace sobrellevar la miseria y las privaciones con

paciencia, y hasta con alegría. Este orgullo hace frente á todas las

asechanzas de un hombre pervertido, que desea seducirla. Este orgullo

le hace respetar el secreto de su madre, consintiendo en aparentar que

ignora á quién debe la vida. Y este orgullo, en fin, le hace guardar su

lugar tan admirablemente, que la altanera Duquesa de Sennéterre, una de

las damas de la más antigua nobleza francesa, tiene que ir á su casa á

pedirle que consienta en casarse con su hijo, el heredero de todos sus

títulos y blasones.

Al que haya leido esta lindísima novela nada puedo decirle ya en elogio

del orgullo. En ella, como dije ántes, está poetizado y embellecido de

un modo tan sublime y con tal fundamento, que necesariamente debe

convencerle de que es útil y hasta necesario. Casi pudiera decirse que

el orgullo es el padre de la gentil y graciosa coquetería; porque una

mujer orgullosa es aseada, ya que no puede ser elegante, y el aseo es

el lujo y la coquetería de los pobres.

Una mujer digna lleva, con una elegancia sin igual, un vestido blanco,

cuyo coste no pase de ochenta reales, y muy económico ademas, porque

cada vez que se lava queda nuevo y fresco, y quizás desluce con él á

otras que ostentan trajes de muy subido precio.

Una mujer digna y orgullosa, en la buena acepcion de esta palabra,

recibe, sin cortarse, en su modesta vivienda la visita más encumbrada.

No descubre en su frente esa culpable vergüenza de _no ser rica_, que

atormenta á tantas otras; hace con perfecto desembarazo los honores de

su casa, porque su orgullo, tan exigente, por lo ménos, como la más

delicada conciencia, le grita sin cesar al oido:

«_Tú eres noble, estimable y rica, porque eres buena._»

Ademas, la mujer que posee aquel sentimiento, escucha con altivo y

generoso desden todo aquello que puede ofenderla, por más que á sus

solas pague un justo tributo al dolor que las injusticias del mundo le

ocasionan.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 211 / 399 题